Suspiraste pasando las puntas de tus dedos por la hoja de la naginata en tu regazo, leyendo el grabado en ella. Parecía que apenas ayer habías despedido a todo el equipo de Overwatch, como un sucio juego tu ilusión de tu mente; pero por supuesto no era real. Hacia más varios años que sucedió eso, eras completamente cuerda de ello.
Durante los años que pasaron habías visto muchas cosas, anhelado, otorgado e incluso perdido. Habías mirado partir muchos a manos de la muerte, otras veces los recibiste. Hasta una vez bendijiste la boda de dos de tus discípulos; ese fue un día muy feliz para todos. E incluso ver a la pareja hizo reavivar el recuerdo de Genji y tú durante sus días pasados en Hanamura; fue encantador.
Luego fue tu viaje a norte américa, y de todas las razones por las que una vez pudiste ir aquella fue la menos agradable; un funeral, el funeral de Gabriel Reyes. Te había tocado el alma bastante saber que todo había terminado para él y no solo por su muerte, si no, todo lo que ocurrió antes de ello; el colapso de la organización, las revueltas y la tragedia en el cuartel. ¿Pero cuántas vidas se habían perdido allí?
E irónicamente todo ello sucedió mucho después de lo ocurrido con la capitana Ana, a quien para malas noticias habían dado por muerta durante una misión; sentías la mayor pena y compresión por Pharah.
Dos funerales a los cuales debiste asistir y que te forzaste a asimilar.
Demasiadas cosas en tan solo ocho años.
Pero lo que más obtuviste en esos años fueron cartas de Genji; muchísimas de ellas, todas y cada una de ellas estaban guardadas en tu habitación en un cajón bajo llave. Derramaste una lágrima por cada una de ellas que leías durante las noches de semana, eran los días donde siempre solían llegar por las noches a manos de tus criados.
No hacía falta mencionar cuanto extrañabas su presencia a tu alrededor, no solo por cartas. Extrañabas a Genji, y demasiado.
Tus pensamientos fueron interrumpidos por el eco de la madera siendo golpeada algunas veces; dejando que la puerta se abriera dejando ver la imagen de uno de tus criados arrodillando junto a la abertura, uno de los más recientes, nieto de algunas de tus ya fallecidas criadas. Por lo general era nervioso frente a tu persona.
Se inclinó sobre su pecho para hablar; – Mi señora, perdone por interrumpirla. Pero alguien ha venido, un... Ómnico, pide asilo por esta noche.
Una sonrisa serena se posó en tu rostro mientras inclinabas tu cabeza. No te era extraño ahora dar posada por una noche a viajeros que pasaban, o incluso a algunos habitantes del pueblo que tenían problemas con su propio hogar. No te molestaba, en lo absoluto, había suficientes habitaciones sobrantes. También habían posadas exclusivas para este tipo de situaciones pero durante las épocas más recias están estaban llenas por turistas. Durante estos días no era la excepción, entraban a la época de invierno.
Moviste tu mano – Adelante, dejen que pase y atiendan lo que pida.
– Como diga usted, mi señora. Permiso.
Escuchaste como la puerta volvía a cerrarse suavemente tras su salida, volviendo tu vista hacia la hoja del arma, la cual jamás llegaste a necesitar más te aferrabas a ella. Encargándote personalmente de limpiarla y pulirla.
Luego miraste a tu muñeca izquierda, la cual era envuelta por una pulsera tejida a mano; solo ahí decidiste que habías tenido suficiente de estar entre las cuatro paredes de tu lugar. Además querías un té.
Levantándote del suelo abriste la puerta corrediza, cerrándola y empezando a caminar a paso calmado por los pasillos camino a la cocina. Donde por casualidad se hallaba Hisao, haciendo su rutinaria caminata entre las habitaciones. Te acercaste para hablar;
– Creí haber sido clara, Hisao –Dijiste, captando al instante su atención.
– Y yo ser lo suficientemente terco, señora – Su respuesta se acompañó con una inclinación – Un resfriado de invierno no es suficiente para hacer que me postre en una cama, no.
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Ojos Pardos
FanfictionSus ojos te atraparon de inmediato mientras, al mantener sus miradas conectadas, ambos caían al vacío; perdidos en los ojos del otro mientras el mundo parecía querer derrumbarse en cada ocasión sobre ustedes para aplastarlos. Genji x Reader.
