CAPÍTULO 30 [Parte 1]

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Espejos y calabozos.

Rose condujo por la sinuosa y oscura noche, siguiendo un camino de luces bajo sus pies, escondiéndose tras las nubes. Los truenos y la inminente lluvia ocultaban bastante bien sus sollozos, pero no sabía por cuánto tiempo lo harían. Las lágrimas seguían empapando su rostro, resbalándose por el borde de su mandíbula y aterrizando en su regazo. Su vista no se alejaba del frente, sus manos apretaban con fuerza el volante y se obligaba a no colapsar. Necesitaban ser responsables de sus decisiones, eso pensó ella, si la dejaron ir, entonces debían aceptar que tal vez cometieron el peor error de sus vidas y ya no podían remediarlo. Esquivó una antena a la distancia y comenzó a descender en un bosque bastante amplio, volaron muchísimo desde que la dejaron atrás, desde que le permitieron cometer aquella locura y no sabían cómo mirarse unos a otros.

Scorpius se sentía bastante incomodo, bastante inseguro y torpe, consolar a su mejor amigo nunca fue algo para lo que estuviera preparado ya que nunca había visto a Albus llorar de tal manera; ni siquiera con lo sucedido en cuarto curso. El rubio palmeó torpemente el hombro de su amigo, sin saber que decirle para que se calmara porque nada de lo que dijera o hiciera le haría dejar de sentir tanto dolor. Scorpius trató de no llorar, Ivy solía ser la fuerte del grupo y la que trataba de animarlos cuando decaían, ahora sentía que le debida algo; por alguna clase de razón, le falló por completo.

Pudo haberla salvado, pudo haberla sostenido mejor, pudo haberle incluso prohibido que saliera del coche, pensó torturándose con remordimiento y culpa. Le había fallado a su mejor amigo por no cuidarla, a Rose e incluso a sí mismo, debía reparar el daño. Sí, no sabía como lo haría, pero encontraría a Ivy y la pondría a salvo de nuevo, costara lo que costara.

Albus sintió aquella opresión en el pecho nuevamente. ¿Por qué había dejado que saliera? ¿Por qué confió en su palabra? Porque confiaba en ella y no podía perdonarse el haberla dejado ir, el haber permitido que los mortifagos la capturaran, ¿estaría bien? ¿Herida? ¿A dónde la habrían llevado? Solo rogaba porque siguiera con vida. Las gotas de lluvia golpearon en la ventana y se sintió más nostálgico, más presa del miedo y la preocupación. Más solitario que nunca.

— Si tan solo hubiera impedido que saliera del coche, si la hubiera protegido... –susurró Albus, mientras su voz entrecortada apenas se escuchaba sobre la torrencial lluvia.

— No seas tonto, en todo caso es mí culpa, le hice caso a su maniático y peligroso plan –refunfuñó Rose desde el volante, alejando las lágrimas de su rostro.

— Ya basta ustedes dos, que se echen la culpa solo me hace sentir más miserable –habló Scorpius y sus amigos voltearon a mirarlo–. No la sostuve lo suficiente, podría haberlo hecho hasta ponernos a salvo, pero la dejé ir... dejé que se perdiera en la noche... dejé que se la llevaran y de verdad lo siento.

Los demás hicieron silencio, como pensando en las palabras del rubio, ninguno creía que él tuviese la culpa de algo, si estaban de acuerdo en algo, era que cada uno se carcomía con sus propias razones de culpabilidad, pero secretamente, compartían la responsabilidad de perderla. Todos eran culpables, todos debían remediarlo, sin embargo, no iban a decirlo en voz alta, no eran demasiado valientes como para aceptarlo, exceptuando a Scorpius, a pesar de no tener sus mismos ideales, él seguía siendo un Malfoy.

— No me importa si creen que no tuve la culpa, porque de todos modos la tuve y en el fondo lo saben y les fallé tanto a ustedes como a ella, pero les prometo algo chicos, no voy a descansar hasta traerla de vuelta, pase lo que pase. Ivy volverá con nosotros.

[...]

Despertó en las penumbras, sintiéndose totalmente fuera de lugar, fuera de sí misma. El dolor de cabeza se hacía más intenso mientras comenzaba a moverse en el suelo de concreto, le dolía el cuerpo y ni siquiera podía abrir los ojos, no todavía. Llevó una mano húmeda hacia su frente, la cual estaba aún más mojada, el zumbido en sus oídos no le permitía escuchar nada. ¿Qué había sucedido? ¿En dónde se encontraba? Abrió los ojos con pesadumbres, segura de que vería el rostro ceñudo de su mejor amiga por quedarse durmiendo tan tarde o quizá tuvo un encuentro con carroñeros del que no se acordaba y se quedó dormida, exhausta, herida... Pero no, no eran carroñeros, eran mortifagos; tal vez unos siete y todos iban contra ella y no había nadie para salvarle, estaba sola.

Traiciones [Albus Severus Potter]Donde viven las historias. Descúbrelo ahora