Capítulo 15

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El camino a casa fue silencioso, todos pensábamos en nuestras cosas y en cómo saldríamos de esa. Nunca en mi vida me había visto en situaciones como las recientes, nunca había tenido viviendo en mi casa a alguien y nunca pensé que rechazaría a un chico como Apolo ni que permitiría que quien alguna vez fue mi mejor amigo fuera a negociar con el enemigo.

-D..Daff, dafne...- recibí un codazo por parte de Eros y levanté la mirada, viendo a lo lejos una multitud de gente, cada uno de los miembros de las familias fundadoras. Hice memoria tratando de pensar en que día estábamos, viernes... Eso significaba que no era el día en que se reunían en la primera casa fundadora, y si lo hubieran avanzado por algo grave no estaban en la casa adecuada, pues estaban delante de la mía.

-¿Pero qué...? Mira, la señora Briseida también está- me dijo Fenix. Me puse de puntillas para tratar de ver dónde estaba mi madre, pero no conseguí ver nada. Fenix me miró y medio sonrió para al instante cogerme. Y así fue, mi madre estaba en medio de todos, explicando algo, tal vez el porqué yo salgo tanto y luego no voy a las reuniones.

Pedí a Fenix que me bajara y empecé a caminar, siendo seguida por Eros y Fenix.

-¡Mamá!- grité a lo lejos. Ella se giró y, canalizando toda su ira interior, me miró. Seguí caminando pero cada paso que daba dolía, asustaba y algo me decía que huyese. Sin embargo, ni de coña pensaba dejarme vencer por el miedo, así que seguí caminando.

Al estar lo suficientemente cerca, miré hacia los costados para asegurarme que los chicos estaban ahi, tenia miedo. Mi madre y yo estábamos a dos palmos de cercanía, como las películas del viejo oeste, esperando quien actuaría primero.

-Mamá ¿qué esta pasando?- Mi madre actuó primera y me abofeteó. Me quedé congelada con la mejilla en llamas, veía cómo muchos se pusieron la mano en la cara, sorprendidos tal vez, o para disimular la sonrisa. Para Dempik siempre he sido la que sobra, la que no hace nada por el pueblo y por la que el pueblo hace mucho. Para ellos, hacer mucho, era dejar que mis padres me tratasen bien porque a los que no acuden a las reuniones debían ser maltratados.

Eros dio un paso adelante y me puso detrás, protegiéndome y Fenix lanzaba miradas amenazantes hasta a lo inanimado.

-Como os iba diciendo- mi madre me agarró del pelo y me tiró al suelo, de rodillas, mientras que a su vez los chicos fueron sujetados por los hijos de la cuarta familia- esta ya no es mi hija, es el mismísimo demonio y vosotros tenéis que ayudarme a mandarla con los demás demonios. Yo pensaba que era mi hija pero queda muy poco de ella, la están usando para penetrar nuestro pueblo y destrozar nuestro mundo- empecé a llorar y supe lo que estaba pasando, quería poner al pueblo de su lado para que así me vendiese a los que me quieren muerta, mi propia madre. Empecé a recordar las palabras de Ignis, ¿qué hubiese pasado si la hubiese matado? No, no puedo ni debo contemplar esa opción.

-¿Cómo nos demuestras que es el demonio?- me di la vuelta para ver que la curandera se acercaba a mí. Todo el pueblo me abucheaba y ella , con tan solo levantar la mano, les hizo callar.

-Briseida, yo solo veo a una hija sintiéndose traicionada. Una inocente jove que se siente rechazada por los suyos y tachada de demonio. Demuestra que es el demonio y la desterraremos pero si no lo puedes demostrar la desterrada serás tú por convocar una reunión sin permiso y por juzgar y acosar a una pobre niña - sentí un escalofrío al oír sus palabras, una señora que apenas conocía defendiéndome frente a la que creía conocer, frente a la que me dio a luz y me dio una bonita infancia solo para humillarme frente al pueblo y entregarme a seres desconocidos.

-Claro que lo demostraré. Dafne, bruja y máximo demonio infernal ¿ves a tu padre por algún lado?- negué con la cabeza al recibir un apretón. Mi madre empezó a caminar, arrastrándome al jardín trasero. Eros y Fenix gritaban y trataban de soltarse, pero en vano y yo tan solo me dejé llevar.

DafneDonde viven las historias. Descúbrelo ahora