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Fuun flotaba frente a Vegeta, con el cabello elevado por la energía oscura que la rodeaba. Su respiración era agitada, sus ojos brillaban de un blanco antinatural, y el aura que la envolvía parecía devorar el aire a su alrededor.

Vegeta se reincorporó lentamente, con el rostro ensangrentado y el ceño fruncido. Sus músculos estaban tensos, listos para el contraataque, pero en el fondo algo le impedía darlo todo.

—No puedo pelear contra ti como si fueras un enemigo cualquiera... —susurró, jadeando—. Pero no me dejarás otra opción si sigues avanzando.

Fuun sonrió con malicia. Su voz era la de siempre... y no lo era.

—Entonces muere, padre.

Se lanzó con velocidad devastadora. En menos de un segundo, apareció detrás de Vegeta y le dio una fuerte patada en el costado, haciéndolo estrellarse contra el suelo. El impacto levantó una columna de polvo que sacudió a los demás observadores.

—¡Vegeta! —gritó Goku desde la distancia.

Pero Vegeta ya se levantaba de nuevo, cubierto de tierra y con el aura azul del Super Saiyan Blue elevándose en torno a su cuerpo.

—No voy a rendirme. Ni hoy ni nunca.

Fuun descendió lentamente, con una sonrisa torcida. Se acercó caminando, cada paso irradiando poder.

Pero en su interior... el conflicto era total.

Dentro de la mente de Fuun/____:

Oscuridad.

El lugar era como un abismo sin fin. Un campo vacío donde sólo existía el eco de voces distorsionadas. Gritos. Órdenes. Recuerdos manipulados.

Y ahí estaba ella.

Sentada, con las rodillas contra el pecho. El rostro sucio, los ojos llenos de miedo.

—¿Por qué no puedo despertar...? —susurró ____—. ¿Dónde estoy...?

—Tú no deberías existir... —Una figura caminó hacia ella. Era idéntica, pero con el rostro cubierto por una máscara oscura y los ojos encendidos por una luz demoníaca.— No debiste sobrevivir a mí.

—¿Tú eres...?

—Fuun. —dijo la otra sin titubeo—. La verdadera tú. La que fue moldeada por el dolor. La que sobrevivió cuando tú llorabas.

—No... tú no eres yo..

—Soy un ser superior que se apoderó de tu cuerpo, que encarnó en este lugar. Tú no me creaste. Cuando rogabas por ayuda y nadie vino, estaba yo. Cuando gritabas noche tras noche esperando que tu padre te salvara... y no lo hizo. Yo fui la que se levantó.

—No es verdad. Papá...

—Te olvidó. —interrumpió Fuun, con un susurro venenoso—. Te enterró antes de tiempo. Pero yo me aseguré de que vivieras. No te voy a matar pero ahora soy quien manda. Tú sólo eres una sombra débil, rota.

—¡NO! —gritó ____ poniéndose de pie—. ¡Yo soy la original!¡Este es mi cuerpo!

De vuelta al campo de batalla:

Vegeta se limpió la sangre de la boca. Observó cómo el ki de su hija se retorcía, oscilando entre la oscuridad y destellos de luz.

—¡Lucha, ______! —gritó—. ¡Sé que estás ahí dentro! ¡No dejes que esa cosa te controle!

Fuun se detuvo en seco. Tembló. Por un instante, su aura se debilitó.

—No... no me llames así...

Vegeta lo notó. Era la oportunidad.

Se lanzó al ataque, pero no con intención de matar. Golpeó con precisión, controlando su fuerza, apuntando a los puntos de presión para agotar su ki sin lastimarla de forma mortal.

Fuun se defendía con brutalidad, pero su estilo comenzaba a desordenarse, como si dudara de cada movimiento.

En un momento clave, Vegeta la empujó contra una roca y la sostuvo por los brazos.

—¡Mírame, ______! ¡Soy tu padre! ¡Tú no eres una asesina!

Fuun gritó con fuerza, una onda de energía empujó a Vegeta hacia atrás.

Sus ojos comenzaron a cambiar. El blanco total fue manchado por iris celestes... por lágrimas.

—Pa... —murmuró— Papá...

Y cayó de rodillas.

Pero antes de que cualquiera pudiera moverse, el báculo de Towa brilló en la distancia.

Gemelos | 5Donde viven las historias. Descúbrelo ahora