Capítulo 28

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Temía a aquella muy poco acogedora oscuridad. No sabía cuales eran sus intenciones, quién era Cassandra en realidad, no sabía si saldría de ahí viva o si realmente quería hacerlo.

Oía respiraciones a mi alrededor, profundas y pesadas. Sentía como si la habitación estuviese sometida a un terremoto, pues temblaba. Lo parecido a una mano me acarició el hombro, después el cuello y de golpe, me empujó. A mi alrededor oía pasos, como si muchas personas estuviesen corriendo de un lado a otro.

Estaba débil y enfadada, ¿Por qué Ignis no me había rescatado?¿Por qué esperaba que lo hiciese? ¿Por qué Cassandra me estaba haciendo eso? ¿Por qué yo?

La ansiedad empezaba a poseer mi cuerpo. Frías gotas de sudor recorrieron mi frente, hacía calor, demasiada calor.
Sentía mi estómago contraerse, mis venas tensarse y mi cuerpo calentarse. Era como estar en llamas, una sensación de ardor y picor, era como cuando conocí a Ignis. ¿Porqué estaba pensando tanto en él?

Los dueños de los gritos, de los pasos y toqueteos empezaron a golpearme estando tendida en el suelo. Era como la presa de todos ellos, su propio banquete. Y he de admitir que me había rendido, había pensado que a la mierda las ganas de luchar y vivir, porque sí, era débil y cobarde.

Mi respiración aumentó al igual que mi ritmo cardíaco. Los golpes eran dados con una fuerza mayor de la que diez personas musculadas tendrían. La sangre brotaba de mi cuerpo incontrolablemente dejándome aún más débil e indefensa.

—La solución de muchos problemas es tu muerte, ¿Lo sabes, verdad?—su voz venía de entre la oscuridad y aún sabiendo que no podía verme, asentí. Me habían repetido esa frase tantas veces que ya no dolía, no afectaba.

—¿Quieres morir, Dafne?— susurró pero esta vez no respondí, pues...¿Tenía una respuesta segura? Sus pasos resonaban en la cruel habitación, dejando paso a un temoroso eco.—¡¿Quieres morir Dafne?!— gritó más cerca.

Tragué en seco y cerré los ojos pensando en que iba a perder si moría. Tal vez nunca volvería ver a mis amigos, ni a mi padre ni podría cumplir sueños que tenía pero, ¿A quién quería engañar? Mi vida y el infierno no eran muy distintos.

—Sí— musité en un hilo de voz. Las risas no tardaron en hacerse presente—¡Hazlo Cassandra!—grité decidida.
Las luces volvieron a encenderse dejando a la vista un chorro rojo a mi alrededor. Nueve o tal vez más personas me observaban mientras reían. Sus ojos eran de colores exóticos, su vestimenta era victoriana y su sonrisa plena de felicidad, satisfechos por el dolor causado.

—¿Así de fácil abandonas? ¿Te torturan un poco y ya te rindes?— rió  Cassandra con amargura—no voy a matarte, solo quería ver cuan débil eres— me levantó del suelo apretando mis heridas y, claramente, disfrutando de mis quejidos.

—¿Qué... qué son?—miré de reojo sin querer cruzar miradas—¿D-demonios?— Cassandra me miró con repugnancia y les sonrió.

—¿Cómo vas a ser gobernante del infierno si no sabes nada?— cuestionó frustrada — Te encuentras ante los guerreros de Resistenciam. Ellos, entre otros, viven en la que tu debes conocer 'ciudad clon'— fruncí el ceño sin entender— oh, tampoco la conoces, ¿Sabes algo?— hizo una mueca y les indicó que se acercasen.

—Llevadla con él— me miró con una escalofriante sonrisa— haremos el ritual antes de que vuelvan sus poderes— Se alejó y me mostró el collar que Ignis me había regalado. Al ver como la rabia coloreaba mi rostro, rió—gracias por esto Dafne— y sin más, salió por la misma puerta que yo entré.

Volví mi mirada para ver a unos cuantos guerreros acercarse. Algunos de ellos parecían estar calmados, otros fuera de control.  Me agarraron por la cintura y a pesar de mis forcejeos, en un abrir y cerrar de ojos, me encontraba  con esposas y con unos cuantos golpes más.

DafneDonde viven las historias. Descúbrelo ahora