Capítulo veintitrés

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23- Libre

—¿Cómo la pasaron? —preguntó su abuelo la mañana siguiente

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—¿Cómo la pasaron? —preguntó su abuelo la mañana siguiente.

«Nos enteramos que la abuela murió por nuestra culpa», pensó Victoire, armando una sonrisa en su rostro. Los demás ni siquiera se molestaron en intentarlo. Sin embargo, su abuelo no prestó atención, su rostro había cambiado al ingresar por completo a la Madriguera. Había una profunda tristeza que no podría compararse con el dolor que tenían sus nietos. Perder al amor de tu vida debía ser duro.

Su abuelo no era una mala persona. Sí, nunca se había metido a defender a sus nietos de lo que imponían sus hijos, pero para ser justos, su abuela tampoco. Los dos simplemente dejaron que cada uno de ellos educara a sus hijos como lo veían correcto. Quizá su abuela buscaba una manera de ayudarlos y su abuelo no, pero en estas condiciones, Victoire no podía guardarle rencor a nadie.

—Ya ha pasado un mes —dijo su abuelo, sirviéndose un poco del café que Lily había preparado—. Lo hemos estado dejando pasar mucho, pero... El funeral de su abuela será dentro de una semana.

Tras esas palabras, nadie más habló, todos ellos sumidos en sus pensamientos. Poco después, cada uno se fue de la Madriguera, dejando al abuelo Arthur solo con sus recuerdos. Victoire estuvo a punto de quedarse a hacerle compañía, pero tenía algunos problemas que resolver.

El día anterior se había quedado en el Caldero Chorreantes, apenas sí recibiendo noticias de Ted y de sus hijos. De su separación nadie lo sabía y Victoire lo creía lo mejor. Mas aquella mañana había recibido una carta de él, provocando que fuera la primera en levantarse luego de una noche de estar girándose en la cama, sin poder sumir el sueño. La carta era en realidad un documento de divorcio y, aunque era lo que había estado deseando desde que se casaron, Victoire dudó.

La palabra divorcio era poco utilizada en el mundo mágico. Tal vez entre los muggles fuera algo normal y, a pesar de que Victoire no planeaba seguir con un matrimonio falso por más tiempo, la idea de divorciarse no le gustaba. Era un paso muy extremo; es más, los padres de ella ni siquiera estaban divorciados, solo separados. Victoire sería la primera de los Weasley en divorciarse.

Pero, aunque fuera algo raro para los magos, en realidad era muy sencillo de hacer; por lo que sabía, más fácil que en el mundo muggle, que podría durar meses. Los términos mismos los diseñaba un abogado, que generalmente eran acertados, la pareja firmaba y todo terminaba. En el contrato del divorcio, se establecía que la mitad de lo que había en la cámara de Gringotts era para ella y el auto que tenían. La casa, sin embargo, sería de él.

Con aquello no tenía problemas. En realidad, le parecía justo. Ella no quería la casa, de cualquier manera: Ted la había escogido y pintado a su gusto. Victoire estaría feliz con un departamento cerca del Ministerio, donde pensaba volver a trabajar. Ella recuperaría su puesto como Jefa Suprema del Wizengamot.

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