Capitulo 32

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Me acomodo en la mesa, mirando de reojo a Artemia

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Me acomodo en la mesa, mirando de reojo a Artemia. Sonrio al notar su rostro aun rojo. Si, hicimos algo mas que ir a cambiarnos.

Carraspeo cuando las grandes puertas se abren. Me coloco serio. Suspiro al ver al soberbio de Benjamin, mas que su padre de seguro. Años y aun me fastidia.

Sigue caminando igual que un idiota, como si conociera el lugar.

Cuando llega a mi mesa, acompañado de un poco de su gente, me sonríe.

— Alfa Aren, es un placer volver a verlo.— Se inclina levemente

— Digo lo mismo, Benjamin.— Hablo sin ganas. Miento solo para parecer educado. La ultima vez que lo vi fue en la guerra, peleando junto a su padre— Felicidades por tu ascenso.

Es pobre es un cachorro y fue ascendido a Alfa, que los dioses se apiaden de su manada.

— Gracias.— Asiente hacia a mi y mira a Artemia—Luna, es un milagro que haya vuelto.— Se inclina hacia ella. Observo a Artemia sonreirle amablemente — Esta mas hermosa de lo que recordaba.— Entrecierro los ojos

Carraspeo, haciendo que me mire.

Claramente lo esta haciendo a proposito, y eso me molesta más.

— Gracias, Alfa. —  La miro cuando habla— No recuerdo nuestro primer encuentro. Pero estoy segura que pense lo contrario.— Sonrie. Oculto una sonrisa y vuelvo a mirarlo. Sonrie y niega con la cabeza

Genial, siempre quise verlo incomodo.

— ¿Qué tal si empezamos a comer?— Interrumpe mi madre, arruinando la diversión

Artemia parece recuperar la postura, suspira y se acomoda.

— Creo que es lo mejor.— Se sienta en una de las sillas de la punta. Hago una seña y empiezan a traer la comida

Artemia me mira, le sonrio juguetón y oculta una sonrisa. La borra cuando siente mi mano en su pierna, me mira enojada y la golpea.

Evito reir mientras la alejo. Solo lo hice para molestarla, no la tocaria en un momento asi. O tal vez, depende del clima.

— Benjamin.— Mi madre le habla, con una sonrisa — Escuche que lograste conquistar una tierra muy fertil, lo felicito.— Tomo de mi copa

Se la pasa conquistando tierras pequeñas para llenar el vacio de no poder conquistar las mias. Pero evito decirlo.

— En efecto, si. Siempre un poco mas de territorio es bueno. Y de eso queria hablar, en realidad.— Quito la mirada de mi pueblo cenando y lo miro — Queria discutir sobre la tierra del oeste.— Suspiro

¿De qué hay que hablar?, es mia.

— Escucho.— Me encojo de hombros

— Creo que es algo que quedo pendiente.— Frunzo el ceño— Hace siglos cuando la guerra ocurrió por esa tierra, quedo indecisa.

Luna guerrera Donde viven las historias. Descúbrelo ahora