El partido

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Enero 1997

Laura está super nerviosa porque ese sábado van a jugar su primer partido. Se levanta temprano y casi no desayuna. Cuando se pone nerviosa se le cierra el estómago. Su madre insiste para que se tome la leche lo que hace a duras penas y en cuanto acaba sale corriendo a cambiarse. Se pone sus mallas ciclistas y la camiseta del equipo, también las rodilleras que se ha comprado y las zapatillas de deporte. Antes de que sus padres se ofrezcan a acompañarla sale corriendo de casa. Bastante vergüenza le da ya todo como para que encima sus padres se planten en el partido.

En la esquina la espera Luisa, con las rodilleras en los tobillos, como ella, y un pantalón mucho más corto que el suyo.

- ¿Por qué llevas unas mallas tan largas? - le pregunta

- No sé - contesta Laura - son las que me ha comprado mi madre

- Mira, puedes hacer una cosa. Coge la parte de abajo y metela hacia adentro, así parecen más cortas.

Prueba y es verdad. Ahora sus pantalones parecen igual de cortos que los de su amiga.

Cuando llegan al colegio ya hay un montón de gente en las gradas. Carmen las llama con la mano y, cuando se acercan, Laura descubre que Alejandro está a su lado.

- Hola chicas - dice su amiga animada - ¿preparadas para ganar?

- Seguro - contesta Luisa, mientras que Laura sonríe tímida

- Ah mira, Alejandro - dice llamando al chico que charla con un compañero del equipo masculino - tú no conoces a Laura... Laura, Alejandro. Alejandro, Laura ¿dos besitos no?

Laura se siente enrojecer desde la punta del dedo gordo del pie hasta el último pelo de la cabeza pero hace lo que dice su amiga.

- Encantado ¿eres de Madrid no?

- Sí - contesta incapaz de decir nada y antes de que le de tiempo a reaccionar escuchan al entrenador que las llama

- Tenemos que irnos - confirma Luisa mientras la agarra del brazo y la saca de una de las situaciones más vergonzosas de su corta vida

Luisa la arrastra hacia el banquillo, donde de momento se queda sentada. Obviamente no está en el equipo titular aunque ha mejorado mucho en los últimos meses, sobretodo con el saque. No es hasta mitad del set que el entrenador la llama, se sube las rodilleras y sale a la pista. Es capaz de recibir una pelota en condiciones y se relaja. Al menos no hará un ridículo espantoso.

Finalmente ganan el partido. Luisa y Laura se abrazan en la pista, donde han permanecido casi todo el último set. Estan sudando como pollos a pesar del frio de enero y corren a ponerse la sudadera. Cuando salen Miguel y Fran están en la puerta, con su inseparable balón de fútbol.

- ¿Dónde vais? - pregunta Miguel

- Pues a casa a ducharnos, a ver si os creeis que somos tan cerdas como vosotros que después de jugar ni pasais por casa - se carcajea Luisa

A Laura le fascina esa seguridad que mantiene cuando está delante el chico que le gusta

- ¿Y luego? - pregunta Fran

- Pues por la tarde iremos a la plazoleta, nada especial - contesta Laura

- Podiais venir a nuestro partido... - Fran la mira a los ojos - es a las seis

Laura está a punto de contestar que ni de coña cuando Luisa se le adelanta

- ¡Ah! Pues sí, podría estar bien...

- Yo no... - no la deja terminar, Luisa tira de ella en dirección a la puerta mientras Miguel grita a sus espaldas

- ¡Pues allí os vemos!

*******

Fran lo tiene todo planeado. Va jugar y va a marcar y cuando marque le va a dedicar el gol a Laura. A pesar de las cartas, ella no ha terminado de perdonarle, pero quizá si le dedica un gol... Cuando se acerca la hora del partido Miguel y él miran hacia la grada, para comprobar si ha llegado, pero nada.

Por allí hay algunos del colegio, de la otra clase, como Alejandro. Esa misma mañana ha visto como Carmen se lo presentaba a Laura. Ahora está allí con algunos que ya van al Instituto y precisamente con Carmen. En ese momento ve a Luisa y apenas un par de metros detrás a Laura, con una bolsa de palomitas y otra de chucherías en la mano. Se sientan con los demás y a Fran no le pasa desapercibido como sus amigas hacen hueco para que Laura quede al lado del repetidor.

- ¿Y eso qué significa? - le pregunta a Miguel

Su amigo se encoge de hombros y le empuja hacia el campo.

- Tú lo que tienes que hacer ahora es centrarte en jugar

- Pero...

- Ni pero ni nada, querías que viniera y ha venido.

La primera parte transcurre sin pena ni gloria. Ninguno de los dos equipos logra romper el empate. En el descanso, cuando sale a beber agua, tiene tiempo de ver a Laura riéndose como loca con algo que le cuenta Alejandro. La verdad es que esa tarde está muy guapa, con su cazadora vaquera gigante y su bufanda de colores con la que juega mientras habla. Ni siquiera se da cuenta de que pasa por enfrente suya.

Durante todo el segundo tiempo se lanza al ataque, intentando rematar cada jugada. Quedan menos de cinco minutos para el final cuando recibe su premio y el balón se clava en el fondo de la red. Corre hacia la barandilla más cercana a las gradas a la que se encarama y empieza a señalar a Laura. Todos parecen darse cuenta menos ella que cuando lo ve se pone roja hasta las orejas y se tapa la cara con la bufanda. En realidad no era esa la reacción que esperaba. Confundido vuelve al campo y se arrastra hasta que termina el partido.

Cuando acaba sus padres le están esperando con el carrito de su hermano en la puerta. Se abraza a su madre y por primera vez en mucho tiempo siente ganas de llorar como cuando era pequeño, solo para que ella le consuele. Ella se da cuenta porque le levanta la cara y le susurra.

- Nada de llorar que hay alguien esperándote ahí enfrente

Cuando se asoma la ve. Sigue comiendo algunas de las golosinas que le quedan en la bolsa y está sola. Se acerca a ella con la funda de las botas en la mano y el pelo aún recogido con su cinta de la suerte, la que se pone en cada partido desde que en junio del año pasado ganaran la liga. Ella levanta la vista y sonríe.

- ¡Hola!

- Hola - contesta algo avergonzado

- Habéis jugado muy bien

- Gracias... oye yo...

- Y muchas gracias por dedicarme el gol - vuelve sonreír, dos sonrisas hacia él en la misma conversación - ha sido un gesto muy bonito

- ¡¿Te ha gustado?! - contesta emocionado

- Bueno, me ha dado mucha vergüenza pero luego he pensado que nunca nadie me había dedicado un gol y eso mola.

- Pues a partir de ahora te dedicaré todos

Laura suelta una carcajada, se acerca a él, le da un beso en la mejilla y se va deprisa casi sin mirar atrás. Cuando está a unos metros le grita.

- ¡Ya me dirás cuándo es el próximo partido!


El hilo invisibleHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora