Capítulo 35

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DANIELA POV

Ha pasado un tiempo desde que Poché y yo nos comprometimos. Éramos novias, pero la intención era casarnos. Estábamos preparando todo con mucha calma, porque Poché no quería que todo fuera muy apresurado y no quería que fuera algo muy grande, quería que fuera algo íntimo. Sabía que ella solo quería evitar el estrés que generalmente causaba eso, porque pensaba que yo no podía estresarme mucho, y tenía razón.

Era 4 de julio y feriado en los Estados Unidos. Un día en que todas las familias se unen y comen pavo y cotillean de la vida de los demás. Agradecí mentalmente por tener solo a Poché a mi lado en ese día. Desearía que Brittany también estuviera, pero por supuesto que mi madre ya había llevado a la niña a su casa.

Eran más de la cinco de la mañana y estaba en la sala hablando con Alba. Estaba esperando a que Laura terminara de prepararse ya que se irían a Texas. Poché le estaba ayudando a Laura a empacar sus cosas.

—Escuché como: "Ahhh... Así... Que coño delicioso Poché". Ya no puedes negarlo, Daniela. — Dijo Alba en voz baja, como si no quisiera que nadie más que yo escuchara. Y ya estaba roja como un tomate por el asunto.

—Eso es imposible. Tu habitacion está al final del pasillo.

—Para que veas. Son muy escandalosas. — Se rió y se acercó. —Hasta salí de mi habitación y fui cerca de tu puerta para escuchar, pero Laura se despertó y me llevó de regreso a la habitación tirándome de las greñas.

—Ya no tengo privacidad.

—Ah, no pienses así. Solo quería asegurarme de que no iban a tener sexo anal para decirte que perdiste la apuesta. — Dijo Alba y puse los ojos en blanco. La apuesta era que Alba o yo tendríamos que convencer a nuestra novias de tener sexo anal y quien lo hacía primero ganaba. Lo intentamos en el mismo día, pero solo Alba tuvo éxito. Si perdía tenía que salir a la calle con un vestido puesto. No era tan difícil, pero no quería perder. No quería usar vestido por obvias razones y porque lo odiaba. No sabía por qué me había tomado esto en serio. Alba me ponía en situaciones estúpidas y yo caía redondita como una imbécil.

—Está bien. Cuando vaya a algun lugar me pongo un vestido. — Bufé y Alba se echó a reír. —A veces creo que tu cerebro tiene forma de coño...

—Tienes razón. Lo bueno es que esta apuesta terminó. — Dijo Alba y no pude evitar reírme.

—¿Qué apuesta? — Dijo Laura entrando en la sala y Alba se asustó. Poché estaba sonriente a su lado.

—¿Apuesta? ¿Quién habló sobre apuesta? — Alba se hizo de la desentendida.

—Tú lo dijiste, Alba. Escúpe. — Dijo Laura poniéndose las manos a las caderas y Alba le contó todo. Vi que claramente Laura era la que mandaba en la relación. —Se parecen a esos adolescentes de secundaria que hacen apuestas estúpidas con chicas de por medio.

—Tienes razón. — Dijo Poché. —Daniela ni siquiera lo intentó. — Dijo Poché y Alba se echó a reír y enseguida Laura le dio un golpe en la cabeza, haciéndome reír.

—Esperaré a que lo pidas, amor. — Me acerqué a Poché sosteniendo su cintura y le di un besito.

—Debe ser difícil resistirse a Camilita — Dijo Alba y la fulminé con la mirada y Laura hizo lo mismo. —¡Cálmense, es broma! — Dijo y Laura aún la miraba seria, parecía no haberle gustado el comentario de su novia. Sabía que estaba bromeando, pero a veces se pasaba de los límites.

—Me voy, chicas. — Laura se acercó aún seria y nos abrazó. —Espero verlas pronto. — Laura abrazó a Poché una vez más y besó su frente.


—Nos vemos, Daniela. Comportate, ¿eh? — Laura besó mi mejilla y se dio vuelta. —¡Adios! — Pasó directo sin mirar a Alba y salió por la puerta. Alba arqueó una ceja se echó a reír.

—¡No sabes bromear! — Gritó para que Laura pudiera escuchar. —Adiós, chicas. Necesito ir tras esa bruja. ¡Estoy jodida! — Alba nos abrazó a Poché y a mí. Tomó su mochila y corrió tras Laura.

—Alba es un caso especial, pero no creo que Laura tenga mucha paciencia. — Dijo Poché tirándome de la mano para ir a la habitación.

—Alba es juguetona y hace bromas todo el tiempo. Laura es una chica más seria. Son personas diferentes, pero parece que se llevan bien. — Dije acostándome en la cama.

—¿Crees que tú y yo somos personas diferentes? — Preguntó a Poché apoyando su cabeza en mi pecho y cubriéndonos a las dos. Pensé por un momento tratando de entender su pregunta.

—¿Cómo?

—Digo como Laura y Alba. — Me miró.

—Lo somos, Poché. Eres dulce, siempre simpática y amable con la gente. Te apegas fácilmente a cualquier cosa y eso te lastima la mayoría de las veces. Pero siempre sabes lidiar con tus problemas. Eres encantadora y es difícil para cualquiera hablar cinco minutos contigo y no enamorarse. — Dije y ella arqueó una ceja. No dijo nada, así que continué. —Yo soy grosera, no me gusta hablar con gente aburrida y odio hacer nuevos amigos. Si surge algún problema, por más pequeño que sea, nunca sé cómo lidiar y me pierdo y hago un montón de mierda siendo que podría simplemente resolverlos...

—¿Daniela? — Poché me interrumpió. —Estás hablando de mis cualidades y tus defectos.

—Lo único bueno que tengo eres tú. No hay persona en el mundo que no tenga envidia de mí simplemente por el hecho de que seas solo mía.

—Eso no es verdad. Tus fans ya me amenazaron de muerte, ¿de acuerdo? Sabes muy bien que eres muy deseada, eso me molesta a veces, pero tengo que soportarlo. — Poché hizo un puchero y sonreí.

—Está bien. Entonces somos dos envidiadas. — Dije y besé su cabeza. Poché tomó mi barbilla con una mano y presionó sus labios contra los míos, besándome suavemente. Metí mi mano entre los mechones de su cabello y apreté con los dedos tratando de profundizar el beso, pero Poché parecía somnolienta. Bajé mi mano hasta su vientre y metí mi mano por debajo de su camiseta. Traté de subir mi mano, pero Poché la quitó de ahí y la colocó alrededor de su cintura. En un impulso tiré a Poché sobre mí y ella parecía débil, pero no me importó. Ella continuó besándome lenatamente mientras yo ya estaba en llamas debajo de ella.

Sujeté su cintura con fuerza moviendo su pequeño cuerpo hacia adelante y hacia atrás sobre mí, sintiendo su coño rozar contra mi polla por encima del pijama. Ella se levantó un poco, posó las rodillas sobre la cama y siguió besándome. Traté de bajarla nuevamente para que su cuerpo entrara en contacto con el mío, pero Poché estaba imposible. Chupé su labio inferior con fuerza y ella gimió.

—Daniela... — Dejó de besarme.

—¿Qué?

—Tenemos que dormir. Vamos a despertarnos dentro de poco. — Dijo y salió de encima mío. Se acostó a mi lado y se cubrió los ojos con el antebrazo. Me subí encima de ella y besé su cuello.

—¿Para qué nos vamos a levantar temprano? No tenemos nada que hacer. — Hablé con mi cara enterrada en su cuello. Llevé una mano a su pecho aún cubierto y apreté.

—Ahhh... Daniela... Es el 4 de julio. Claro... que vamos a hacer algo. — Dijo Poché y no le presté mucha atención. Levanté su camiseta y rápidamente llevé mi boca a uno de sus pechos. Poché rápidamente agarró mi cabello y tiró con fuerza alejando mi rostro de allí. Estaba empezando a hacerme enojar. —No, Daniela. No quiero. Tenemos que dormir, es enserio. — Dijo Poché mirándome seria y vi que estaba tramando algo. Estaba en llamas y no podía quedarme así, tenía que convencerla de alguna forma. Bajé mi mano hasta su sexo y lo sentí empapado. Pasé mis dedos suavemente escuchando a Poché gemir por lo bajo. Saqué mis dedos de allí y los llevé a su boca.


—No parece que no quieres. — Dije pasando mis dedos por sus labios. Poché gimió y se chupó los labios sintiendo su propio sabor en su boca. —Voy a donde quieras si me dejas divertirme un poco. — Dije apretando su coño.

Poché me arrojó sobre la cama y se quitó los pantalones de chándal. También me quitó los míos y se acostó encima de mí. Me besó con más intensidad mientras yo acariciaba todo su cuerpo. Abrí más las piernas y Poché se puso entre ellas dejando nuestros sexos en contacto. Comencé a frotar mi polla dura contra ella cuando Poché comenzó a menearse de una manera sexy encima de mí, llevándome a la locura. Poché se movió más rápido presionándose contra mi polla y tomé su cintura con fuerza posicionando mi polla en su entrada y deslizándola lentamente dentro de su coño. Ella me arañaba los hombros agresivamente y no fui sutil al momento de chupar su piel. Estaba jodidamente excitada. Agarré su culo con fuerza y le di una fuerte nalgada. Ella automáticamente comenzó a moverse más rápido haciendo que mi polla se contrajera de placer.

La sostuve con una mano en su espalda y la otra agarrándola fuertemente del pelo. La embestí fuerte y rápido, sintiendo mi polla vibrar fuertemente. Poché soltaba algunos gemidos arrastrados en mi oído, volviéndome aún más loca.

—Córrete para mí, amor — Poché gimió en mi oído y no pude contenerme más. Sentí su cuerpo estremecerse sobre mí y me corrí con ella. Poché continuó encima de mí respirando de forma irregular y acelerada. Le acaricié el pelo y besé su cabeza. Nos quedamos allí un rato y me di cuenta de que Poché se había quedado dormida encima de mí. No quería despertarla, así que la dejé allí e intenté dormir.


—Hey, Daniela. Despierta, amor. — Poché me sacudía pero estaba demasiado perezosa para abrir los ojos. Intentaba abrirlos, pero mis ojos estaban pesados. Resultado de una mala noche de sueño. —¿Ves por qué no quería tener sexo? — Poché gruñó y abrí los ojos. Ella estaba sentada al borde de la cama acomodando una bandeja que suponía que traía el desayuno. Ella ya estaba arreglada y solo entonces recordé que tendríamos que ir a algún lado. Estaba vestida con una falda blanca ajustada y una blusa sin mangas con estanpado de jaguar. Me miró de nuevo y sonrió. —Ah, abriste los ojos.

—No sé para qué. Son las 11:30 de la mañana y hoy es feriado. — Dije señalando el reloj.

—Eso, tú quejándote y aquí tu noviecita tonta trayéndote el desayuno a la cama. — Dijo poniendo la bandeja sobre la cama. Sonreí con lo de "tu noviecita". Miré su mano, solo para asegurarme de que el anillo aún estaba allí, y sonreí de nuevo. —¿Qué pasó?

—Nada, amor. ¿Ya comiste? — Pregunté.

—No. Desayunaré contigo. Incluso sabiendo que eres capaz de comértelo todo tú sola. — Dijo y desayunamos juntas.

Después de eso, Poché obligó a ir a darme un baño y prepararme diciendo que íbamos a salir. No protesté e hice lo que dijo, ya que había prometido ir a cualquier parte con ella. Me duché y fui al closet, tendría que usar un vestido para cumplir el castigo de la apuesta. Me puse un vestido rojo, me miré en el espejo y suspiré.

—Que no se me ponga dura. Amén. — Me dije a mí misma.

—Amor, estás lis... — Poché entró en la habitación y ensanchó los ojos cuando me vio.

—Lo sé, me veo como una pasiva. — Dije y ella asintió. —Aposté con Alba, ya sabes. Sácate una foto conmigo para publicarla. — Dije tirándola por la cintura y encendiendo la cámara del teléfono.

—¿También tienes que publicar una foto? — Dijo Poché mirando a la cámara y yo asentí.

—¡Listo! Espero que esto sirva.


—Vámonos. — Dijo tirando de mi mano. —¿Dónde está la llave de tu auto?

—Están abajo. ¿Por qué?

—Hoy conduzco yo. — Dijo Poché y fruncí el ceño. Cogió las llaves y fuimos al auto.

—¿Desde cuándo conduces? — Pregunté. —Nunca te he visto conducir.

—Hace un tiempo que no conduzco, cariño. Mejor ponte el cinturón y agarrate fuerte. — Poché encendió el auto y salímos de allí lentamente.

No dije nada al principio, porque Poché parecía estar yendo muy bien, lento pero bien. Después de un rato fue realmente aterrador estar dentro de ese auto. Poché miraba en el teléfono la dirección de algún lugar e intentaba ponerla en el GPS, dejando que el auto vaya solo, lo que me asustaba un poco.

—Dios, déjame conducir a mí. Vas a chocar mi auto. — Dije jadeando y Poché se echó a reír.

—Cállate, no soy tan mala. — Dijo Poché y casi morimos cuando se olvidó frenar en una lomada.

—Creo que me rompí el cuello. — Dije y ella se rió aún más. Poché entró en una calle que yo conocía, pero no había ido allí hace algunos años. Comenzó a ir lentamente con el auto y me puse seria, viéndola detener el auto frente a la casa de mi madre. —¿Qué estás haciendo? — Pregunté empezando a sentirme nerviosa.

—Tu madre me llamó ayer y me preguntó si queríamos pasar el feriado aquí, estamos invitadas. Muchos de tus familiares están aquí. Es la mejor oportunidad para reconciliarte con ellos. — Dijo Poché y yo me sentía un poco perdida. No estaba preparada para eso. Mi corazón latía muy rápido en mi pecho y pensé que me desmayaría en cualquier momento.

—¿Por qué no me lo dijiste? — Pregunté.

—Porque es obvio que no ibas a querer venir. ¡Ahora vamos! — Abrió la puerta del auto y salió. Rodeó el auto y me abrió la puerta. —Estoy contigo. ¿Vamos, por favor? — Preguntó y la miré desconfiada. No sabía qué hacer, no sabía cómo reaccionarían al verme después de años sin hablar con ninguno de ellos. —Confía en mí, Daniela.

—Está bien. — Salí del auto y tomé la mano de Poché con fuerza. Entramos por el patio trasero de la casa y luego mi madre nos recibió. Parecía sorprendida y alegre.

—No puedo creer que hayan venido. Pensé que Daniela no lo aceptaría. Es un milagro. — Mamá saludó a Poché e hizo lo mismo conmigo. —Sonríe, Daniela. Hoy es día para celebrar. Toda la familia estará contenta de que hayas aparecido. Pasen. — Dijo mamá y Poché la siguió tirando de mi mano.

Entramos en la casa y fuimos a la sala de estar, donde estaban todos juntos cantando alguna canción. Entramos en la sala y cuando me vieron todos se callaron y solo se podía escuchar los grillos cantando. Mi abuela, mi padre, mis hermanos, sobrinos, tíos, primos y Brittany estaban allí. Todos me miraban serios, solo la abuela me sonreía. Apreté la mano de Poché con fuerza y ella me miró.

—Todo está bien. — Susurró y los miró. —Chicos, convencí a Daniela de que viniera. Pasaremos el feriado con ustedes si no es mucha molestia. — Dijo Poché y ellos se rieron.

—¡Daniela está de vuelta, chicos! — Chris gritó y todos lo siguieron. Me mantuve seria, me costaba creer que incluso después de todo, estaban entusiasmados con mi regreso.

Todos decidieron levantarse para saludarme, y solo entonces pude soltarme y sonreír. Estaba realmente feliz en medio de todas esas personas. Brittany jugaba en el suelo con Enzo y Melanie. Enzo era hijo de Chris y Melanie hija de Juliana. Los abracé a ambos y ellos incluso sin saber quién era, retribuyeron.

—Ella es su tía, Daniela. — Juliana se acercó. —Enzo tiene tres años y Mel acaba de cumplir cuatro. Me alegra que hayas venido, Daniela. — Dijo tomando mis manos. —No sé qué hizo que te fueras de la nada, pero tienes que saber que alegraste aún más nuestro día. Siempre parecía que estaba faltando algo, pero ahora está completo. — Dijo Juliana y no pude decir nada, solo la abracé fuertemente mostrando que todo estaba perfectamente bien. Hasta que Matu apareció.

—Daniela... — Me sacó de los brazos de Juliana y me abrazó con fuerza. —Pasaste por mí un millón de veces y fingiste que no me veías. ¿Qué pasó? ¿Ya no amas a tu prima? — Preguntó y traté de sonreír.

Matu era mi mayor tentación. Era una rubia de ojos verdes, que con 27 años era extremadamente sexy y me quitaba la cordura. Mi primera vez había sido con ella. Todo lo que sabía había aprendido con Matu. Cada vez que veníamos ella me provocaba y terminábamos en la cama. Pero esta vez, yo estaba comprometida. —¿Tendrías un tiempito especial para mí hoy? — Ella preguntó y tragué en seco.

—Estoy comprometida, Matu. — Dije levantando mi mano para mostrarle el anillo.

—Yo también... — También levantó su dedo mostrándome el anillo.

—No engañaré a Poché. — Dije y ella frunció el ceño, pero luego sonrió maliciosamente y se acercó a mi oído.

—Veremos hasta donde aguantas. — Susurró y salió de allí.

Me quedé paralizada por un tiempo, tratando de borrar todos los pensamientos maliciosos con Matu que pasaban por mi mente. Busqué a Poché con la mirada y ella estaba sentada en el piso jugando con los niños. Me senté en el sofá cerca de ella y mi padre me sirvió un vaso de whisky. Matu pasaba todo el tiempo frente a mí y por poco no pegaba su culo en mi cara. Era imposible no mirar. Llevaba unos shorts muy cortos y una blusa muy escotada. Miré a Poché tratando de, una vez más, alejar esos pensamientos y ella me estaba fulminando con la mirada. Supongo que me había visto mirar a Matu. Iba a preguntarle qué le pasaba, pero Enzo le dio un golpe en la cara a Brittany y ella comenzó a llorar.

—¿Qué te pasa, Enzo? — Chris se acercó tomando al niño en sus brazos que ahora también lloraba, porque Brittany le había regresado el golpe. —No puedes pegarle a tu prima, Enzo.

—Brittany, ven aquí. Vamos afuera. — Intenté tomar a Brittany, pero Poché me detuvo.

—Déjamelo a mí. Puedes seguir comiéndote con la mirada a tu prima. Yo cuidaré a Britt. — Dijo Poché poniendo el chupete en la boca de Brittany y tomándola en sus brazos. Salió tan rápido que ni siquiera tuve la oportunidad de responder. Iba a ir tras ella, pero mi madre me llamó para algo en la cocina.

—Solo corta estas papas para terminar más rápido. Ya casi todo está listo. Llamaré a alguien para que te ayude.

—Está bien, mamá. — Dije y sus ojos brillaron. Ella sonrió y salió de la cocina dejándome sola. Sabía que toda esa alegría era porque le dije mamá, algo que no decía hace mucho tiempo.

Traté de cortar las papas, pero realmente no tenía la habilidad para eso. Sentí que dos manos me cubrían los ojos y me asusté. Levanté la cabeza en un impulso, encontrándome con Matu.

—Tranquila. Solo soy yo. — Matu se acercó a mí pegando su cuerpo al mío.

—Por favor, no empieces. — Le rogué, pero fue en vano. Ella me empujó y me presionó contra el lavabo presionando nuestros cuerpos. Ella trataba de acercar sus labios a los míos, pero yo me esquivaba, estaba cada vez más encima del fregadero.

—Dime que no quieres y me detendré. — Dijo y por una razón muy estúpida me quedé callada, solo mirándola con los ojos ensanchados. No podía, eso era absurdo. Quería, pero no podía. Eso estaba mal. —Lo quieres, Daniela. No hay nadie aquí. Dime que no puedes resistirte a mí.

—No, por favor. ¡No puedo! — Supliqué en un susurro apretando fuertemente los bordes del fregadero. Realmente era muy difícil de resistir. Podría empujarla, pero estaba sin reacción. Sin previo aviso pegó sus labios en los míos e intentó besarme. Me quedé paralizada sintiendo sus labios moverse contra los míos, pero los míos seguían inmóviles. Mis ojos estaban ensanchados. Tenía que alejarla.

Sostuvo mi cara con fuerza, como si me pidiera que le devolviera el beso, pero no podía. Tomó mis manos que estaban al borde del fregadero y las puso sobre su culo, haciendo que un escalofrío recorriera mi cuerpo. Eso no estaba bien, y cuando decidí empujarla ya era tarde. Miré a la puerta de la cocina y vi a mi madre y a Poché con Brittany en sus brazos mirando la escena inmóvil. Le pasó a Brittany a mi madre para que la cargara y salió corriendo con lágrimas en sus ojos.

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