Nicasia Derval ha sido condenada a confinamiento por ser cómplice de uno de los delincuentes más famoso y buscados en el Arca. A pesar de la mayoría de edad, el Gobierno le concede dos meses para confesar o ser flotada.
Derval tenía claro cuando ing...
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NICASIA
Maté a alguien.
Maté a Vadik.
Maté.
La palabra «matar» en todas sus derivaciones rebotó en la mente de Nicasia, saltando de un lado a otro al ritmo del sacudón que causó la nave. Sus ojos ardían, aunque no estaba segura de que las lágrimas siguieran cayendo. Aún sentía el punzón en su mano derecha, la sangre borboteando del cuello de Vadik, manchándola. Su cuerpo y mente habían quedado en la lavandería.
Por eso, cuando Bellamy se agachó ante ella debió pestañear varias veces para borrar la imagen de Vadik cayendo como peso muerto al piso gris.
—Nicasia, ¿me escuchas? —La mano de Bellamy en su mejilla. Cerró los ojos un instante, dejando caer la cabeza hacia delante. Quería irse a la cama. ¿Sería muy tarde para cruzar la ventilación y cambiar su dirección hasta llegar a su casa? ¿La recibiría su madre? ¿Leería en su mirada la atrocidad de sus actos? —. ¡Ey!
Alzó la cabeza, abrió los ojos. Bellamy se había puesto de pie y Wells estaba a su lado. ¿Qué pensaría ahora de ella? ¿Se arrepentiría de haberle entregado el uniforme de guardia? ¿De ayudarla?
—Tenemos que bajar —habló Wells, ya que Bellamy parecía demasiado aturdido para hacerlo. Cada vez que Bellamy posaba sus ojos en ella, ¿la vería acercándose a Vadik para clavarle el punzón? —. Ve por Octavia, yo me encargo —continuó hacia Bellamy, quien se removió en su lugar.
Octavia debía ser la hermana de Bellamy, a quien habían ingresado en confinamiento porque Ziv lo averiguó, porque estaba acercándose a su identidad, porque Bellamy quería ayudarla.
Todo lo que pasó fue su culpa.
Y, aún así, Bellamy se mostraba reacio a retirarse, como si quisiera socorrerla, recomponerla, asegurarle que todo estaría bien.
Tomó aire, bajando la mirada al cinturón de seguridad y lo desabrochó, poniéndose de pie. Tanto Wells como Bellamy estaban sorprendidos, tal vez creían que no sería capaz de moverse.
—Tenemos que bajar —susurró, repitiendo las palabras de Wells.
Pasó junto a ellos, ignorando sus miradas perdidas y se acercó al grupo de reclusos que bajaban por la trampilla. Ninguno le prestaba atención. Supuso que sería difícil reconocerla en la oscuridad con el uniforme de guardia, pero lo más probable fuera que estuvieran más atónitos por haber aterrizado en la Tierra.
Deseó poder disfrutar del momento.
Al alcanzar la trampilla, bajó seguida de Wells y Bellamy. Sumidos aún en la oscuridad casi absoluta, Nicasia se hizo a un lado para permitir que los otros dos la siguieran.
—¿Bellamy?
Frunció el ceño al oír una voz femenina proveniente de la multitud; todos voltearon a ver qué estaba ocurriendo cuando una muchacha se abrió paso hasta donde estaban, con la mirada puesta en Bellamy junto a Wells.