CAPÍTULO 29 [Parte 2]

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Sacrificios

¿Nunca han sentido que algunas cosas suceden demasiado rápido? ¿Qué cuando intentas volver atrás y ver todo lo que te ha ocurrido en el día, para ese entonces, el día ya ha terminado? Ivy no podía creerlo, días atrás sus mejores amigos supieron la verdad, dejaron de hablarle y la ignoraron, comenzaron a creer que ella era frívola y malvada como su padre y de pronto eran un poco más amables de nuevo. Claro qu6e era porque había salvado a Albus y lo habían tomado como forma de lealtad, de demostración de que ella no había cambiado.

Se encontraban en un parque muggle, en la zona de las parrillas, los muggles solían ir a comer allí cuando el día estaba lindo como en ese momento, soleado y caluroso, pero con una leve brisa. Decidieron pasar desapercibida perdiéndose entre los muggles, fingiendo ser unos más del montón, para ese entonces Rose y Ivy preparaban el almuerzo en armonía.

— Entonces... Eh, sé que es inapropiado, pero... antes de que todo pasara, ya sabes, antes de que tu...

— Si, entiendo, Rose ¿Qué pasa?

— Bueno... ¿Es cierto que Albus y tú se besaron? –preguntó sorprendiéndola, no pensaba que tocaría un tema tan personal cuando ellas apenas estaban volviendo a hablarse.

— Bueno, sí. De hecho, le dije que me gustaba y él dijo que le gustó también o al menos le gustaba hace una semana atrás, supongo que lo arruiné.

— ¿Eso crees? –dijo–. Bueno, perdona que te contradiga, pero siempre creí que ustedes dos se gustaban en secreto.

— ¿Qué? ¿Por qué pensaste eso?

— Veras, cuando Albus te escribió esa carta anónima para San Valentín, pensé que sabías que fue él quien te la envió.

— Wow, wow, wow, detente ahí –exclamó sorprendida–. ¿Albus me envió esa tarjeta?

— ¿Quién más sino? –enarcó una ceja, como si fuese tan obvio que no saberlo le hacía quedar como una tonta–. Y después creí que te gustaba porque cuando una chica lo rechazó para el baile de navidad, tu dijiste que darías lo que fuera por estar en su lugar.

— Oye, se le llama levantar el ánimo a un amigo, ¿sabes? Deberías probarlo de vez en cuando –refunfuñó.

— Claro, como digas –rió Rose.

Pero Ivy no estaba enojada, solo estaba perpleja. ¿Enserio no había visto todas esas señales? Nunca lo imaginó, nunca pensó en ello, de hecho, cuando el autor de la carta no se presentó, lo dejó en el olvido. Observó a Rose como si quisiera rogarle que le hablara más sobre el tema y ella lo captó enseguida, porque agregó sin más preámbulos:

— Oh vamos, no me mires así, creí que se gustaban desde hacía tiempo, por eso me enojaba que Debby se metiera entre ambos, por eso a veces los dejaba solos, porque veía los pequeños momentos que ustedes no.

— ¿Momentos?

— Como se miraban y sonreían, como toda esa tensión crecía a su alrededor y los demás nos sentíamos como que sobrábamos –sonrió con complicidad–. Albus está enamorado de ti, Ivy, por eso te besó y por eso está herido, no soporta la idea de que la chica a la que quiere y ha querido siempre, le traicionara. Le gustas de verdad.

— Yo también lo quiero, Rose, en verdad siento lo mismo que él y si pudiera cambiar las cosas lo haría, pero no puedo hacerlo. Es hora de que todos lo vayan aceptando, empezando por mí misma.

Rose sonrió con compasión y continúo preparando la comida, se sentía extraño volver a confiar en ella cuando el día de ayer ni siquiera la miraba, comprendía que se habían dañado mutuamente y era difícil reparar algo así, pero eran fuertes y sabían que conseguirían retomar la confianza. Después de todo, Ivy salvó a Albus y aquel simple acto le bastó a la castaña para comprobar que era cierto, Ivy amaba a Albus y nunca lo lastimaría.

Traiciones [Albus Severus Potter]Donde viven las historias. Descúbrelo ahora