Me tranquilizaba la manera en la que hablaba el doctor Evans. Era un hombre de mediana edad, de pelo oscuro y ojos tan grises como las paredes de su consulta, pero su voz era inusitadamente calmada. Te analizaba por dentro y se metía en tu mente con solo hablarte, y te sedaba para que no te resistieras. Al menos así lo sentía yo. Ya en casa, a la hora de comer mientras estábamos todos sentados a la mesa, yo rumiaba y recordaba sus palabras:
-El estrés postraumático afecta de diferente manera según la persona, Kayla, no es improbable que sigas teniendo pesadillas pero es un tema en consideración. Háblame de tu mal presentimiento-me había dicho, al comenzar.
-No sé cuándo empezó, quizás esta última semana, pero va en aumento. Es como si Matt se estuviera revolviendo en su tumba y tratando de decirme algo-me estremecí con un escalofrío solo de pensarlo.
-¿Crees que puede tener algo que ver con la presión que se te está imponiendo ahora con encontrar pareja?-me interrogó él.
-¿Qué puede tener eso que ver?
-En situaciones de estrés límite la mente puede llegar a desenterrar cosas que deberían permanecer atrás, para distorsionar la realidad y alejarse de la fuente que provoca los altos niveles de nerviosismo.
-Eso es ridículo. Mi organismo debería ser más listo; me está devolviendo situaciones con más estrés todavía-resoplé, jugueteando con las manos, incapaz de quedarme totalmente quieta.
-La mente es impredecible, cuando se da cuenta de que ha causado más daño ya es demasiado tarde. Pero para eso estoy yo-sonrió, echándose hacia atrás en su silla.
Como estaba castigada, lo único que hice aquella tarde fue meditar la propuesta de Evans. Me había sugerido volver al lugar donde Matt fue hallado muerto, lugar que había evitado todo ese tiempo, y ponerme en paz conmigo misma. Quizás rezar un par de oraciones a la Diosa, si lo necesitaba, pero tenía que cerrar el círculo vicioso de dolor y resentimiento.
-A veces, la mejor manera de superar el dolor es enfrentarlo cara a cara-me había aconsejado él, con su penetrante mirada clavada en la mía, en la consulta.
No me había dicho cuándo debía hacerlo, eso era decisión mía, por lo que sopesé el asunto con calma las horas siguientes mientras veía la televisión y me entretenía dibujando como podía. Mis padres decidieron dejarme mi espacio, además de que cada uno tenía que trabajar y hacer sus cosas, por lo que si hubiera querido salir de la casa podría haberlo hecho. No se hubieran enterado.
Pero sabía las consecuencias que habría cuando volviera, así que acepté mi libertad condicional con pesar. Había avisado a Hunter de que estaba castigada y no podría salir, a lo que él había contestado con incredulidad que era ridículo y también que lo sentía mucho por ser el causante. Añadió, incluso, que me recompensaría y me devolvería aquel día perdido.
No pude hacer más que reír en aquel momento. Se ofreció a hablar por teléfono toda la tarde, ya que no podríamos vernos, pero decliné la oferta y alegué que no me encontraba muy bien. Y era cierto, no tenía ganas de hablar con nadie y tampoco de hacer nada, y ya no era únicamente por la cuestión de Matt, sino porque tenía que pensar meticulosamente lo que iba a hacer los próximos días.
Por lo que sabía, Hunter no se estaba viendo con nadie más; me quería a mí, quería ascender a Alfa y que yo fuera su Luna. ¿Pero quería yo lo mismo? ¿Podría aguantar en el liderazgo de una manada, en frente de las cámaras y ser el blanco de todas las miradas? Yo no era como Chloe, no me gustaba ser el centro de atención, pero por otra parte... Había tantas cosas que debían cambiar... Y siendo Alfa podría lograrlo.
Como ya me había dicho Hunter el día anterior, muchas mujeres me seguirían, apoyarían los cambios que pretendía hacer, que fomentaran la igualdad. Pero habría otros muchos que no aceptarían que rompiera las antiguas tradiciones de la manada y harían lo posible por eliminarme de la élite.
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Phoenix
WilkołakiLa Semana de la Hoguera. Así llaman los licántropos al corto período de tiempo que tienen para encontrar pareja. Kayla "Phoenix" McAllister nunca pensó que encontraría a su pareja eterna en una pista de baile. Tampoco sabía que había un chico capaz...
