sucesos repentinos

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Goku dormía plácidamente sobre su cama, pero en ese mismo instante un ruido incesante le comenzó a taladrar los oídos, esto aunado a un extraño y delicioso aroma que hacia momentos le empezó a llegar a su nariz. -*snif*- se escuchaba olfatear al Saiyajin mientras lentamente despertaba.

-¡AAAH!- dio un gran bostezo a la vez que con sus manos se frotaba sus ojos para despejarse el sueño. -Que delicioso huele- decía el Son mayor parándose de golpe de la cama, era tarde ya, tal vez las diez u once de la mañana, el muy impaciente había entrenado toda la noche anterior por lo que se había acostado ya muy tarde, solo recordaba que había entrado a su casa sin siquiera molestarse en cerrar la puerta con seguro, se quito de forma desordenada sus zapatos para después dejarse caer como costal de papas sobre la cama quedando dormido por el cansancio, eso era lo que al menos el recordaba.

-¿Quien cocina?- se pregunto Goku aun somnoliento, sencillamente olía delicioso, rascándose la cabeza con un gesto de flojera en su rostro salía de su habitación, solo para ver como varias sombras se podían ver en la cocina, sin tomar mucha atención camino con sus pies descalzos hasta llegar a esta solo para encontrarse una gran y sedosa melena roja y otra azulada junto a dos cuerpos femeninos muy bien dotados, eran Kushina y Mikoto que le estaban preparando el desayuno, el Saiyajin no entendía como las dos habían entrado a su casa y fue cuando volvió a recordar que no había asegurado la puerta de la casa cuando entro durante la madrugada.

-¡Buenos días, Goku-kun!- Kushina fue la primera en saludar al recién levantado Son.

Mikoto estaba ocupada mientras picaba verdura y especias, solo voltio a ver a Goku sonriéndole cosa que este también hizo. -Buenos días, Kushina-chan, Mikoto-chan-

-Disculpa que hayamos entrado sin permiso, pero es que cuando llegamos no salías y la puerta estaba abierta- Kushina se disculpaba caminando hacia Goku que ya se estaba recomponiendo de su somnolencia.

-No importa Kushina-chan- decía el Son quitando importancia a las palabras de la pelirroja, esta solo sonrió ante el gesto de confianza del hombre azabache.

-Goku-kun, siéntate la comida ya casi esta lista- Mikoto decía mientras serbia en un plato hondo un puñado de fideos ramen, ante esto Goku se paso la lengua por sus labios, Kushina al verle hacer esto se sonrojo recordando de forma casi instantánea los besos que le había dado el día anterior, le había fascinado la forma de besar del Saiyajin aun que este nunca lo hubiera hecho con su difunta esposa.

-¿Eh…?- Goku miro el rubor en el rostro de la Uzumaki por lo que se acerco y le toco la frente con una de sus manos, aumentando el sonrojo de la mujer. -¿Estas enferma, Kushina-chan? Tienes la cara roja- Goku preguntaba de forma ingenua e inocente a Kushina que se había quedado quieta ante la acción de su a hora novio, como así decirlo.

-¡No!- se apresuro a decir la Uzumaki mayor retirando la mano Goku confundiendo a este aun más.

Ante esto Mikoto no pudo evitar no reír. -jejejeje- se escucho a la Uchiha mirando la escena, la mujer de ojos negros sabía muy bien que su amiga aun no se sentía tan cómoda al expresar sus sentimientos por lo que le era fácil caer en la vergüenza al tener a Goku tan cerca.

-¿Qué pasa? ¿Hice algo malo?- Goku preguntaba rascando su nuca sin entender la actitud de las dos mujeres.

-No pasa nada Goku-kun, así somos las mujeres enamoradas- Mikoto respondía mirando a Kushina que se había alejado de Goku, esta se había acercado a una cacerola que contenía comida simulando que estaba distraída preparándola, cosa muy evidente para la otra mujer, pero para Goku no.

El Nuevo Clan Son Historias para obsesionarse. Descúbrelo ahora