Al abrir los ojos vi en la esquina de mi cama a un Apolo de espaldas, pensativo.
-Buenos días- susurré entre bostezos. Apolo me entregó las gafas y, al ponérmelas se dio la vuelta.
-Buenos días reina, los demás te están esperando en la cueva que nos dijiste- dijo susurrando.
-En realidad princesa, y del infierno. En fin ¿por qué susurras?- me levanté y estiré los brazos como si mi vida dependiera de ello.
-Porque tu madre esta en casa y he tenido que colarme por la ventana- susurró aun más bajo. Asentí y me dispuse a vestirme.
-Pero sí vives aquí- rió y me explicó que más valía fingir que no nos llevábamos bien.
-Espera, ¿cómo que princesa del infierno?- dijo pasados dos minutos. Le miré y sonreí.
-Te lo contaré junto a los demás- susurré cerca de su oído- y ahora date la vuelta que me tengo que cambiar.
-¿Sabes Dafne? Los demás han estado entrenando sus poderes y ahora incluso pueden contenerlos. Entonces... entonces tal vez podamos conseguir que tu también controles el tuyo y así poder ver esos bonitos ojos.- dijo Apolo mirando hacia el techo.
-Te lo agradezco pero nunca podría probar si funciona o no... tendría que mirar a alguien directamente y eso no va a pasar- dije, ajustándome a la vez el vestido. Apolo sonrió y se acercó lentamente hacia mí. Cada paso que daba aceleraba mi pulso y en realidad eso no tenia sentido, él y yo no es que hubiésemos tenido momentos tan bonitos.
-Me presento voluntario. Si tengo que morir igualmente en una guerra, que sea al menos después de haber visto tus ojos. Si tengo que morir, que sea con tu mirada- suspiré y sentí que en otra ocasión caería como pasa a la chica depresiva de toda novela típica, pero no era momento.
Apolo aprovechó mi momento de divulgación y se acercó aun más, hasta el punto de yo no poder diferenciar nuestras respiraciones. Con su mano sobre mi mejilla y la otra posada sobre mi cintura trató de juntar nuestros labios pero, no era el momento.
-Lo siento...- dije apartándome. Él me miró sorprendido y bufó.
-¿Por qué? Pensaba que nosotros...- dijo él, incómodamente.
-No hay un nosotros. En tiempos de guerra el amor es debilidad y la debilidad es muerte. Apolo, no tenemos nuestra historia, solo nos une una fuerza o química o llámalo como quieras. No es el momento, ni el día, no es nada.- Apolo asintió y se dio la vuelta dispuesto a marcharse.
-Siento que te lo haya dicho así pero es lo que es- susurré. Vi cómo se dirigía hacia la ventana y cómo saltaba, como angel caído. Me miré al espejo y me quité las gafas, tratando de hacerme ceniza a mí misma, siempre lo intentaba por si alguna vez lo conseguía. Al no conseguirlo, me vi obligada a bajar, a sonreír a mi madre y a mi padre, a fingir que todo va bien y que yo solo iba a casa de la primera familia fundadora a pedir perdón, cosa que era mentira.
Suspiré todo el aire que tenia y bajé con una sonrisa más falsa que la fidelidad de mi madre.
-Buenos días ¿cómo estáis?- mi madre se dio la vuelta rápidamente y mi padre se asomó de la cocina.
-¿Dónde vas?- dijo mi madre. Mi padre se acercó y me dio los buenos días y, tras preguntarme que querría desayunar, se fue. Quedamos solo ella y yo, fingiendo ser madre e hija que se aman eternamente.
-Voy a casa de los fundadores, ya sabes... quiero pedir perdón- fingí estar arrepentida, así parecía más real.
-Ah, muy bien. ¿Y por qué hueles a perfume de hombre?- me lanzó una mirada fulminadora, aunque no peor que la mía que era literal. Borré mi sonrisa y estaba dispuesta a soltarle todo, a decirle que lo sabia todo cuando mi padre volvió a salir.
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Dafne
Science FictionTodo empezó como todo empieza, con un principio. En la vida he cometido mil errores pero solo hay uno del cual me arrepiento y es el haber nacido. Sí, lo sé. No es que sea una cosa que pudiese escoger pero joder, menuda cagada. Mi nombre es Dafne...
