Capítulo 48

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DANIELA POV

—Sí. Daniela. Poché puede dar a luz un poco más rápido. — Dijo la doctora y sentí mi garganta apretarse.

—¿Rápido... cuánto?

—En cualquier momento. — Lo dijo tan tranquilamente, como si eso no fuera aterrador. —Daniela, necesitas estar preparada, ¿de acuerdo? Tu hijo está bien. Estamos haciendo todo lo posible para que Poché también lo esté, pero esto es más complicado. Estamos cuidando de ella ahora. Solo tienes que mantener la calma y esperar. Necesito que le transmitas tranquilidad.

—Está bien. Pero quiero estar allí cuando nazca mi bebé.

—Te aseguro que estarás allí. — Dijo y asentí. Respiré hondo, haciendo todo lo posible por contener mis ganas de golpear a todos en la cara y correr a esa habitación para estar cerca de mi esposa.

—¿Y ahora?

—Ahora espera. Te mantendremos informada. Haremos todo lo posible para salvar a Poché y al bebé. — Dijo la doctora y me dio la espalda entrando en el pasillo. ¿Por qué me estaba diciendo eso? Eso era grave, muy grave. Algo estaba muy mal, pero no podía entender. Tenía miedo. Estaba sola una vez más. Era demasiada información para mí, sentí que mi cabeza iba a explotar y mis ojos estallarían de tantas lágrimas. Pero no podía hacer nada más que esperar, y solo podía esperar a que todo saliera bien.


—No me hables. — Dijo Poché arrojándome una almohada por segunda vez.

—¿Por qué estás así? — Pregunté con tranquilidad, tratando de no perder la paciencia, porque esa era la tercera vez en el día que se enojaba conmigo por nada.

Infelizmente, aún estábamos en ese hospital, y aún me asustaba con "las falsas alarmas" que me daba el bebé. A estas alturas ya estaba sobreviviendo a base de calmantes. Era muchos sustos, mucho estrés, mucho dolor de cabeza. Era realmente difícil aguantar todo eso. Pero sabía que eso resultaría en algo bueno, y ese "algo" me ponía muy feliz y me motivaba a no volverme loca.

Era difícil ser paciente todo el tiempo, especialmente cuando Poché tenía sus ataques de bipolaridad y comenzaba a odiar mi presencia de repente. O cuando comenzaba a llorar por no estar feliz con los cambios que su cuerpo estaba teniendo. En este momento ya estaba completamente trasnformada. Su barriga era mucho más grande, al igual que sus pechos y sus muslos... Ella lo odiaba, pero yo la encontraba cada día más sexy y hermosa.

Se estresaba sin motivo alguno, y a veces era mejor ponerla a dormir, porque todo ese estrés era la razón principal de lo que le estaba sucediendo. Pero no me importaba, a veces incluso me parecía graciosa lo encantadora que era en un momento y completamente psicópata en el otro.

—No quiero escuchar tu voz.

—Si hice algo mal dímelo, mierda, no te pongas así. — Dije, arrepintiéndome de inmediato, porque Poché me miró fulminándome con los ojos. —Perdóname, amor. No quise ser grosera.

—No hiciste nada, Daniela. — Dijo cruzando los brazos y mirando hacia la ventana. —Es solo que no estoy de buen humor. Ya no soporto estar aquí.

—Me di cuenta. — Dije sonriendo y me senté a su lado en la cama. —Solo trata de no estresarte. Mis padres y Britt vendrán a verte. Te sentirás bien. — Besé su mejilla y ella suspiró ruidosamente como si fuera una protesta, como si quisiera que la besara. Estaba evitando hacer eso después de miles de veces que comencé a besarla allí y ella simplemente perdía la línea queriendo arracarnos la ropa. Era imposible hacer algo allí, porque alguien podía entrar en cualquier momento. Y también estaba bastante segura de que Poché no podía tener relaciones sexuales en el estado en que estaba. Pero como no entendía una mierda sobre el embarazo, la evitaba y me quedaba con la duda.


Puse mi cabeza sobre su hombro y descansé mi mano sobre su muslo. Llevó sus dedos a mi mejilla y me acarició suavemente, solo detuvo su pulgar en mi boca y acarició mi labio inferior con él. Giró un poco mi cara y besó la comisura de mi boca haciéndome sentir un escalofrío involuntario. Sabía lo que quería. Era realmente difícil resistirse a ella, pero al menos esta vez iba lentamente. Deslicé mi mano hacia la parte de atrás de su cabeza, agarrando los mechones con delicadeza. Soltó un suspiro tan fuerte que sonreí, al ver lo débil que estaba. Agarré su muslo con firmeza y la atraje más cerca de mí. Ella sostuvo mis mejillas sin delicadeza alguna y me besó un poco desesperada. Cuando el aire ya nos hizo falta, separé nuestros labios y bajé mis besos a su cuello. Poché soltó un gemido y mis ojos se agrandaron. Volví a subir y junté nuestros labios una vez más. Ella tomó mi mano que hasta entonces había estado sobre su muslo y la llevó a su intimidad.

—¿Poché? — Llamé con la boca pegada a la de ella, mientras ella me obligaba a tocarla.

—Daniela, por favor. — Susurró y metió su mano dentro de mi camiseta pasando sus uñas sobre mi abdomen. Maldita sea. Quería atacarla allí mismo, pero no podía.

—Lo siento, amor. — Dije, tratando de apartarme de ella, pero ella me sostenía por los hombros. —Poché...

—¡Mierda! — Dijo, finalmente soltándome y hundiendo su cara en la almohada. Me quedé observándola apretar su cara contra la almohada por un rato. Debía estar odiándome de nuevo. Estaba en llamas. No sabía de dónde había salido todo ese autocontrol. —Dios mío, hijo. No bailes dentro de mamá. — Dijo sentándose derecha, y pude ver su vientre moviéndose por todas partes. Automáticamente sonreí y me acerqué a ella. Amaba cuando él se ponía así de animado.

—¡Hola principe! — Dije con una voz estúpidamente ridícula y Poché sonrió.

—Necesitamos un nombre que no sea Laurantrio. — Dijo Poché y sonreí al recordar a Laura.

—¿Cuáles te gustan? — Pregunté y ella pensó por un momento.

—Me gusta Salomon. ¿Y a ti?

—Salomon es genial.

—¿Pero cuál te gusta? — Preguntó un poco impaciente.

—Lo que te guste, amor. — Dije y ella sonrió negando con la cabeza.

—¡Tiene que ser justo!

—¡Es justo! También me gusta Salomon. — Dije honestamente y ella suspiró.

—¿Entonces... Salomon? — Dijo mirando a su barriga y el bebé se sacudió, haciéndonos sonreír.

—Creo que le gustó. — Dije, besando su frente. Nos quedamos un largo tiempo hablando con él, que parecía responder con pataditas, lo que nos hacía morir de amor. Estaba muy animado, y eso me hizo feliz, porque parecía estar bien. A diferencia de Poché, que tenía dolores de espalda y dolores abdominales. Ella lo trataba como algo normal, pero yo ya estaba aterrorizada. Traté de actuar normal al menos, pero no podía evitar tener miedo.

—¿Qué estás sintiendo? — Pregunté, viéndola hacer una mueca de dolor. Quería ayudarla de alguna manera, odiaba cuando sentía esos dolores. Mafemente no podía hacer nada, debería llamar a alguien, pero no podía salir del lugar. No estaba pensando con claridad.

—Daniela, llama a un médico. — Dijo y sentí mis piernas temblando. Me estaba pidiendo que llamara a un médico, mientras apretaba un botón al costado de la cama que llamaba a las enfermeras. Ella nunca pedía eso, así que era algo serio. —Daniela, por favor, ¡haz algo, maldita sea! — Dijo un poco más fuerte y vi que su dolor era insoportable, lo que me aterró aún más.

Antes de que pudiera pasar por la puerta, una de las enfermeras entró y caminó rápidamente hacia Poché. Poco después entró otra enfermera. Yo estaba un poco perdida. Ella le hacía preguntas a Poché, pero yo no podía escuchar nada.

—La Dra. Angelina ya está esperando, llevémosla.

—¿Llevarla a dónde? — Pregunté un poco asustada.

—Tiene que esperar. Le harémos algunos exámenes básicos y la llevaremos a la sala de partos. — Dijo y sentí mi garganta cerrarse.

—¿Parto? — Pregunté sintiéndome un poco mareada. Ya estaba en pánico, era notable. Miré a mi alrededor y vi que Poché ya no estaba allí.

—Su esposa está entrando en trabajo de parto. Llame a quien tenga que llamar. Vamos a llamarla, solo espere un minuto y mantenga la calma. — Dijo y se fue. ¿Calma? ¿Por qué todos me pedían que mantuviera la calma en un momento como este? No tenía mucho que hacer sino esperar y tratar de calmarme. Mi hijo estaba naciendo. Nacería prematuro, a los siete meses. ¿Era arriesgado para él? Iba a conocerlo. Mierda, ¡ya nacerá! Faltaba muy poco. Definitivamente no sabía si estaba feliz, ansiosa o aterrorizada. Ya no aguantaba la espera, así que decidí llamar a Laura pidiéndole que les avisara a todos que Poché iba a dar a luz. Me quedé allí sentada por un rato más, sintiendo que mi pecho dolía y mi cabeza palpitaba de tanto nerviosismo, hasta que alguien me tocó el hombro y me volteé rápidamente, encontrándome con mi madre, mi padre y Brittany en sus brazos.

—¿Mi nieto nacerá? — Dijo emocionada y me abrazó. Apenas pude devolver, no estaba muy bien.

—Todo estará bien, hija. — German trató de calmarme.

—Se están tardando demasiado, ¿eso es normal?

—A veces sí, hija. Ya lo has vivido antes, sabes cómo son estas cosas. Si algo anda mal, ya lo sabrías.

—Está embarazada de siete meses y lleva semanas en este hospital. Esto ya no me parece muy normal, madre. — Dije y los ojos de Mafe se ensancharon. Tal vez estaba claro mi desesperación.

—¿Daniela? — La Dra. Angelina se acercó y casi salté sobre ella.

—¿Entonces? — Pregunté, sin disimular la desesperación en mi voz.

—¿Todavía quieres ver nacer a tu hijo?

—Dios mío, ¿en serio nacerá? ¡Claro que sí! No me siento bien... — Dije, un poco demasiado emocionada. No sabía lo que estaba sintiendo. Parecía que iba a explotar en cualquier momento.

—Está bien. Necesitas estar muy tranquila ahora. No tienes que estar nerviosa. Poché está lo suficientemente dilatada para un parto normal, y tu hijo ayudó bastante quedando con la cabeza hacia abajo. — Dijo sonriendo y yo retribuí. No sabía qué significaba eso, pero parecía ser una buena noticia. —Todo saldrá bien.

—De acuerdo. — Dije asintiendo, tratando de disimular que estaba a punto de tener un ataque allí mismo.

—Todo estará bien, ¿de acuerdo? Estaremos aquí esperando. — Dijo Mafe y asentí. Le di un beso a Brittany que estaba durmiendo en los brazos de mi padre, sin tener idea de lo que estaba pasando.

—¿Quieres un consejo? — Dijo German y asentí. —No mires hacia abajo.

—¿Qué? — Dije ensanchando los ojos. —Pero...

—Daniela, ¡escúcha a tu padre! — Dijo y fruncí el ceño.

—¿Qué tipo de consejo es ese?

—Quédate todo el tiempo solo mirando la cara de Poché. No mires en ningún otro lugar.

—Tiene razón. — Dijo Mafe, divertida.

—Ni iba a mirar... — Dije, sintiéndome aún más aterrorizada. —Eso no es gracioso. Me están poniendo más nerviosa.

—Intenta no desmayarte, ¿de acuerdo? — Dijo German y asentí dándole la espalda. Entré en un pasillo siguiendo a la Dra. Angelina. Me puse la ropa azul del hospital un poco desesperada y caminé rápidamente a la sala de partos.

—De acuerdo, Daniela. ¡No te desmayes

Marketing (Adaptación Caché G!p)-TerminadaHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora