CAPÍTULO 30 [Parte 2]

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Espejos y calabozos.

Ivy se quedó dormida en el suelo, pero por poco tiempo pues cuando el hambre comenzó a llamarla tuvo que esforzarse a levantarse otra vez y buscar la bandeja con comida. Se sentía tan triste y deprimida que pensaba dejarse morir de una buena vez, el dolor sería menos y podría descansar en paz, ¿pero lo haría realmente? No. No sabiendo que su hermano no estaba con su madre y que los Potter no estaban con su familia, antes de morir o pensar en ello, debía asegurarse de que todo saliera bien, de que todos pudieran volver a ser felices. No importaba cuán doloroso se tornase el camino, iba a soportarlo, iba a ser fuerte y se volvería a levantar. La esperanza era lo último que le quedaba, no debía derrocharla, tenía que creer en que saldría de allí, no importaba cómo o cuando, pero Ivy Van Der Woodsen volvería a la vida.

— Te digo que me pareció escuchar algo –una voz lejana y suave hizo eco en el calabozo.

Había comido apenas un poco, solo bebió agua y comió un trozo de pan algo viejo, el resto de carne quemada lo había dejado en la fuente junto con los vegetales. No entraba nada más que preocupación en su estómago y ya creía que estaba volviéndose loca. Habían pasado dos o tres días desde que estaba ahí y Daniel no regresó, pasó mucho tiempo durmiendo o soñando despierta y de pronto, aquella voz salía de su cabeza.

— Ahora escucho voces, no solo hablo sola, sino que también escucho voces –murmuró para sí misma, recostada de lado en el suelo, sintiendo las gotas de agua caer sobre la palma abierta de su mano.

— Ahí está de nuevo, es esa voz, alguien está hablando.

— Calla Lily, no hay nadie, estamos solos –habló una segunda voz, más adulta y quebrada, como si quisiera llorar.

— No es cierto... ¿Hola? ¿HOLA? ¿HAY ALGUIEN?

Ivy cerró sus ojos con fuerza, deseando que su mente no le jugara tan pesada broma, tan cruel y horrible. Tapó sus oídos con sus manos mientras siguió escuchando las voces de la niña, pero eran falsas, no era real, ella estaba sola, los Potter estaban muy lejos. ¿Por qué seguía escuchando a Lily, entonces? Intentó volver a ponerse de pie, mientras se acercaba al otro extremo del calabozo, comprobaría que solo era su imaginación y seguiría tirada en el suelo, sí, eso mismo iba a hacer. Chocó con una pared de concreto cuando estiró sus manos al frente, ¿Cómo comprobaría que se encontraba sola cuando apenas podía ver?

— ¿Hola? –susurró vagamente hacía la nada, sin saber dónde mirar.

— ¡Hola, hola, aquí! –chilló una vocecita cerca de donde se encontraba.

— No veo nada, ¿Quién eres?

— Aquí, aquí –se guió por la voz y por la pared, comenzó a tocar algo frío y de metal, eran como barrotes, seguro era una especie de celda, y antes de que pudiera preguntar de nuevo, una mano un poco más pequeña que la suya la sostuvo de la muñeca, haciéndole gritar del susto–. Shhh, harás que él vuelva.

— ¿Quién eres?

— Soy Lily.

— ¿Lily? Soy yo, Ivy Van Der Woodsen –su voz se volvió ronca al decir su nombre, era Lily, la hermana de Albus, había encontrado a la hermana de Albus o más bien fue al revés. Se aferró a las manos de la niña a través de los barrotes y se arrodilló en el suelo frente a ella–. Oh Lily, ¿estás bien? ¿Dónde está tu familia? ¡Por Merlín, los hemos estado buscando por semanas!

— ¡Eres tú, eres tú! ¡Sabía que vendrían por nosotros, te lo dije James! –gritó hacía la nada.

— ¿James?

— ¿Qué tal, Van Der Woodsen? Sabía que no podrías vivir sin mí –habló una voz un poco más a la derecha y Ivy juraba que el pelinegro estaba sonriéndole, ni siquiera en momentos como este, James dejaba de ser James, lo cual la hizo sonreír.

Traiciones [Albus Severus Potter]Donde viven las historias. Descúbrelo ahora