Dos meses después...
-¿Estás ya?
-Estoy llegando, espérame junto a la entrada.
Colgué el teléfono y miré hacia delante, caminando hacia el instituto, donde había estado estudiando toda mi vida. Este sería mi último año y, como siempre, estaba nerviosa, aunque no sabía exactamente por qué. Una sonrisa se dibujó en mi rostro cuando vi un mensaje entrante en el móvil de Hunter, que me deseaba suerte en mi primer día.
El verano, desgraciadamente, había acabado, pero había sido uno de los mejores, por no decir el mejor, de toda mi vida. Haber aceptado a Hunter fue la mejor decisión que pude haber tomado, llevábamos saliendo desde entonces y, aunque nos veíamos poco porque vivíamos en manadas diferentes, cada vez que le veía mi corazón tenía más claro que se estaba enamorando de él.
Justo cuando estaba recordando las vacaciones que llegaban a su fin, atisbé a Evelyn donde le dije que me esperara. Resultó que iba a mi mismo instituto, pero no la había visto porque en nuestro curso éramos muchas clases. Quizás habríamos coincidido alguna vez, pero no lo recordaba.
Cuando miró en mi dirección, alcé una mano sobre mi cabeza para que me viera, y la chica me respondió con una sonrisa.
-Buenos días, Eve-le saludé, abrazándola. Escuché un crujido, probablemente sus costillas o sus vértebras, cuando apreté mis brazos en torno a ella, y Evelyn se quejó e intentó apartarse.
-Eres una bruta-me reprendió, moviendo el torso para que sus huesos volvieran a su posición original.
-Lo sé.
Mientras caminábamos hacia la puerta principal, ella me dijo:
-¿Cómo llevas el estómago?
-Revuelto, ya me conoces. Se me pasará, supongo.
Anduvimos con parsimonia por los pasillos, hacia el tablero que indicaba en qué grupo estaba cada uno y a qué aula debería ir, aunque tuvimos que esperar tras la larga fila de cabezas que intentaban alzarse por encima de los demás para encontrar sus nombres. Cuando por fin pudimos ver el papel, comprobamos con un suspiro de alivio que nos había tocado en la misma clase.
-Gracias a la Diosa, no habría soportado otro año con los idiotas de la mía-agradeció Eve.
-Ahora tendrás que soportar otro con esta idiota-respondí, señalándome a mí.
Mi risa se vio interrumpida cuando me percaté de que el nombre de Chloe estaba en el mismo grupo que el mío. Solo por curiosidad, busqué el de Ethan y maldije cuando también lo encontré.
-No podía tener tanta suerte-mascullé.
Evelyn y yo nos apresuramos en ir hacia la clase para coger los mejores sitios. En los últimos dos meses, se había convertido en mi mejor amiga, la chica a la que podía contar todas mis desgracias y mis logros, más simpática y divertida de lo que había sido nunca Chloe. Después de todo, era más parecida a mí de lo que creía, y eso había resultado una ventaja para nuestra amistad. Nos habíamos visto muchas veces en verano, y no pretendía que dejáramos de hacerlo en lo que me quedaba de tiempo en Sharp Tusk.
Para cuando entramos en el aula, la mitad de la gente ya estaba sentada, pero fruncí los labios en una mueca cuando vi que una de esas personas era Chloe. No había tenido ninguna clase de contacto con ella desde la Semana de la Hoguera, cuando la vi sentada tres filas por detrás de donde estaba yo. No se había levantado entonces, por lo que no tenía compañero eterno, al parecer.
Algo que me preocupó de verdad fue que, al entrar en contacto su mirada con la mía, vi que no me miraba con asco, sino que estaba asustada. Incluso pálida. Fruncí el ceño con confusión, pensando que era yo la causante, pero entendí que no lo era cuando se acercó a mí, me cogió del brazo y me dijo:
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Phoenix
Hombres LoboLa Semana de la Hoguera. Así llaman los licántropos al corto período de tiempo que tienen para encontrar pareja. Kayla "Phoenix" McAllister nunca pensó que encontraría a su pareja eterna en una pista de baile. Tampoco sabía que había un chico capaz...
