11. Fénix

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Pasaron dos semanas después de aquella discusión... Yo no les hablé más a mis padres a no ser porque estaban retrasados para llevarme al colegio o porque necesitaba dinero. Si de algo me había servido aquel ataque sorpresivo de ira, fue para darme cuenta que algo dentro de mí estaba vivo todavía.

Así fuera una pequeña chispa de furia, de lucha, de fuerza, estaba allí y podía recuperar lo que antes perdí.

Esa noche dibujé y la noche después de esa, como todas las demás hasta la fecha.

No salían dibujos bonitos como antes, pero podía concentrarme más en lo que sentía y dejaba fluir la rabia, el despecho de aquella noche a través de mis dedos. Pensaba -sumida en mi concentración- que los lápices cobraban vida sobre las hojas de block y sacaban cosas de mí que ni yo misma reconocía.

Tenía más de cuarenta dibujos feos, nefastos, perturbadores, un tanto tétricos a blanco y negro, pero era arte al fin y al cabo.

Era sábado en la tarde y mi madre limpiaba la cocina. No quería pensar en ella. La tomé como otra persona en mi vida, una persona que bien me había parido pero no me conocía lo suficiente. ¿Estaría ella en conocimiento de que todos me llamaban Tenzyn? Posiblemente no.

Necesitaba algo de arte y mi habitación lucía como una caja de cartón. Así que después de limpiar todo y bajar los cuadros comencé a pegar dibujo por dibujo de manera en que cubrieran toda la pared.

Habían muchos niñas ahogadas, islas desiertas, letras de canciones encerradas en cadáveres exquisitos, globos estallados, manos estrangulando, pies atados... pájaros sin alas.

Quedó bastante bien cuando lo vi a distancia. Bastante aterrador, pero bien. Era lo que me daba fuerza todos los días para levantarme; ver esa pequeña muestra que dentro de mí había rabia y poder que lastimaba. Saber que no era tan indefensa como un ave sin alas. 

No.Where stories live. Discover now