CAPÍTULO 32 [Parte 1]

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Ministerio de Magia.

El suelo temblaba bajo sus pies, habían tenido que turnarse para poder entrar al Ministerio de la forma antigua: por la cabina telefónica. Los mayores que podían desaparecerse escogían aquel método y quienes tenían tiempo de ir al baño que los transportaba directamente hasta el atrio, lo hacían. Ivy y Albus junto a James y Lily lograron tocar finalmente el corredor del octavo piso. Se suponía que a esas alturas las personas se estarían yendo a sus casas, estaba anocheciendo en Londres, pero allí abajo a millas de profundidad, alejada de muggles que ignoraban la existencia de la magia, se libraba una batalla que daba paso a la gran guerra final.

Los cuatro corrieron sin esperar a la Orden o al antiguo Ejército de Dumbledore, prefirieron guiarse por el ruido y los gritos que se acercaban cada vez más. Algunos escombros caían del cielo raso o de las estatuas y cuadros a su alrededor. La cabeza de un elfo cruzó volando por encima de James y tuvo que agacharse para no recibir el impacto. Muchos trabajadores corrían despavoridos en dirección a la salida que encontraban a su paso ya que las demás estaban siendo bloqueadas por mortifagos encapuchados.

Ivy sintió un escalofrió recorrer su cuerpo cuando comprobó el estado del lugar: personas heridas, algunos inconscientes en el suelo y en ocasiones se negó a creer que alguno estuviera muerto, pensar en ello le recordaba a Leo y en cómo murió sin siquiera haber tenido una verdadera oportunidad. Se aferró a su varita y frunció sus cejas, no iba a permitir que Kurt se saliera con la suya, no iba a permitir que llegaran hasta a Hogwarts a corromper las vidas de todos los jóvenes estudiantes, jóvenes con toda una vida por delante.

Continuaron corriendo mientras no sabían a qué pequeña batalla unirse, los hechizos volaban de un lado a otro y nadie prestaba atención a su llegada, ¿Dónde estarían los mayores? Se preguntaba Albus, observando a los desconocidos blandir sus varitas como si fueran espadas.

— ¡Miren, allá! –señaló Lily. Una mujer con cabello recogido y un traje de oficina marrón oscuro dirigía a unas cuantas personas detrás de ella. Su peinado se estaba desarmando y los mechones saltaban por doquier, sus sobrinos la reconocieron enseguida–. ¡Es la tía, es la tía Hermione!

— Por Merlín, ¿niños? ¿Qué hacen aquí? Es demasiado peligroso –exclamó sorprendida, tomando a James y a Lily para abrazarlos–, pero mírense, es un alivio que estén bien, ¿sus padres están aquí? Oh Albus, Ivy... ¿Dónde...? ¿Dónde está Rose?

La mujer hablaba tan rápido y cambiaba tanto de expresión que los chicos comenzaban a impacientarse. Por un momento los regañaba, por otro se alegraba de verlos bien y luego, bueno, ellos no sabían cómo contarle a la ministra de la Magia lo que estaba haciendo su hija mayor.

— Ella... ¿ella está bien?

— Señora Weasley, cálmese, su hija está bien –intentó decirle Ivy–. Rose y Scorpius fueron en busca de Narcisa Malfoy, ella tiene a mi hermano.

— ¿¡Pero qué...!?

— Espera tía, no están solos, Victoire y Teddy fueron con ellos y no creemos que la señora Malfoy lastime a su nieto, ellos estarán bien –trató de calmarla, Albus.

— Yo... yo no sé qué... ella tiene que estar bien, necesito confiar en su fortaleza y su habilidad solo... solo espero este bien.

— Lo estará, tía –sonrió Lily.

— Bien, solo tengan cuidado, no deberían estar aquí, yo regresaré en un momento –dijo y volvió a la mujer de trabajo, a la mujer decidida y de semblante serio–. Tengo que llevar a estas personas afuera, estamos evacuando el lugar porque es muy peligroso, algunos se quedarán a pelear, pero son muy pocos, por favor tengan cuidado...

Traiciones [Albus Severus Potter]Donde viven las historias. Descúbrelo ahora