Nicasia Derval ha sido condenada a confinamiento por ser cómplice de uno de los delincuentes más famoso y buscados en el Arca. A pesar de la mayoría de edad, el Gobierno le concede dos meses para confesar o ser flotada.
Derval tenía claro cuando ing...
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BELLAMY
Al subir las escaleras de aislamiento con la mente nublada, no reconoció de inmediato las figuras dejando la oficina de Meissa. Frunció el ceño; las luces de confinamiento volvían lentamente a su intensidad matutina.
Jex estrechaba su mano con la de Meissa, cuya sonrisa era tan falsa como la de una muñeca de trapo. Jex no le prestó atención y Bellamy supo, no solo por su expresión, sino también por el uniforme azul, que la reunión había ido como esperaba.
Al menos, algo había salido bien.
—¡Bellamy! —exclamó Jex al notarlo.
Bellamy se detuvo junto al escritorio aún vacío; Erna debía estar preparándose en los vestidores para comenzar el día. Meissa lo miró un instante antes de perderse escaleras arriba hacia su oficina.
—¿Cómo está, Sr. Derval? —preguntó tras estrechar su mano.
—He conseguido un puesto provisional —reveló. La sonrisa en su rostro iluminaba hasta sus ojos. Bellamy trató de acompañarlo, pero la visita a Nicasia lo había destruido—. Y dime Jex, Bellamy. Dejemos las formalidades para otro día —añadió, apoyándose en el escritorio para enfrentar la sala principal—. ¿Acabas de ver a Nicasia?
Asintió.
—¿Cómo está? —preguntó Jex. Era evidente que luchaba por mantenerse quieto.
—Bien —replicó. La respuesta quemó su garganta.
—¿Crees que quiera verme?
Bellamy estaba dispuesto a proveer una respuesta positiva ante la desolación repentina en Jex; pero no estaba seguro. Nicasia no parecía estar en sus cabales allí abajo. La forma en que lo había mirado y hablado tras la relevación de que había visitado a Jevon le causaba desconfianza. No porque podría estar volviéndose loca entre las cuatro paredes de la celda, sino porque presentía que a Nicasia ya no le interesaba tanto el plan de Bellamy. Intuía que tenía otro objetivo bajo la manga.
Sonrió.
—No lo sé, Jex —respondió sincero. No era el lugar indicado para conversar sobre sus sentimientos.
Jex suspiró.
—Me gustaría que pasaran, tú y Wells, por mi casa esta noche —continuó en un tono bajo—. Quiero saber cómo va el caso.
No hay nada para contar.
Sin embargo, Erna apareció por el pasillo, acabando con la conversación antes de que Bellamy tuviera la oportunidad de quebrarse. Saludó a ambos con un «buen día» y tomó asiento detrás del escritorio. A Bellamy le llamó la atención que apenas hubiera mirado a Jex... Tal vez estaba exhausta.
Jex lo miró perdido y Bellamy recordó al instante el puesto provisional.
—Puedes ingresar al comedor —explicó—. Finella —llamó. Erna levantó la mirada hacia él—. ¿Puedes darle el mapa del lugar y explicarle por dónde debe ingresar? Iré a buscar a Jaha —mintió. Erna asintió, girando hacia Jex, quien le proveyó toda su atención.