Capítulo 39

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DANIELA POV

Vi a Poché envolverse en una toalla y salir caminando de allí. Salí de la piscina lo más rápido que pude y fui tras ella envuelta en una toalla. Si Poché pensaba que me iba a dejar así, estaba muy equivocada.

—¿Te estás volviendo loca? — Pregunté y ella me miró rápidamente, pero luego volvió a caminar.

—No sucederá, Daniela. — Fue caminando a su habitación. Entró e intentó cerrar la puerta, pero empujé entrando con ella y cerrándola con llave. —¡Sal de aquí! Ya te dije que no conseguirás nada.

—No estés tan segura. — Dije y la presioné contra la pared. Acerqué mi cuerpo al de ella y nuestros labios quedaron muy cerca.

—Aléjate de mí. — Dijo jadeando tratando de empujarme por los hombros.

—¡No! — Dije un poco desesperada, porque no podía aguantar más. Ella solo me miró por un rato. —Si dices que no quieres, nunca volveré a intentar nada contigo, lo juro. — Mi corazón se apretó al escuchar la mierda que estaba diciendo, porque nunca podría estar sin ella, sin su toque, sin sus besos. Esa era una de las muchas promesas que no iba a cumplir. Ella no dijo nada más, así que la besé sosteniéndola con mucha fuerza. Ella trató de empujarme una vez más, así que agarré sus brazos con fuerza y los levanté sujetando sus muñecas sobre su cabeza contra la pared.

—Daniela, no... — Susurró mientras yo besaba su cuello aún sujetando sus manos. —¡Idiota!

—Mírame... — Dije sonriendo y ella me miró a los ojos. —Dime que no me quieres, dime que no quieres que te folle. Dime que no estás loca por abrirte de piernas para mí...

—Vete a la mierda... — Exclamó y atacó mis labios sin ningún cuidado. Lentamente fui soltando sus manos y ella las llevó a mi nuca. Nuestro beso se estaba haciendo cada vez más intenso. Ella prácticamente me comía sin piedad alguna.

Le saqué la toalla y presioné mi cuerpo contra el de ella rozando mi erección a propósito. Agarré su cintura con fuerza, apretándola y acercándola aún más a mí. Llevé una de mis manos a su pecho, apreté lentamente besando su cuello haciendo un camino hacia uno de sus pechos. Poché suspiró al sentir mi boca y apretó sus dedos en mis mechones insentivándome a continuar. Prácticamente estaba mamando su pecho escuchándola gemir.

La levanté y ella envolvió sus piernas alrededor de mi cintura y gemí cuando mi polla tocó su coño húmedo. La llevé a la cama y me acosté sobre su pequeño cuerpo, haciendo un esfuerzo enorme para no poner todo mi peso sobre ella. Su respiración se estaba volviendo cada vez más agitada y eso me excitaba aún más. Abrí sus piernas y acerqué mi boca a su coño, dejó escapar un suave gemido y abrió aún más las piernas.

—Hazlo ya. — Dijo Poché y atendí a su pedido rápidamente. Lamí su entrada y ella arqueó la espalda. DesEvalunaaba la punta de mi lengua y Poché gemía cada vez más fuerte. Lo correcto sería hacerla gemir más bajo o taparle la boca, pero me estaba encantando escuchar sus gemidos. Puse mi mano en su cintura y Poché empezó a moverse contra mi boca, volviéndome completamente loca. Llevé mi mano a mi polla apretando un poco para aliviar la tensión en ese lugar.

Ella gemía cada vez más fuerte, sostenía mi cabello con fuerza y se retorcía en mi boca. Eso me estaba volviendo loca. Le penetré con un dedo y seguí chupando cada parte de su coño, cada vez más rápido.

—Ven aquí... — Dijo Poché agarrándome el pelo con fuerza y me levanté. Me giró en la cama quedando encima mío chupando mi cuello con fuerza. Pasaba sus dedos en mi abdomen, lentamente, mientras me miraba intensamente. Mis ojos acompañaban cada toque suyo. Toques que parecían quemar mi piel.


—Te necesito... — Dije mientras sentía que los pequeños dedos de Poché acariciaban mi barriga de una manera muy provocativa. Ella apartó la mirada de sus propios movimientos y me miró.

—Yo también te necesito... — Poché sonrió débilmente y bajó sus labios a mi abdomen. Sentí que su mano comenzaba a masturbarme con una lentitud que me estaba torturando. Me di cuenta de que Poché se estaba controlando un poco, no le importaba en lo absoluto ser agresiva conmigo en la cama, pero ahora se estaba controlando.

—Ven acá — La levanté y acerqué mi boca a su oído. —Quiero que me montes con fuerza, que lo hagas con brutalidad como sueles hacerlo. Sabes que me gusta cuando eres ruda. Vamos, Camz. ¡Hazme pagar! — Dejé de hablar y ella se apartó mirándome. Vi que sus pupilas estaban dilatadas y sonreí al ver que debía estar excitada solo por escucharme.

Ella no dijo nada. Solo sostuvo mi polla con un poco más de fuerza y la metió en su coño dando una sentada tan fuerte que llegué a marearme. Acercó su rostro al mío y se quedó mirándome mientras yo gemía descontrolada. Tenía su mano en mi cuello y apretaba cada vez que mi polla entraba en ella por completo. Ella me montaba tan fuerte y profundo que necesitaba sostener su pequeña cintura para controlar un poco sus movimientos antes de que se lastimara.

Lo más delicioso era escucharla gemir mientras me montaba, sus ojos cerrados, controlando sus movimientos haciendo lo que quería, de la manera en que le gustaba. Poché se movía más fuerte y rápido y eso me estaba dando una calentura descontrolada, ya no podía contener mis gemidos.

—Daniela, gime despacio. — Dijo Poché con una sonrisita y comenzó a moverse más rápido, su culo chocaba contra mis muslos emitiendo un sonido ruidoso. Su cuerpo era un pecado. La amaba. Me excitaba ese pequeño cuerpo moviéndose encima de mí. Por Dios, amaba a esa mujer.

—Joder... Ven aquí. — La aparté de encima mío y la puse boca abajo en la cama. Levanté un poco sus caderas y ella se puso de cuatro para mí. Tenía una vista perfecta. Me puse detrás de ella y le metí mi polla con fuerza, sujetándola firmemente de su cintura para que no saliera de su lugar. Comencé a embestirla rápidamente concentrándome para no correrme con el sonido de sus gemidos que hacían que mi polla palpitara fuertemente en su coño. Mis movimientos eran rápidos e intensos.

—Quieres volverme loca. — Poché se retorcía debajo de mí y vi que estaba llegando al ápice.

—Sí. — Dije y la embestí más fuerte. Sujeté con las dos manos su culo acercándola más a mí. Poché se empinaba cada vez más mientras tiraba de las sábanas de la cama. Estaba disfrutando sentirla retorciéndose en mi polla. —Ah... sí.

—¡Daniela! — Poché no gimió, gritó y se apoyó en sus dos brazos echando la cabeza hacia atrás. Que escena tan maravillosa. Sujeté firmemente su cabello y empujé profundamente en ella, mi cuerpo daba espasmos cada vez que ella gemía mi nombre. Ella comenzó a temblar violentamente y sentí que se estaba corriendo. Mi polla vibró dentro de su coño y la saqué de su interior masturbándome rápidamente y derramando mi semen en su culo. Poché gimió aún más al sentirlo.

Se arrojó sobre la cama y me acosté a su lado, las dos nos quedámos mirando el techo tratando de tomar algo de aire. No sabía por qué, pero estaba sonriendo como una idiota. No tenía idea de por qué estaba así. Tal vez era porque Poché estaba allí y habíamos acabado de follar después de dos semanas. O tal vez porque había dicho que me necesitaba. No sabía por qué estaba tan feEvaluna.

—Estás muy sonriente. — Poché rompió el silencio y solo entonces me di cuenta de que me estaba mirando.

—Estoy feEvaluna.

—¿Estás feEvaluna porque me follaste? — Preguntó y la miré.

—Estoy feEvaluna porque te tengo. Y tenerte así de cerca otra vez solo me hace más feEvaluna. — Dije y ella sonrió. Se volteó en la cama y se acostó encima mío.


—Haz algo malo, cualquier cosa que me impida amarte tanto.

—Ya he pasado mi límite y aún estás aquí. Ya no sé qué hacer. — Dije y ella me dio una cachetada. —¡Ay! Estoy bromeando. — Dije sintiendo mi mejilla arder y ella se echó a reír.

—Te voy a matar, idiota — Dijo Poché y me reí.

—Ya me mataste de calentura. — Agarré los mechones de su nuca con un poco de fuerza y la atraje hacia mí. La besé con calma sintiendo un sabor salado en sus labios y supuse que era de su sudor. Deslicé mis manos por su espalda hasta sus muslos y apreté. Subí mis manos a su culo y apreté aún más fuerte, presionándola contra mi cuerpo. Poché gimió en mi boca y luego apartó sus labios de los míos con los ojos cerrados y una sonrisa hermosa en su rostro. Y cada vez que sonreía lo sabía, era esa sonrisa que quería ver hasta el último día de mi vida.

—Vamos a ducharnos para dormir, ¿de acuerdo? — Me dio un besito y se levantó. Me quedé mirándola mientras buscaba algo por la habitación. No quería que ese momento terminara. Temía cómo Poché actuaría al día siguiente. No quería que eso terminara allí y no dejaría que terminara.

—Vamos a salir. — Dije y Poché me miró.

—Son las dos de la madrugada, amor.

—Lo sé... — Me levanté y fui hacia ella. —Pero quiero salir. Quiero estar a solas contigo y ver el amanecer a tu lado.

—Tengo un show mañana, Daniela. Y no puedo salir así, necesito un baño. — Dijo y me rasqué la cabeza tratando de pensar en algo que nos sacaría de allí más rápido. Me puse una bata y le di a Poché otra para que se la ponga.

—Te traeré de vuelta temprano en la mañana. Ahora ven conmigo. — La llevé de la mano hacia la cómoda que tenía su ropa, agarré una camiseta y unos shorts de dormir que me gustaban. Caminé hacia mi habitación tirando de su mano y agarré una camiseta y unos pantalones de chándal para mí. —Vamos. — Dije y Poché tiró de mi mano frenándome.

—¿Vas a dejar a Brittany sola? — Dijo y miré a la cama, viendo a Brittany durmiendo boca abajo. Fui hacia ella y la cargué. Ella rápidamente se agarró a mi cuello y suspiró ruidosamente. —¿Qué estás haciendo?

—No puedo dejarla sola, ¿verdad? — Puse una sábana encima de Brittany y salí de la casa. Acosté a Brittany en un diván cerca de la piscina y la dejé allí.

—¿Qué demonios estás haciendo? — Dijo Poché y antes de que pudiera pensar la empujé en la piscina. —¿Te has drogado de nuevo?

—Claro que no. Idiota. — Me quité la bata y también salté a la piscina.

—¿Ni siquiera puedo tomar un baño decente? ¡Esto es asqueroso! — Dijo Poché riendo.

—No podemos demorarnos. — Dije viendo a Poché salir de la piscina. Fue a una ducha cercana y se quitó la bata que estaba toda mojada. Se lavó allí mismo sin preocuparse si alguien podía ver y la acompañé. Nos secamos y nos vestimos. Tomé a Brittany que aún estaba durmiendo y fui al auto.

—Deja que mi madre se entere de que sigues yendo de aquí para allá con su auto. — Dijo Poché y tomó a Brittany de mis brazos. Se sentó en el asiento delantero con la niña acostada en su regazo y las envolvió a las dos con la sábana.

—Tu madre me dio permiso. Ya tiene otro auto y dijo que no le importa prestarme este. — Arranqué el auto y salimos de allí.

No sabía exactamente a dónde iba, porque no conocía Río de Janeiro. Solo quería encontrar un lugar tranquilo, incluso sin saber si era posible encontrar alguno en esa ciudad. Incluso a esta hora de la madrugada, en algunas calles había mucha gente en fiestas con música a todo volumen. La ciudad era realmente hermosa y muy movida. No me importaría mudarme allí con Poché algún día.

Marketing (Adaptación Caché G!p)-TerminadaHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora