En la entrada, me guindé de Julio antes de que el monstruo me llevara a su habitación para interrogarme. Su padre pareció conmoverse con mi muestra de afecto, así que no me separó de su lado en todo el rato.
Mi estómago comenzó a arder más fuerte que nunca, poniendo a mi garganta en serio daño permanente si hablaba demasiado. Me doblé en una silla para contraerme entre el dolor, pero se agudizaba con rapidez.
Léo sabía mi nombre. Sabía mi nombre y sin embargo me llamó Tenzyn porque así yo lo quería. Quería contarle, pero no podía... Hoy no.
Pusieron la cena y yo me vi obligada a comer, tratando de no devolver cada bocado para calmar a mi mamá que lucía neurótica cada vez que encontrábamos nuestras miradas. El monstruo se limitaba a mirarme... sonreía de vez en cuando y yo temblaba.
Julio me ofreció un suéter con una sonrisa, yo acepté.
El dolor estaba acabando conmigo ahí mismo así que decidí ir por una pastilla.
Subí a mi habitación furtivamente y abrí el cajón de medicinas olvidado para buscar la pastilla que utilicé la última vez, la más fuerte de todas. Me costó abrir la tapa con los dedos temblorosos, así que prendí la luz del baño para poder ver mejor, ahí tomé una y me la tragué.
La etiqueta brillaba más que antes... leí bien el nombre:
Proxynoquinol oral. Solo bajo administración médica, prueba de laboratorio.
Ejemplar para uso estudiantil.
Estudiante: Aaron Torres.
Hice cuentas.
Antes de siquiera llevarlo a fondo, metí el dedo hasta mi garganta e inducí el vómito para evitar que esa pastilla llegara a mi organismo.
El vómito fue como fuego que abrasó todo a su paso y me sacó un gemido de dolor terriblemente hondo que también me hirió.
Esto no podía ser posible. Esto no podía ser posible. Esto no podía ser posible.
Salí corriendo escaleras abajo y salí por la puerta trasera, atravesé el jardín, corriendo a todo lo que me daban las piernas hasta la calle.
Léo me vio y corrió también detrás de mí, me llamaba por los dos nombres, pero yo seguía escapando hacia el espacio vacío de construcción a unas parcelas más allá de nuestra casa... luego vendría la calle, luego los autos. Nadie podía detenerme... Volaba sobre el asfalto mientras las endorfinas dormían a mi cuerpo que, vacilante ante tanto jadeo, a veces se tropezaba pero seguía mis instrucciones de correr.
Llegué al lote vacío y los fuegos artificiales comenzaron a explotar sobre mi cabeza. Había acabado el año, se había llevado a mi vida consigo...
Di vueltas sobre mi propio eje totalmente desorientada, confusa y llena de frustración e ira, comencé a gritar.
Los fuegos artificiales opacaban mis alaridos, pero entonces yo gritaba más fuerte, llorando, sintiendo el sabor de la sangre en mi boca, el hierro de aquel día, sus golpes, su aroma, su amenaza, mis dibujos, mis lágrimas, mi pasado, mi vida, los golpes, las pastillas, las violaciones.
Grité con más fuerza aún cuando comprendí lo que había estado haciendo con mi cuerpo cada vez que tomaba esas pastillas para el dolor de estómago. Algo lo había empujado tan salvajemente a poseerme ese día, y era que él sentía que era suya... Porque lo fui, muchas veces antes.
Grité hasta que no hubo sonido bajo mi piel.
Cuando me dejé caer al suelo, Léo me sostuvo en brazos y me apretó contra su pecho. Yo seguía llorando, pero sin voz, un sollozo infinitamente doloroso que quedaba mudo bajo las luces intermitentes de los fuegos artificiales. Él comenzó a mecerme llorando también, sujetándome más fuerte, mientras poco a poco yo comenzaba a callar, quedando en negro.
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No.
RomanceUn evento terrible. Sangre, dolor, lágrimas. Tenzyn camina sobre vidrios rotos. Quiere olvidar y olvidarse. Hundida en las consecuencias de aquel incidente, la salida parece más distante e imposible cada día. ¿Volverá a ser normal? Convencida de que...
