(COMPLETO) (EN EDICIÓN) Emery Jonson, una chica que se gana la vida a duras penas.
Grey William, un empresario magnate enamorado del control.
Dos polos completamente opuestos se unen formando así una chispa incontrolable, simple sexo sin compromiso...
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Recojo mi pelo en un moño mal hecho y chasqueo la lengua.
- Debiste dejar todo eso en la oficina -Comenta, Grey, con la mirada clavada en la carretera.
- No creo, después de esto tendrás que llevarme a mi casa -sentenció, encogiéndome de hombros.
- Si piensas bien -murmura, esbozando una sonrisa ladeada -El auto de Carla, está en la empresa ¿cómo vendrás mañana?
- No me convencerás con nada, Grey -le detengo con burla.
- Al menos lo intenté -masculla encogiéndose de hombros, sereno.
Sonrió y miro por la ventana.
Tan solo aceptar su propuesta, mi día transcurrió más que tranquilo. Grey, se ocupó de los trabajos faltantes, dándome solo pequeños papeleos y demás.
- Así que... -murmuró al aire.
Grey, me da una ojeada de reojo y achica los ojos.
- ¿Aja? -inquiere, volviendo su mirada a la pista.
Si lo analizas de lado parece un verdadero Dios, un Dios algo estúpido, pero para morirse.
- Así que llamaste a Scott, ayer por la mañana -manifiesto, mirándole con una ceja alzada.
Este sonríe de oreja a oreja y asiente.
- Solo quería decirle algunas cosas -se mofa, con una sonrisa egocéntrica.
- ¿Amenazarlo es una de esas cosas?
- Se podría decir que si -balbucea, por lo bajo -Pero en realidad también me disculpe, solo bromeo conmigo, en realidad él me saco las katanas primero.
Niego severamente.
¿Qué clase de "adultos" mantengo en mi vida?
- No sé cómo aún no ponemos una orden de restricción ante ti -murmuro.
Suspiro y al ver por la ventana me percato de que ya llegamos.
Joder eso si fue rápido.
Aunque pensándolo bien ya teníamos rato andando.
- ¿Recuerdas la primera vez que viniste? -inquiere, Grey, parqueándolo justo enfrente del guardia.
Él abre la puerta para salir y yo lo imito.
Le da las llaves al tipo y unas cuantas indicaciones para luego desviar su mirada hacia mí y caminar en mi dirección.
- ¿Y bien? -cuestiona.
Me cruzo de brazos y me froto las manos contra estos, al sentir el cálido frío que nos azotó fuera.
Deberán ser más de las seis y no estaríamos a nada de ver el sol decaer ante nosotros. Una noche fría y a lo mejor lluviosa, estaba a nuestra espera.