33. ¡Que se abra el telón!

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Jueves 20 de agosto de 1972

¡El día había llegado! Y como buen anfitrión de la sesión nuestro querido Freddie estaba hecho un manojo de nervios. Limpiar por aquí, limpiar por allá; se secaba el cabello mientras se miraba desesperado en el espejo, quería gritar, ya era de tarde y el fotógrafo no tardaría en llegar.

Mary observaba todo en silencio, le causaba algo de gracia ver como Freddie entraba en crisis. Sabía que no debía reírse, pero era inevitable, el fotógrafo era el que tenía todo; y Freddie se preocupaba por nada.

—Freddie cariño, deja de ponerte así. Tu única preocupación era bañarte y mantener limpio el lugar, además ya tenemos toda la indumentaria. Tómate un descanso.

—¡Para ti es fácil! Tú no eres la que será fotografiada—llegó rápidamente con una plancha para el cabello—¿podrías...?

Mary suspiró sacando una silla y haciendo que Freddie se sentara en ella—No entiendo a que tanto le temes...si hasta has posado desnudo como modelo de dibujo

Un sonrojo fugaz apareció en el rostro de Freddie—¡Ni me lo recuerdes! —tomó un bello espejo vintage de mano que tenía y se miró acomplejado—con esta dentadura de caballo me será imposible dar una sonrisa decente...salvo que lo haga con la boca cerrada...—hizo diferentes sonrisas en el espejo, acabando por mirarse con mucho complejo en el objeto.

Mary suspiró y volteó a Freddie para poder besar su nariz con ternura—yo creo que tienes una muy bonita sonrisa, una muy característica—dijo tomando el cepillo para pasarlo por el cabello de Freddie que este día había amanecido más ondulado de lo habitual—pero si te incomoda también te ves bien con la boca cerrada ¡Ambas te dan perfecto!

Freddie le devolvió una sonrisa avergonzada aun desconfiando de las palabras de Mary. Y seguía mirándose con complejo. De pronto el sonido del timbre lo hizo saltar

—¿¡oh dios mío es Douglas!? —preguntó exasperado viendo como Mary iba a abrir. Sintió como involuntariamente su corazón casi dio un vuelco cuando vio que era John.

Narra Freddie

Mi mente llena de complejos se quedó en blanco por largos segundos cuando lo vi. Sus ondas se veían mucho más definidas, su rostro lucía un sano color rosa en las mejillas y unos hermosos labios colorados, parecía incluso que se había puesto algo de polvillo, su sonrisa tímida aun persistía...fuera de todo complejo ¡Dios! se ve hermoso...

Y yo aquí a medias de arreglarme ¡qué horror! Sentí como mis mejillas empezaron a calentarse y aparté la mirada de él.

—Deaky, que guapo te ves—mencionó alegremente mi tierna Mary mientras lo hacía pasar.

—Oh...gracias, Mary...—su voz tan tímida...pareciera como si a este niño nunca lo hubieran alagado en su vida—Hola Freddie.

—¡Deaky! Te ves muy bien—agregué volteando a verlo. Inevitablemente mi corazón latía a mil por segundo cada vez que lo veía fijamente.

Apenas podía tener el espejo conmigo sin que mi mano temblara como si tuviera párkinson, lo dejé sobre la mesa y me recosté en mi silla.

—Freddie ya debo irme—dijo Mary acercándose a mí y plantando un beso en mis labios—hoy tenía turno en la tarde...suerte en tu sesión—dijo tomando su cartera—recuerda que eres precioso—susurró en mi oído provocando que me sonrojara vergonzosamente. Su amor era tal que solo me hacía sentir más culpable por las otras reacciones contrarias de mi cuerpo...

Mary también se despidió de John y se fue, dejándome a solas con ese hermoso chico de la mirada tímida. El silencio era incomodo, después de lo ocurrido en la cafetería nada parecía exactamente normal entre nosotros, al menos no como antes de mi estúpida reacción.

Al desnudoHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora