CAPÍTULO 31

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Mansión Malfoy.

Los pasos se alejaron pasillo abajo, ¿en qué piso se encontraban? Seguro en el primero, acababan de salir de un calabozo después de todo. Harry Potter tomó aire presionando en su herida mientras notaba que sus dedos se llenaban de sangre, no iba a durar mucho sin curación mágica. Ginny se había encargado de hacer lo posible para detener la perdida, pronunció algunos conjuros e incluso buscó ropa en el armario para vendar nuevamente a su esposo. Cuando Potter se sentío con la fuerza como para guiar a su familia y a Ivy fuera de la mansión, dio el primer paso fuera del cuarto. Parecía que hubiera sido ayer la última vez que él y sus dos mejores amigos estuvieron atrapados allí mismo, sino hubiera sido por Dobby... pero él ya no estaba y era hora de luchar por las personas a las que amaba: por su familia.

Ginny cerraba la fila mientras Ivy abrazaba a Lily y James resguardaba a su padre, parecía que pronto llegarían al final del pasillo y seguramente se encontrarían cara a cara con los dueños de la casa, ¿qué sucedería entonces? ¿Estaría Harry lo suficientemente fuerte como para un duelo? ¿Podría mantener a sus enemigos luchando contra él solo para que el resto pudiese escapar? Tantas posibilidades cruzaban por su mente que se sentía intranquilo, cada vez más ahogado y preso de aquella mansión.

— ¿Papi? –susurró Lily.

— ¿Cariño que sucede? –interrumpió Ginny, observando hacía su hija.

— Creo que escuché algo detrás de esa puerta.

— ¿Qué...?

— ¡DESMAIUS! –gritó James, antes de que alguien pudiera actuar o darse cuenta de algo, la persona que los espiaba desde la habitación y había salido a atacarlos ahora yacía en el suelo inconsciente.

— Bien hecho James, actuaste muy rápido –sonrió su padre.

— ¡Harry! –gritó su esposa.

— ¡PROTEGO! –gritó Ivy, posicionándose frente a los Potter, mientras detenía la maldición que el primer mortifago les había lanzado–. Oh no...

Estaban rodeados, mortifagos de un lado y otro del pasillo, eran masas negras persiguiéndoles, zumbando alrededor, intentando que no escaparan, no había nada que pudieran hacer, estaban perdiendo el tiempo.

— Parece que Harry Potter pudo escapar, que pena que no logre salvar a su familia –sonrió con malicia un hombre–. Ahora, quiero que mantengan sus manos en alto en donde podamos verlas y caminen al final del pasillo, sino obedecen les asesinare tan rápido que ni siquiera se habrán dado cuenta.

Ginny tomó a su hija con fuerza para protegerla mientras seguía a su esposo, Ivy y James terminaban el grupo, alzando sus manos hasta sus hombros a la defensiva, sintiéndose realmente aprisionados. ¿Y ahora cómo escapaban? Observó a las personas encapuchadas y vestidas de negro, ¿Quiénes serían? ¿Qué los habría llevado a meterse en ese lugar, en ese bando? ¿La humillación y las ganas de ser alguien importante como Daniel? ¿La sed de poder y control de la humanidad como su padre? ¿Qué exactamente? Trató que su estómago dejara de retorcerse porque le hacía sentirse más nerviosa y asustada, ¿se encontraría cara a cara con Delphini? Tenía tanto miedo.

— Señor Malfoy, tenemos a los fugitivos –habló uno de ellos.

— Oh sí, ya veo –el señor Malfoy con el cabello blanco y largo, su mentón puntiagudo y sus grisáceos, pero vanidosos ojos recorrieron a sus prisioneros. Una sonrisa se formó al llegar a Harry y entonces observó a Ivy–. Vaya, vaya, pensamos que no despertaría nunca señorita Van Der Woodsen. Willis no nos dijo nada al respecto.

¿No lo había hecho? Ella suponía que todos se habrían enterado de que aún vivía o luchaba por hacerlo, sin embargo, Dan no había dicho ni una palabra a nadie. ¿Qué significaba eso? Recorrió la sala con la mirada, era un comedor con una mesa enorme y llena de muchos asientos, al final de la pared de enfrente, una mujer y un niño hablaban de forma baja sin siquiera mirarlos.

Traiciones [Albus Severus Potter]Donde viven las historias. Descúbrelo ahora