Veintinueve.

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BELLAMY

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BELLAMY

Arcadia estaba más silencioso que Phoenix. Los guardias no caminaban, sino que se mantenían apoyados en las paredes con sus celulares o hablando con compañeros. De vez en cuando, mientras más se adentraban en Arcadia, veían algún que otro civil pasar junto a ellos. No les sorprendió, Arcadia era bastante parecida a Walden en el aspecto que los ciudadanos y autoridades no solían ser los más respetuosos de las reglas.

Wells se detuvo ante otra puerta gris, igual a la de Jex, excepto que el número marcaba: 113.

La sangre bombeó contra su cerebro, obstruyendo el camino de sus pensamientos. Del otro lado estaría Jevon, la única conexión que tenían con Ozias. Debía mantener la calma.

—Eh, ¿estás bien? —preguntó Wells.

Carraspeó.

—Sí —replicó, golpeando la puerta.

Esta espera se hizo aún más eterna. El nerviosismo que lo había invadido esperando porque Jex apareciera del otro lado en su apartamento, desapareció, dándole lugar a una presión en la boca del estómago más intensa. Estiró los dedos de su mano, procurando que no se cerraran en puños.

Pero cuando la puerta se abrió, revelando el rostro dormido de Jevon que tan bien había llegado a conocer, se dejó llevar.

Le dio un puñetazo en el rostro, haciendo que tambaleara hacia atrás. Bellamy ingresó al apartamento con Wells tomándole la camisa.

Jevon se recuperó de inmediato, ignorando la sangre que borboteaba de su nariz, esquivó el segundo puñetazo y lo empujó contra la pared, pegándole en la mandíbula. Un dolor agudo recorrió su rostro, más aún cuando recibió otro golpe más cerca de los labios. De repente, el agarre de Jevon se aflojó, haciendo que se inclinara hacia delante para escupir la sangre que se había acumulado en su boca. Se irguió, listo para continuar con la pelea a pesar de la falta de aire cuando Wells se interpuso, estirando los brazos entre ambos.

—¡Basta! —chilló por lo bajo—. ¡Basta! ¿Están locos? ¡Harán que los guardias vengan!

—Díselo a él —contraatacó Jevon, limpiándose la sangre de las fosas nasales con el dorso de la mano. Entonces, Bellamy notó que el golpe propinado por él no era la única herida en su rostro, sino que tenía un moratón en la zona de la mandíbula y un fino tajo sobre la ceja izquierda. Había estado en otra pelea—. ¿Qué miras? —inquirió, dando un paso hacia delante. Bellamy se preparó para pelear, incluso con los nudillos gritando, cuando Wells apoyó las manos en el pecho de Jevon, deteniéndolo.

—¡Basta! —pidió una vez más—. Si siguen así, llamaré yo mismo a los guardias.

Bellamy limpió la sangre en su rostro con el borde de la remera, bajo la atenta mirada de Jevon.

—Espera... —murmuró, levantando un dedo. Wells volvió a tensarse, pero no hizo movimiento alguno de interponerse—. Yo te conozco... —Bellamy se mordió la lengua para no preguntarle si sufría de memoria de corto plazo—. Eres el guardia. —Chasqueó los dedos con una risa que volvió a invadirlo de rabia. De no haber sido porque Wells estaba en el medio, atento a cada uno de sus movimientos, lo habría golpeado—. El guardia de confinamiento. El que no dejaba de mirarnos cuando estaba con Nicasia. —Sacudió la cabeza, divertido ante la situación. Apoyó las manos en sus caderas, volviendo a Bellamy—. ¿Viniste hasta aquí para averiguar qué hice con ella en el vis a vis íntimo?

Errante || Bellamy BlakeDonde viven las historias. Descúbrelo ahora