Capítulo 24

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Narra Marinette:

Al abrir mis ojos, me encontré en un lugar que no conocía de nada.

Temí lo peor.

En el momento en que caí inconsciente, Lila y Kim debieron de tomarme y llevarme a algún lugar donde nadie pudiera encontrarme.

Mi corazón se agitó en sobremanera. No podía dejar que ese cerdo me tocara.

Fue entonces cuando fui consciente de que mis manos no estaban atadas ni nada. Y de que habían dos manchas cerca de mi. Una negra y otra roja.

Me moví en la cama para acomodarme y ambos kwamis se giraron a verme. Cuando se dieron cuenta que estaba consciente, Plagg voló hacia mi pidiédome perdón y llorando. Y Tikki... desapareció.

- Perdóname, Mari. Es mi culpa haberte dejado ir sola aún cuando no estás bien-

- Tranquilo, Plagg. No te culpo de nada- le dije mientras lo sostenía abrazado contra mi mejilla- Ya estoy bien, ¿no? No pasa nada-

- Pero te dejé sola, Marinette. Aún cuando nos prometimos que no nos dejaríamos-

Continué abrazándolo hasta que se calmó un poco. Iba a decirle algo más pero en esos instantes, la puerta del lugar donde me encontraba se abrió y en ella apareció un hombre alto de cabello rubio y ojos verdes. Mi esposo.

Sencillamente, mi corazón esquivó un latido.

¿Era posible que en casi dos meses se viera más irresistible de lo que ya era?

Sus ojos verdes me escudriñaron y cuando se posaron sobre mi, un suspiro de alivio se escapó de su boca. Entonces, corrió lo que quedaba hasta quedar en la cama a mi lado. Plagg se había quedado a mi lado en la mejilla izquierda. No parecía querer soltarme. Y por esa razón, Adrien tuvo que posar su mano en mi mejilla derecha.

- No sabes el terror que me invadió de solo pensar que podía perderte, amor mío-

No paraba de mirar cada céntimo de mi rostro, y yo hacía lo mismo. Llevaba tanto tiempo sin verlo que tenerlo aquí se me hacía casi un sueño. Pero su caricia era real. Sus intensidad era real. Su calor era real.

Sentí mi estómago retorcerse y una bola comenzó a ascender.

Tuve que alejar a Adrien y a Plagg antes de voltearme sobre mi propio estómago y asomarme por el borde de la cama.

Lo que sea que me hayan dado para alimentarme, quedó tirado en el suelo.

La cálida mano de Adrien se posó en mi espalda mientras su otra mano recogió mi cabello para que no se ensuciara.

Lejanamente escuché que Tikki dijo algo, pero no supe lo que fue.

-¿Cuánto tiempo llevas sintiéndote así, Mari?- me preguntó-

- Un par de semanas- le respondió Plagg por mi- Desde que te fuiste ni se alimenta bien ni duerme bien. Lo poco que come, lo vomita. Y siempre está mareada-

Miré mal a Plagg. Bien podía decirle que me estaba muriendo también.

- Gracias- logré decir con tono sarcástico-

- De nada- respondió él de igual forma-

Adrien nos miró a ambos, y luego su mirada se posó de nuevo sobre mi solamente.

-¿Fue porque me fui?- me preguntó-

-¡No!- negué repetidamente con la cabeza-

Por el umbral de la puerta apareció un hombre mayor asiático seguido por Tikki.

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