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C.08: "Sabes"

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EMMA
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Luego de esa extraña situación en la que nos encontramos hace unas 6 o 7 horas, Jesús no me dirigió palabra aunque yo tampoco me he esforzado en hacerlo, cada vez que nos cruzamos por los pasillos o nos miramos ambos nos sonrojamos y apartamos la mirada.

Mi padre no se lo ha tomado mal, solamente lo he visto nervioso, y lo entiendo, yo estaría igual.

Decidí ir a otro lugar de la casa, uno en el que no me pueda encontrar con Jesús. Sé que es inútil ignorar lo que pasó y más inútil ignorarlo a él. Supongo que en algún momento tendremos que hablar de ello y aclarar algunas cosas. Pero ese momento no es hoy.

Decidí irme a una habitación abandonada de la casa. Donde sólo vengo cuando estoy deprimida o pensativa como ahora, estoy mirando a través de un ventanal de la habitación como el sol ilumina el gran jardín y se refleja en un pequeño lago que hay allí y en las flores de colores llamativos que hay a su alrededor.

Me pongo a pensar en lo que ha pasado desde que conocí a Jesús y me sorprendo a mi misma.

Empiezo a recordar como si hubieran pasado meses o incluso años desde la primera vez que nuestras miradas se conectaron, cuando en realidad solo han pasado tres semanas.

Recuerdo desde el primero hasta el último momento en el que me sonrojé frente a él, cuando besó el dorso de mi mano en la cena de bienvenida, hasta el último roce que tuvimos en mi habitación.

Por si se lo preguntan, ya han arreglado la perilla, no sé si me alegra o me desagrada ya que no se volverá a repetir ese momento con Jesús.

Mientras pienso escucho como la puerta se abre y me sorprendo ya que nadie conoce este lugar, seguramente sea Lucy o algún ama de llaves o la chica de la limpieza.

Me doy media vuelta para toparme con la mirada de un chico de pelo y ojos color café, su mandíbula marcada y un cuerpo trabajado.

-Jesús... -abro los ojos sorprendida- Q-qué haces aquí? -me ruborizo.

-Sabes que evitándome no lograrás nada, verdad? -levanta una ceja y se apoya en el marco de la puerta con los brazos cruzados.

-Pfff -muevo mi mano frunciendo el ceño- Yo? Evitandote? -él asiente y yo río nerviosa- Yo no te estaba evitando.

-Ah no? -Yo niego- Ah pues mira, yo soy calvo -ríe y rueda los ojos- creo que tenemos que hablar, Emma.

-Hablar? De qué? -él simplemente se acerca a mí con pasos decididos logrando que me sienta pequeña.

-Créeme, tenemos que hablar sobre muchas cosas -él se para frente a mí dejando unos pocos centímetros entre nosotros.

-Está bien, pero hoy no, por favor.

-Solo si dejas de ignorarme -acaricia mi mejilla con su pulgar y me mira directo a los ojos. Yo solamente asiento algo tonta mirando los suyos.

Él recorre la habitación con la mirada hasta pararse en el gran piano que hay en una punta.

Dirige nuevamente la mirada hacia mis ojos pero esta vez con una sonrisa.

Toma mis manos y camina hacia atrás hasta llegar al piano, me obliga a sentarme en el banquillo y él se sienta a mi lado. Lo acaricia con la punta de sus dedos y lo abre, haciendo que un poco de polvo salga de adentro.

Él sonríe y yo lo miro, toca una tecla con mucha delicadeza y hace así con unas cuantas más formando una melodía relajante que retumba por toda la habitación. El toca una última tecla y me mira, pero no me dice nada.

-Sabes tocar? -le pregunto.

-Si, lo hice durante un par de años, pero luego me centré más en los estudios y lo he abandonado, y tu? Sabes tocar?

-Ee... Si -me ruborizo- algo sé, sólo lo toco cuando estoy aburrida.

-Eso me basta -sonríe aún más y agarra mis manos para ponerlas sobre las teclas del piano- toca algo -Yo lo miro con una mueca en la cara- venga -alarga las vocales de la palabra haciendo un puchero, dirijo mi vista unos milisegundos y odio a Jesús por ser tan... adorable.

No querrás decir guapo?

No, adorable. Basta.

Yo asiento rendida y el sonríe mucho, dudo unos segundo por la canción que tocaré y él se acerca a mi odio, suelta un suspiro logrando que una electricidad recorra mi espina dorsal y me susurra el nombre de una canción.

"Sabes" de Reik.

Eso me pone nerviosa, no sé cómo tomarme que haya elegido esa canción para que la tocara, tal vez le guste mucho y no sea que me la dedica para mí e intenta que sea indirectamente, verdad?

Si, es eso.

Trato de ignorar esos pensamientos y me concentro en el piano, Jesús está a mi lado observándome, cosa que me pone muy nerviosa.

Mis manos se deslizan por las teclas y cierro los ojos dejándome llevar, de vez en cuando los abro para no errarle en alguna tecla o para mirar de reojo el rostro de Jesús, la mayoría de veces sorprendido.

Empiezo a susurrar la canción muy bajo con la intención de sólo escucharme yo.

Pero abro los ojos impactada al escuchar una voz dulce pero gruesa a mi lado, volteo mi rostro aún tocando y Jesús me sonríe, continúa cantando mientras me mira y ahora soy yo la que tiene cara de sorpresa.

El me hace señas para que lo acompañe cantando pero yo me niego, si he aprendido algo de Jesús es que no para hasta conseguir algo y eso está haciendo ahora.

Rendida acepto cerrando los ojos y suspirando. Empiezo a cantar con vergüenza abajo de su voz, que es mucho más fuerte que la mía y claro, muchísimo más bonita.

El me toma de una mano para que deje de tocar el piano y eso es lo que hago, centro mi vista en sus ojos y él me incita a cantar más alto, lo hago sin vergüenza, él toma mi otra mano y yo las miro, me sonrojo y él acerca su cara a la mía con una sonrisa tierna haciendo que nuestras frentes choquen.

-Sabes, te quiero confesar
Que te encuentro irresistible
No dejo de pensar que haría lo imposible
Por quedarme cerca de ti
Cuando llegaste tú te metiste en mi ser
Encendiste la luz
Me llenaste de fe
Tanto tiempo busqué
Pero al fin te encontré
Tan perfecta como te imagine...

A comparación mía, él continúa cantando, mientras yo solamente sonrío mordiendo mi labio inferior escuchandolo.

Cuando la canción termina, ninguno de los dos separamos nuestras frentes.

Una de sus manos se despega de la mía y sube con la yema de sus dedos rozando mi piel hasta llegar a mi hombro, donde despega su mano y la dirige hasta mi mentón, separa nuestras frentes tan sólo unos centímetros y acerca su cara a la mía.

Yo cierro mis ojos dejándome llevar, si fuera otra persona, no dejaría que se acercara tanto y mucho menos que tenga las intenciones que tiene Jesús.

Pero es él, me inspira confianza, sé que, si ocurre, no me arrepentiré de besarle.

Yo quiero, quiero hacerlo, no tengo idea de por qué ni en qué momento empecé a sentir la necesidad de besarlo, pero quiero hacerlo.

Qué puede salir mal? Tan sólo es un beso, verdad?

Without Lies - [ Jesús Oviedo ]Historias para obsesionarse. Descúbrelo ahora