Honey sentía estar viviendo la mejor vida del mundo.
Especialmente desde que el canal de noticias esa mañana se había pasado hablando de la falta de trabajos en el país, pues eso significaba que solo por dirigirse a la tienda tres veces a la semana lo estaba haciendo mejor que el 20% de la población. Se sentía mucho más afortunado cada vez que Devi se quejaba de su trabajo al volver a casa, mientras que él se sentía tan fresco como cuando había salido por la mañana.
El felino estaba más que maravillado con su nuevo horario, que había servido para llenar a la perfección la agenda que había comprado hace siglos. Pensaba que estaría más cansado con su agenda así de ocupada, pero la verdad era que saltaba de júbilo cada vez que Devi le llevaba a la tienda, y nunca quería irse cuando Tabi pasaba a buscarlo para tener clases el resto del día.
Le fascinaba responder correctamente hacia las preguntas que los clientes le hacían y la manera en la que asentían la cabeza ante los concejos que daba, aunque claro que había tenido situaciones en las que Jamie había tenido que alejarlo de clientes descorteses luego de que estos le hubiesen gritado tanto hasta dejarle petrificado y temblando, pero todo iba a la perfección generalmente.
Y ese día se sentía mucho más dichoso de lo habitual, de hecho, se había sentido extremadamente bien desde la mañana. Supuso que su buen humor se veía reflejado en todo su cuerpo, pues había estado recibiendo tantos cumplidos por parte de los híbridos que pasaban por la tienda que para este momento le era imposible que sus mejillas abandonaran aquel tono rojo. Lyle se había pasado todo el tiempo comentado lo adorable que eso le hacía ver que, y había provocado que el único pensamiento que pudiese sostener tuviese que ver con lo caliente que su rostro se sentía.
Pero a pesar del amor hacia su trabajo, debía admitir que no era fan de las veces en que se cansaba y, a diferencia de Tabi, su jefe no le dejaba tomar descansos. Lamentablemente, en ese momento le sucedía justo eso. Hace rato que sus piernas se sentía débiles, y se moría por sentarse y tomar el control del aire acondicionado para acabar con el calor del lugar, aparentemente siendo el único ser con cordura en el establecimiento.
Honey se dió cuenta de que debía estar actuando raro cuando captó la quinta mirada consecutiva de Jamie, y estaba seguro de que este se estaba preparando para una intervención, pero su celular sonando le salvó de tener que dar explicaciones.
Por su parte, Jamie tuvo que alejarse de la parte delantera de la tienda para poder atender, con su mal humor usual cambiando al instante en que oyó a Devigi del otro lado de la línea.
“¿Te molesto en medio de un día ocupado?”
“Todos necesitamos un descanso en algún momento, ¿cierto?” Jamie soltó una risa demasiado tonta para su gusto.
“¿Crees que Honey está demasiado cansado?” la actitud posesiva de la mujer regreso en menos tiempo del que el rubio esperó, pero ya se estaba acostumbrando.
“Le ví volver a doblar la misma pila de ropa tres veces... creo que solo intenta mantenerse ocupado,” bufó Jamie, negando con la cabeza hacia su nuevo papel de niñero.
“Solo quería saber si la estaba pasando bien...” Devigi soltó un largo suspiro, como si estuviese cansada aunque aún ni siquiera era medio día. “Britt y Honey empezaron a tomar las hormonas para cruzar su celos hace un par de semanas, y acabo de buscar a Britt de sus prácticas de enfermería,” soltó una risa. “A ninguna de las enfermeras le gustó verla montar el escritorio.”
“No deberías preocuparte tanto, no es como si la primera vez que lo intentaran saliera a la perfección...” murmuró, sonriendo de lado. “Tal vez tengan unos cuantos días de diferencia.” Jamie aprovechó el momento en que Devi empezó a gritarle a Brigitte para regresar su vista hacia la tienda.
ESTÁS LEYENDO
🍯Honey
Ficțiune adolescențiDevigi solo necesitaba sentirse poderosa. Tener esa criatura le iría bien. Honey le haría sentir bien.
