Veintiuno.

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NICASIA

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NICASIA

Sentía que estaba en una nube gracias a Bellamy. Aún no lograba darle sentido a lo que había pasado. La sutil forma en que la había tocado, como si temiera romperla. La pasión con la cual la había besado, como si no existiera nadie más con quien ansiaba estar.

Era consciente que Bellamy era un guardia y que lo que sentía por ella era mera atracción; pero de todas maneras, jamás la habían tratado de tal manera.

La única persona con quien había mantenido algún tipo de relación era Ziv, por lo que nunca imaginó que existiera tal magia en un beso o caricia. Cuanto más pensaba en Bellamy, más se alejaba de Ziv. Y cuánto más recordaba su traición, más lugar tomaba la rabia.

Caminó junto a Finn hacia el gimnasio vacío, agradecida por tener a alguien con quien pasar el rato. No habían hablado durante el desayuno; más que nada porque Nicasia había estado ocupada observando a los reclusos y guardias, sobre todo a Sahara y Vadik, quienes le parecían los más violentos en el grupo. Mas, ninguno le prestó atención. Sahara parecía haberse olvidado de la riña, de su intento por asesinarla durante el motín. En realidad, parecía que todo confinamiento había olvidado el motín. Mientras tanto, Vadik se mantenía al margen, cumpliendo su deber como guardia. Por lo que Nicasia lo descartó. Se asemejaba más a un chimpancé que a una persona que pudiera trabajar para Ziv.

Finn tampoco era una amenaza. Dudaba que aquel rostro amable pudiera hacerle daño. Deteniéndose en el banco del gimnasio para quitarse la chaqueta, lo observó colocarse las vendas alrededor de sus puños, su cabello largo tapaba su rostro.

Con todo lo que había ocurrido, no había tenido tiempo de pensar en lo que realmente importaba.

Tomó asiento en el banco. Planteando una estrategia.

Pensó en Ziv y las personas que lo rodeaban. Cuando lo había conocido, pensaba que Stein Bendik y Vasant Darshan eran sus amigos; ahora caía en la cuenta que eran aliados. La única persona que lo apreciaba en su forma retorcida era Jevon.

Necesitaba aliados. Necesitaba un amigo. Y Finn parecía lo más cercano a ambas cosas; no se metía en problemas, se llevaba bien con los guardias y ningún recluso lo miraba con furia en los ojos. Además, aparentaba ser la única persona interesada en ella de forma genuina.

Pero para que Finn pudiera ayudarla, Nicasia debía hablar.

Se rascó la nariz cuando Finn se sentó a su lado, tomándole la mano para vendársela.

¿Cuánto le podía contar? ¿Por dónde empezar? ¿Y qué le diría una vez que terminara su relato? ¿Quiero que te quedes a mi lado porque así podré sobrevivir lo suficiente para averiguar mi próximo paso?

—El motivo por el que Ozias me marcó, fue porque me robaron la mercancía. —Finn detuvo su trabajo, aún sosteniendo la mano ya vendada de Nicasia, levantó los ojos hacia ella como si un fantasma acabara de hablarle—. Se suponía que debía hacer una entrega por la noche. La persona con quien había arreglado la venta apareció con un compañero. Me dieron una paliza, me quitaron lo que tenía y volví al taller de Ozias con las manos vacías. —Finn le soltó la mano, paralizado ante esta nueva información. Nicasia continuó sin alterar su voz—: No le importó que ya estuviera sangrando, que me hubieran dejado hematomas por todo el cuerpo. Sus empleados me sostuvieron contra la mesa mientras Ozias marcaba su inicial y su amigo observaba desde lejos. —Las imágenes ensombrecieron su mente—. Su amigo era la misma persona que me visitó. —El color desapareció del rostro de Finn—. Y me dijo que me sacarían de aquí.

Errante || Bellamy BlakeDonde viven las historias. Descúbrelo ahora