Parecía una tarde cualquiera, pero no lo fue.
Las cosas estaban un poco mejor, aunque seguían rotas. No es tan fácil dejar algo a la intemperie durante años y luego regresar y buscar los pedazos para ir uniéndonos. Y tú y yo, Sirius, nos habíamos dejado demasiado tiempo. No habíamos sabido frenar, buscarnos.
Pensaba en eso mientras ayudaba a Alphard con los deberes en la mesa del salón, porque había suspendido un par de asignaturas aquel último trimestre y me preocupaba.
Escuché el tintineo de las llaves. El clac de la cerradura.
Me levanté mientras nuestro hijo terminaba un ejercicio.
Avancé por el pasillo hasta el recibidor, preguntándome por qué no entrabas y saludabas, como siempre. Y entonces te vi, con los ojos irritados, el rostro contraído de dolor y una mano apoyada en la puerta que acababas de cerrar. Te vi y supe que había pasado algo.
―Sirius... ―Apoyé una mano en tu hombro.
―Mi tío ha muerto... Mi tío...
Me quedé sin respiración. Te abracé. Nos abrazamos tan fuerte que, durante aquellos segundos, fuimos un solo corazón latiendo a la vez, sufriendo juntos. Pero después... después dejé de centrarme en mi dolor, en todo lo que él era para mí, porque solo podía pensar en ti. En que ojalá hubiese podido aliviar aquello, en que me destrozaba saber por lo que estabas pasando en ese momento y no poder hacer nada para evitarlo.
Te aferraste a mí, derrumbándote. Me contaste que se había caído en el taller desde una escalera y se había dado un golpe en la cabeza. Murió en el acto. Unos clientes lo encontraron cuando entraron y avisaron a una ambulancia y a la policía. Tú acudiste en cuanto te llamaron y te volviste loco al enterarte al llegar de que ya no se podía hacer nada.
Te besé las mejillas, llevándome tus lágrimas.
―¿Qué está ocurriendo?
Alphard nos miró desde el pasillo.
Te sujeté el rostro antes de que intentases hacerte el fuerte, como siempre, tragándote el dolor. En ese momento, mientras miraba tus ojos enrojecidos y tristes, me di cuenta de que seguías siendo tú. Seguías siendo el chico que pintaba constelaciones. Seguías siendo el gran amor de mi vida, el mejor hombre que había conocido jamás, con tus virtudes y tus defectos. La única persona, además de nuestros hijos, por la que sería capaz de hacer cualquier cosa. ¿Sabes ese pensamiento que tan pocas veces nos sacude y que es algo así como «ojalá pudiese sufrir yo por ti, ojalá pudiese cambiarme en tu lugar»? Es común cuando a alguien le sonríe la suerte, pero más difícil cuando pasa al revés. A mí me llegó en ese momento. Deseé pasar aquel trance por ti, deseé recibir tu dolor y evitártelo.
―Yo hablaré con él, no te preocupes.
―Papá... ―la voz de Alphard sonaba asustada.
―Sirius, vete al baño y date una ducha de agua caliente.
Asentiste medio ido y, cuando vi que cerrabas la puerta, abracé a Alphard y le di un beso en la frente antes de caminar junto a él al salón. No tenía ni idea de cómo decírselo, pero necesitaba hacerme cargo de la situación y quitarte a ti aquel peso de encima. Me senté frente a él en el sillón e intenté explicárselo despacio, con dulzura. A pesar de que ya tenía doce años, creo que le costó entenderlo. Al principio se quedó en silencio, mirándome sin reaccionar durante tanto rato que me inquietó, hasta que de repente se lanzó a mis brazos y se echó a llorar. Mi pequeño. Con lo mucho que lo quería...
Con Teddy fue aún más difícil. Teddy quiso estar solo.
Teddy se encerró en su habitación y, cuando entré preocupado a la hora de la cena, incapaz de dejarle más espacio por mucho que nos lo pidiese, vi que ya se había dormido. Tenía entre los brazos el peluche de oso que tu tío le había regalado las Navidades anteriores, algo que a todos nos hizo gracia porque era demasiado mayor para aquello, cosa con la que él, por supuesto, no estaba de acuerdo. Solía decir que Peter Pan era el mejor filósofo.
ESTÁS LEYENDO
Starlight
FanfictionUna historia de amor, de sueños y de vida. La de Remus. El chico que no sabía que tenía el mundo a sus pies, el que creció y empezó a pensar en imposibles. El que cazaba estrellas, el que anhelaba más, el que tropezó con él. Con Sirius. El chico que...
