CAPÍTULO 27

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La llave.

El sol brillaba sobre el cielo gris, las nubes se volvían más oscuras y espesas con el pasar del día y algunos relámpagos comenzaban a dibujar líneas irregulares; la lluvia caería pronto. Molly Weasley preparaba la cena para su nieto Hugo, quien se veía bastante afectado por haber desempeñado un pésimo trabajo como vigilante y provocar así que su hermana mayor se fugara con su primo y su mejor amiga. Si él hubiera sido más atento... pero no lo fue y ya no podía cambiarlo, tenía tanto miedo de que ella estuviera en peligro, amaba a su hermana pese a las peleas y, además, no sabía cómo reaccionarían sus padres cuando se enterasen. Había una reunión esa noche para hablar al respecto.

— Es mi culpa abuela, ¿Cómo caí tan rápido en la trampa de Albus?

— No podrías haber luchado contra los tres y sabes que tus primos son unos tercos –aseguró Arthur a su torturado nieto–. No es tu culpa.

— Lo importante es que tus tíos se enteren para ir a buscarlos, ¿en que estaban pensando? Ya tenemos suficiente de búsquedas con la familia de Ginny y el hijo de Anne, como para que ahora nos salgan con esto.

— Molly, cariño...

— ¡No me interrumpas, Arthur! –soltó con fuerza los utensilios de cocina, haciendo un estruendoso ruido–. Son unos jovencitos tan irresponsables y malagradecidos, nosotros procurando cuidarlos y ellos... ellos...

— Ya, ya, tranquila, cariño –su esposo caminó hasta ella y le dio un abrazo, la mujer se derrumbó en el acto, llorando por el miedo de que le sucediera algo a los niños que estaban en su cuidado y ella falló en hacerlo.

Hugo formó una mueca y soltó un suspiro, las cosas se volvían más tensas con el pasar de las horas y no saber del paradero de los demás se volvía un martirio constante, ¿estaban bien? ¿Tenían comida? ¿Pasarían frío? ¿Volverían alguna vez a verlos? Alguien llamó en la entrada de la casa y por la puerta de la sala se asomó una cabellera pelirroja, Ron Weasley había llegado, su esposa caminaba de su mano con una sonrisa en sus labios, recorriendo la sala con sus brillantes ojos castaños. Fleur también les siguió de cerca, con sus hijos Louis y Dominique.

— Vicky y Ted vendgan pgonto –informó sonriente–. ¿Pog qué te encuentgas tan solo Hugo?

— ¿Peleaste con tu hermana otra vez? –cuestionó su padre–. Mamá... ¿Por qué lloras?

Los tres presentes en la casa y, por lo tanto, únicos conocedores de lo que ocurrió en la noche alzaron la vista hacía los recién llegados, no les iba a gustar para nada lo que tenían que escuchar, ni un poquito. La sonrisa tranquila de Hermione se esfumó cuando finalmente notó que su hija no se encontraba en la habitación, ni su sobrino, ni Ivy. Entonces, su inteligencia hizo conexiones enseguida, los chicos no estaban, se habían ido.

[...]

— Me duele el trasero –murmuró Ivy para su mejor amiga, quién le miró ceñuda–. ¿Qué? Llevamos horas volando en escoba.

— Ya, pero podrías haber sido menos... especifica.

— De acuerdo, me duele estar sentada, ¿podemos parar ya?

Scorpius Malfoy, quién volaba junto a las chicas soltó una carcajada y observó hacía adelante, los tres seguían de cerca a Albus, quién no dejaba de hablar para sí mismo y cambiaba cada tanto de rumbo sin advertirles con anticipación. Varias veces, de hecho, Scorpius chocó contra Rose porque a su buen amigo se le ocurría girar a la izquierda o derecha y por eso decidieron poner un poco de distancia, para prevenir accidentes.

Los cuatro habían estado volando toda la mañana desde que se encontraron por primera vez, decidieron descender en un pueblito muggle, pero no encontraron nada fuera de lo normal y luego en la aldea de magos ancianos, algunos dijeron que vieron muchos carroñeros que se metían a robar en las casas en la noche, pero nada más que eso. Nada sobre la campaña "únete a Delphini o muere" de la que todos en El Profeta hablaban.

Traiciones [Albus Severus Potter]Donde viven las historias. Descúbrelo ahora