Los días de verano transcurren a un paso torturantemente lento. Solo han pasado dos semanas desde la graduación y parece que haya sido hace meses a causa de todos los hechos que he vivido. Pero, no, todavía estamos a mediados de julio y, pese a todos los esfuerzos de Connor para entretenerme con tal de que el verano se me haga más ameno, se me hace totalmente eterno.
—Simplemente odio el verano —me quejo cuando me llama al medio día.
Estoy encerrada en mi habitación, con el aire acondicionado a toda máquina, vestida con mis pantalones cortos y una camiseta de tirantes. El mismo Connor me ha recomendado una serie de Netflix, por lo que llevo entretenida todo el día y solo me levanto para coger bebidas frías de la cocina.
Nuevamente, mis padres están trabajando fuera, aunque, en esta ocasión, se encuentran en Alaska donde, afortunadamente, no hace tanto calor como en Riverside, un auténtico horno.
—Cuando empieces el curso en la universidad te acordarás de estos momentos —me advierte desde el otro lado de la línea—. Ya lo verás.
La verdad es que está en lo cierto, dado que mi nuevo comienzo en la Universidad de California empezará después de este periodo vacacional y soy consciente de que será un año bastante duro y emocionante.
—Sí, pero al menos no sudaré al salir a la calle como si hubiera hecho ejercicio durante ocho horas —replico abanicándome la cara con una mano.
—Bueno, Irina, paciencia —dice con voz suave—. Mañana no trabajo durante todo el día, así que, si quieres, puedes venir a mi casa a desayunar y a pasar el día en la piscina. Pasaré a buscarte a las nueve. ¿Qué te parece?
—Claro —acepto—, me encantaría.
—Ah —añade—, a todo esto —me lo imagino pasándose los dedos por los mechones rubios y brillantes de su flequillo—, te he llamado porque quería invitarte a una fiesta de empresa que celebro anualmente.
—Suena bien —puntualizo—. ¿Cuándo es?
«Como si tuvieras algo que hacer...», digo para mis adentros.
—Mañana te explico todos los detalles —indica apresuradamente—. Solicitan mi presencia, Hickson —se excusa—. Recuerda, mañana a las nueve. No desayunes.
—Genial —suelto dando un sorbo a mi granizado de limón—, hasta mañana, Davis. Que tengas un buen día —me despido.
—Adiós, correspondida de Cupido —se despide él antes de que se corte la línea, a lo que yo sonrío.
—¡Buenos días! —saludo en el marco de mi puerta a las nueve en punto de la mañana siguiente—. Entra, adelante, estoy a punto de terminar de arreglarme.
Connor sube los escalones hasta el recibidor, se aproxima a mí y me planta un beso rápido en los labios a modo de saludo. Seguidamente, lo guío a mi habitación por las escaleras y se sienta en un borde de mi cama mientras yo termino de peinarme frente al espejo de cuerpo entero.
Aunque esté de espaldas a él, a través del espejo, en su reflejo, veo cómo sus ojos reparan en cada detalle de la estancia, observando con detenimiento cada rincón. No es la primera vez que viene a mi casa, pero supongo que no acaba de acostumbrarse a espacios tan pequeños y cotidianos.
—¿Te has terminado la serie que te recomendé? —pregunta.
Me recojo el pelo y le sonrío por el espejo.
—Casi —respondo—, me faltan dos capítulos.
—Te has viciado, ¿verdad? —cuestiona alzando una ceja.
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Cupido S. A.
Ficção Adolescente¿Podrías enamorarte por obligación? Un día cualquiera a Irina se le presenta un tal Cupido en su casa. Este resulta ser el director de la multinacional Cupido S. A. y le explica que ella está correspondida con otra persona, pero que la flecha que lo...
