Suspiré y traté de explicarlo lo mejor posible.
-Esto debe quedar entre nosotros, ¿ de acuerdo?- noté como Apolo ponía los ojos en blanco.
-¿Quieres empezar ya?- dijo Apolo impaciente.
-No empezaré hasta que me prometas que no se lo dirás a nadie. Esto es serio.
-Muy bien, lo prometo- la verdad es que estaba nerviosa, pues nadie que no fuera del pueblo sabía nada de él pero sentía que podía confiar en Apolo.
-Está bien. Verás, Dempik fue fundado por las familias ancestrales, estas eran familias que se desplazaban por el mundo creando tribus y nunca podían estar mucho tiempo en un lugar hasta que fuera momento de descansar.
-Entiendo.
- Solo podían descansar si habían creado 80 tribus y, cuando por fin las crearon buscaron un lugar para descansar y escogieron Dempik.
-Me sigues?
-Si, va.- dijo Apolo.
-La tierra donde se construiría Dempik estaba situada en una zona peligrosa donde siempre han habido terremotos y mal tiempo.
Cuando quisieron fundarlo fueron advertidos de que no les iría bien y que no durarían mucho.
-Advertidos por quién?
-Sinceramente no sé quién les advirtió pero, se ve que todos ellos tomaron la advertencia para retirarse menos una persona, mi tatarabuela.
Como ella era una de las líderes jefe tuvieron que hacerle caso y quedarse. Empezaron con las construcciones y todo parecía ir bien hasta que pasado un mes, cuando no les faltaba mucho para acabar, un tornado destrozó el pueblo entero, acabando así con vidas de muchos constructores y de tres líderes. Las normas eran claras, si moría un líder se debía hacer un rito de despedida y de enterramiento pero, si morían tres se debía abandonar el lugar ya que significa que se trataba de una maldición.
-Maldiciones...?
-Si, maldiciones.
-Entonces mi tatarabuela decidió ignorar las normas impuestas por un comité de líderes y eso hizo que acabase mal. Decidieron retirarla como líder y abandonarla en esas tierras.
Todos los líderes y los pocos constructores que quedaban buscaron otro hogar mientras ella se quedaba sola y abandonada en el caos.- Hice una breve pausa dramática para beber agua y para reflexionar.
-Venga va, continúa- Apolo empezó a actuar impaciente, cosa que me hacía mucha gracia.
-¿No crees que te he dado demasiada información? - no seas mala Dafne, puedes confiar en este todavía extraño.
-Va Dafne, no me dejes así ¿qué pasó luego?- observé como Apolo mostraba interés por lo que me pareció una locura, ¿ acaso estaba acostumbrado a oír historias así? Aún así, decidí continuar.
-Mi tatarabuela siempre había sido buena con las personas de las tribus que formaban y, cuando se enteraron que estaba abandonada en un lugar tan peligroso fueron a buscarla. Esas personas son antepasados de la actual familia fundadora.
-Un día de estos quiero conocer a esta tal familia fundadora, ¿ vale?
-Apolo, tú no lo entiendes..
-¿ El que no entiendo ? - noté que me estaba yendo demasiado de la lengua por lo que seguí contando, ignorando su pregunta.
- Trataron de convencerla para irse de ahí pero se negó y para devolverle todos los favores que les había hecho le consiguieron constructores y así, construyeron casas resistibles. Poco después de un mes, cuando algunos decidieron quedarse a vivir en ese pueblo todavía sin nombre y otros iban a partir hacia sus tribus, un terremoto cercano al pueblo les dejó sin comunicación al exterior y así fue como todos acabaron quedándose.
Muchos dejaron en sus tribus hijos, mujeres y hombres y, durante un tiempo la tristeza rodeaba el pueblo entero. Mi tatarabuela se sentía responsable por ello, así que decidió hacer el gesto de llamar al pueblo con el mismo nombre que se llamaba la tribu y así algún día podrían volver a reconocerse.
Un día, todos miraban asombrados hacia el cielo, pues era el primer día soleado desde la fundación del pueblo. Entonces, todos emocionados buscaron a mí tatarabuela para celebrarlo.
Fueron a su casa y no había nadie, fueron a las cosechas y ni rastro de ella, la buscaron en su santuario y nada. Cuando de golpe, lo que parecía una nube, ocupó todo el cielo formando letras que se juntaron hasta poner el nombre de mi tatarabuela. Todos creyeron que lo que fuera que le advirtió tiempo atrás se la llevó y desde entonces empezaron a creer en dioses, a hacer ofrendas y sobretodo a proteger a mi abuela que, la pobre, quedó huérfana.
- ¿Qué crees que en realidad pasó?- preguntó Apolo curioso.
-No lo sé, solo sé que hay unos libros prohibidos que los escribió mi tatarabuela y que, hay cosas tan horribles que aquel que los lee desaparece sin más.
-¿Libros prohibidos? - mierda, ya la había liado.
-Nada , nada. No son nada tranquilo- ciertamente nunca debí mantener esta conversación con Apolo.
-Dafne.. ¿no confías en mí?
-Claro que no, lo siento Apolo. Me lo dices como si te conociera y lo único que se de ti es tu nombre- sentí como su mirada se entristecía pero no podía contarle todo.
-Tienes razón, ya nos conoceremos mejor. ¿Crees que tu tatarabuela debió desafiar a lo que sea que se la llevó?
-Creo que hizo lo correcto en hacer lo que le diera la gana- Apolo sonrío y a la vez frunció el ceño.
- Dafne, ¿crees en dioses y maldiciones?- y de golpe me acordé de todo; de las gafas, de mi abuela...del terror.
- No sé nunca que creer, me gusta la mitología porque me siento bien cuando estoy en un ambiente rodeado de mitos pero a la vez siento algo extraño que no sabría describir.- en ese instante Apolo me miró sorprendido y curioso, pero el sonido de unas llaves chocando entre si y una puerta abriéndose rompió el momento y me devolvió a la realidad.
- Tienes que irte-miré hacia la muerta-ya.
-¿Qué importa? Tu padre ya me conoce.
-Pero no es mi padre, es mi madre. Puedo sentirla y, créeme que ella no es tan maja.- de inmediato se levantó y buscó por donde salir hasta que le señale la ventana.
-Es la segunda vez que vengo a tu casa y tengo que saltar por la ventana. Pésimo servicio- comentó Apolo riéndose.
-Shh, que te va a oír, vete va- susurré riendo.
- No me iré hasta que me prometas que mañana volveremos a vernos y me contarás algo más.- bufé
- No puedo contarte nada más todavía. No puedo de golpe decírtelo todo, entiéndelo.- oí como mi madre estaba a punto de entrar al comedor y arrastré a Apolo hasta la ventana.
-Me refería a que me contarás algo de ti- susurró Apolo para segundos después caer en mi jardín y salir corriendo.
-Hola Dafne, ¿qué tal estás? - practiqué mi sonrisa antes de darme la vuelta.
-Hola mamá, muy bien. ¿cómo ha ido en el trabajo?
-Ha estado aquí alguien más.
-¿Qué? No mamá, solo yo, de verdad...- aclaré en vano.
-No era una maldita pregunta, venga ya- se acercó a mí y empezó a tratar de captar otro aroma y, aunque intenté no sentarme cerca de Apolo, en algún momento hemos estado cerca, justo cuando le arrastre hacia la ventana.
-Quiero un nombre, ya.
-Pero mama...yo...- sentí como me estampaba contra la pared.
-¿Has dicho pero?
-Apolo, se llama Apolo.
-Bien, no saldrás en los próximos días- dijo para luego salir de casa.
-De todos modos lo hago, recuerdas que me impusisteis ese castigo desde pequeña?
-Pues te lo re-impongo.
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Dafne
Science FictionTodo empezó como todo empieza, con un principio. En la vida he cometido mil errores pero solo hay uno del cual me arrepiento y es el haber nacido. Sí, lo sé. No es que sea una cosa que pudiese escoger pero joder, menuda cagada. Mi nombre es Dafne...
