Hace muchos años, los hombres lobos habían reconocido a sus nuevos enemigos. Los cazadores. Sus guerras duraron por años, y creian que asi seguiria siendo. Pero algo interrumpió eso.
Artemia Ragnarsson, lider de los cazadores, asciende a su puesto l...
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Doblo mis rodillas y me siento en el fresco césped, escucho sus pasos acercarse.
— Artemia.
— Quiero estar sola.— Lo escucho suspirar
Se sienta a mi lado y se queda en silencio. Suspiro.
No se como pretende que viva para siempre en un ambiente asi, ¿acaso piensa que me acostumbrare?, yo no encajo aqui.
— Quiero irme a casa.— Giro mi cabeza hacia el. Mantiene su mirada al frente
— Estas en ella.
— No, no lo estoy. Aqui no sere bien bienvenida, a menos que sea una sumisa mas.— Me mira— Y no puedo hacer eso.— Me detalla, con su mirada tranquila
— Lo se.— Se acerca mas— Pero no puedo arriesgarme a que te alejes de mi. ¿Acaso puedes prometerme que iras con ellos y después volveras?— Me callo
No puedo prometer eso. Mi gente me necesita, necesita mas que solo una explicación. Mi madre me necesita.
— Eso es porque no te dejo ir.— Miro hacia otro lado— Puedes enviarles una carta.
— No quiero enviarles una carta.— Gruño— Quiero que vean mi presencia, si les envio una carta pensarán que no me importan. Voy a ir hacia ellos, Aren. Eso es un hecho.
Busco facciones enojadas, pero se mantiene tranquilo.
— Lo haras. Pero no ahora.—Frunzo el ceño
— No se que malinterpretaste, pero no te estoy pidiendo permiso.
— Yo soy el unico que puede hacerte salir. La frontera esta protegida ahora mas que nunca.
— ¿Crees que eso va a detenerme?
Luchare con mas furia si pretende dejarme encerrada hasta que se digne a dejarme salir.
— No, pero no podras salir.— Me mira. Niego con la cabeza
— Te odio.— Me levanto, empiezo a caminar
Encima que tuve que ponerme este estupido vestido, con este estupido corset que me esta matando y para esta estupida fiesta. Ni siquiera es divertida.
Por todos los cielos, aun soy joven, no puedo estar toda mi vida aqui encerrada.
♧
— Si me permite comentar, estuvo muy hermosa, señora.— Miro hacia la ventana, mientras sigue desatandome el corset
— Gracias.— Murmuro. La miro— ¿Cómo te llamas?
— Me llamo Lara, señora.— Responde, sin mirarme
— ¿Te gusta estar aqui, Lara?— Hablo suavemente, me mira unos segundos — Y no quiero que me mientas.