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  Honey no pudo evitar pensar que la caminata entre el auto y la puerta principal fue más que larga, probablemente solo por los nervios que sentía. Las preguntas sobre cuál iba a ser su siguiente movimiento lo enloquecían.

¿Qué pasaría si volvía a arruinar todo? ¿Si no les caía bien a los amigos de Devi? ¿Si el híbrido al que estaba a punto de conocer era igual de tonto que Brigitte?

Solo podía temblar ante las situaciones que su mente le ponía en frente. Pero se obligó a respirar profundamente cuando Devigi estiró su mano para tocar el timbre, aún enrollando sus brazos.

— ¡Wren!— el grito que se oyó desde el interior de la casa hicieron que el ya nervioso Honey se dispusiera a dar unos pasos hacia atrás, pero Devigi lo evitó afianzando su agarre mientras volvía a presionar el botón frente a ella.

— ¡Deben ser Devi y Honey, abre!— por alguna razón, al híbrido no le pareció tan intimidante aquél segundo grito.

— ¡¿Quien es?!— la voz que provenía del otro lado de la puerta sonó desde más cerca que la anterior vez.

— Somos Devi y Honey— afirmó la mayor, dejando salir una sonrisa divertida. Honey decidió que lo mejor sería imitar aquella acción.

En pocos segundos, la puerta se abrió un par de centímetros, dejando ver un pequeño espacio en el que solo podían notarse la cadena puesta y la mitad de un rostro, listo para juzgar a los visitantes.
Cuando el habitante de la casa comprobó la veracidad de su presentación, dejó escapar un suspiro y volvió a cerrar la puerta, para abrirla inmediatamente, esta vez sin la cadena y de una manera que gritaba "Bienvenidos".

Devi, linda— dijo el híbrido del interior, acercando a la mujer para darle un abrazo.— Y tú eres Honey— llegó a la conclusión, volteando hacia el chico y tomando ambas de sus manos.— Lamento todas las precauciones, pero no me arriesgaré nuevamente a toparme con un vendedor puerta a puerta— bufó, mientras comenzaba a caminar hacia más profundo dentro de la casa, haciendo un gesto para que los recién llegados le siguieran.— Los detesto tanto... ¡me tratan como si fuera un idiota!— negó con la cabeza.— ¡No, Mark! ¡No necesito ir a buscar a mi amo, estoy seguro de que él no quiere una cacerola inteligente!— suspiró pesadamente al tiempo que giraba hacia sus invitados.— Por favor, tomen asiento, voy a traer algo para mantener el estómago feliz.

— ¿Quién es Mark?— murmuró Honey, apenas se aseguró que el otro híbrido había abandonado la sala.

— Te acostumbrarás a la personalidad de Tabi— rió Devigi, pasando un brazo por encima de los hombros del menor.

— Él es un híbrido..., ¿cierto?— cuestionó de manera insegura, volteando nuevamente para no verse atrapado hablando a sus espaldas.

— Un híbrido de conejo— afirmó la mujer, intentando que Honey pudiera relajarse y abandonar su postura tensa mediante caricias en su cabello.

Sin embargo, el chico no podía evitar entrar en una nueva crisis. ¿Como es que aquél híbrido se veía tan... adulto?
Repasó su propia ropa, sin poder creer lo tonto que debía verse con aquella camiseta morada y pantalones jeans ajustados, ¡con roturas! Como si no fuera poco su look de niño, también había cedido a usar aquellos pantalones con agujeros. Sintió su rostro arder mientras pasaba en su memoria la vestimenta del otro híbrido, camisa blanca y pantalón negro, que no era ajustado ni tenía roturas.

Pensó en su conocimiento sobre otros híbridos, teniendo como único ejemplo al recientemente conocido Lyle, quien usaba la misma ropa que toda la gente en el lugar que lo conoció.
Al no servirse de mucho aquél recuerdo, se obligó a pensar en Brigitte. La rubia parecía siempre usar esas remeras que dejaban ver su estómago, que no eran para nada formales y que Honey sabía que solo usaba para poder presumir su abandonen marcado, pues la chica amaba restregar en la cara de todo el mundo el buen cuerpo que tenía, el menor se había dado cuenta aún a los pocos días de tratar con ella.

🍯HoneyHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora