Capítulo 15

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-Cevdet... Cevdet...- dijo en un ataque de risa Azize- espera...- continuó casi sin aliento, las cosquillas que él le estaba haciendo le provocaban una risa casi incontenible y él lo sabía.

Todavía estaban en la cama, era muy temprano y aunque habían dormido unas cuantas horas, ya era casi una costumbre, esos días, quedarse a disfrutar juntos y sin impedimentos de su amor...

Habían estado toda la semana prácticamente encerrados en su habitación, tal como él le había prometido. Ella salía para ir al hospital y para ayudar a mamá Hasibe eventualmente con la casa. Pero su suegra le había dejado en claro que prefería que ella estuviese feliz, disfrutando de su marido esos días en los que no tendría que echarlo de menos por no estar junto a ella.

-Dime que no tienes que irte...- le dijo él dándole un respiro, su mirada intensa en la de ella, imposiblemente resignado a dejarla ir.

-Sabes que si, te lo dije el otro día, hoy tengo que estar para recibir unos insumos...

-¿No tienes a nadie que lo pueda hacer por ti? Es imposible que te hagas cargo de todo, Azize...- dijo él insistente, sus manos acariciando la piel de sus hombros y sus brazos, cada tanto inclinándose para besar su cuello.

-Cariño... ¿crees que no quiero quedarme contigo aquí, sabiendo que mañana tienes que irte? Es mi deber... confío en todas mis enfermeras en realidad, pero la responsabilidad es mía...

-Pero...- dijo y se colocó sobre ella, rozándola a propósito y la vio cerrar los ojos, tratando de contenerse.

-Cevdet...- dijo con una voz que a él le provocó satisfacción, sabía que ambos eran débiles cuando utilizaban sus encantos para convencerse mutuamente- te diré que haremos... me dejarás ir al hospital un rato y luego me quedaré contigo el resto del día...

-Mmmmm...-dijo él y la rozó otra vez, moviéndose suavemente sobre ella- no lo sé... de todas maneras no te dejaré ir sin antes volver a tenerte en mis brazos...- dijo él con una mirada cómplice.

-Está bien... pero tiene que ser rápido...- dijo ella que evidentemente tenía más ganas que él de quedarse.

-¿Rápido has dicho? Bien...- dijo y luego de sonreír se ocultó bajo las sábanas y comenzó a estimularla, haciéndola suspirar.

Azize cerró los ojos y se mordió el labio, no quería irse, esa era la verdad, pero tenía una responsabilidad, y aunque era muy joven, había aprendido de pequeña que tenía que hacerse cargo de sus cosas...

Se dedicaron un buen rato satisfacerse mutuamente y luego, muy a su pesar, Azize lo dejó entre dormido y bajó las escaleras para irse al hospital.

Encontró a Hasibe en la cocina, preparando la comida que a Cevdet más le gustaba. Se entristeció un poco, no era lindo cada vez que tenían que despedirse, y ella en el fondo, sentía que le quitaba un poco de tiempo a su suegra para compartir con Cevdet...

-Hija... buenos días... ¿tienes que irte?

-Así es, madre... me iré un rato y luego volveré... su hijo reclama mi presencia...- dijo y sonrió.

-Lo veo...- dijo la mujer y alzó las cejas sin decir nada más.

-Madre...

-No tienes que decir nada, querida nuera... si mi hijo y tú son felices, no tengo nada que decir...- dijo e hizo inclinar a Azize para poder besar su mejilla.

Cevdet se levantó un buen rato después y abrazó a su madre con ternura.

-Has hecho mi plato favorito...

-Lo he hecho yo, porque veo que mi hija no tiene tiempo para cocinar...- dijo sonriendo y acariciando la cara de Cevdet.

-Madre...

Érase una vez...Historias para obsesionarse. Descúbrelo ahora