Nael despertó en cama de Ephraim mientras que el dragón estaba recostado en el piso de la habitación con su gran cabeza apoyada en el colchón, recordando un poco como un recuerdo chistoso, Ephraim se ofreció a cargarlo por las escaleras hasta la cama con la excusa de que un sangrado de nariz te podría matar si lo tomabas a la ligera.
Pero Nael no se sentía muy bien al momento de despertar, su estómago ardía y sentía que en cualquier momento, las arcadas vendrían y vomitaría ahí mismo. Al parecer su cuerpo estaba rechazando la carne cruda y congelada que comió o al menos eso era lo que quería pensar. Era de esperarse, después de todo, a sus casi 18 años, había sido la primera vez que comía carne cruda.
Su esófago se quemaba en dolor mientras que el chico adoptaba una posición fetal, tratando de aliviar el dolor en su estómago.
Ante el movimiento leve en el colchón, el dragón abrió sus ojos y con su nariz resopló en el rostro de Nael, agitando su cabello.
— ¿Sucede algo? —Pregunta al ver la expresión reprimida en el rostro del mamífero.
— Mi estómago... Me está matando. —susurró.
— ¿Es hambre? —preguntaba mientras que tomaba su forma humana y se sentaba a un lado de Nael en la cama, acariciando la mejilla ajena con su mano, sientiendo la afiebrada temperatura de Nael. Realmente se sentía mucho más caliente de lo usual y claramente podía ser fiebre, acariciando el fleco en su frente la tocaba con cuidado, analizando bien su temperatura.
— No, tengo náuseas. —Respondía, cerrando sus ojos y apretando su abdomen con ambos brazos.
— ¿Quieres que llame a tu padre?
— No... —Su respuesta vaciló. Por un lado quería que llamara a su padre y por el otro, no quería verlo luego de pensar que comer humanos era algo que se le había cruzado por la cabeza. Se negó.
— Si te duele demasiado, deberías ir a ver un doctor.
— Está bien, pasará solo. —Jadeó, hizo una pausa para respirar un poco.
— Iré a traer un termómetro. —se levantó de la cama y caminó escaleras abajo.
No tardó mucho en volver con un pequeño termómetro de mercurio y volvió a sentarse en la cama.
Desabrochó un poco los botones en la camisa se Nael y colocó el frío aparato de vidrio bajo el axila del lobo, después de haberlo agitado un par de veces. Aunque lo pensó bien y no tenía ni idea cuál era la temperatura de un lobo con fiebre.
— ¿Nael? ¿Que temperatura es fiebre para tí? —preguntó mientras soltaba una risita.
Y el lobo, jadeando respondió con una voz cansada.
— Sobre los 39 grados o algo... Así... —susurro apenas al final, señal de que se estaba volviendo a quedar dormido.
— Métete dentro de cama, iré a traerte un vaso de agua. —Pero esta vez, antes de que pudiera ponerse en pie, Nael habló.
— ¿Luego te acostarías conmigo, a mi lado? —aún con los ojos cerrados, y embriagado en las náuseas de su situación, Nael le detuvo.
Ephraim sonrió ligeramente hasta volver a hacer su boba sonrisa y con la mano trataba de bajar las comisuras de sus labios. Sus dedos pasearon con suavidad por el rostro de Nael y, quizás por lo frías que estaban las manos del dragón, el lobo disfrutaba de la sensación.
— Claro. —corresponde con una voz suave y conmovida al punto que sus puntiagudas orejas se levantaban un poco.
Nael se revolvió un poco, luchando con las sábanas y sus manos un poco descuidadas como torpes, tratando de meterse en la cama como Ephraim había dicho.
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Hambre [BL]
FantasyNael siempre odió ser una bestia. Más que odiar, se sentía... Incomprendido. Nael quería mantener su lado humano como el lado iluminado de la luna mientras que el lado oscuro ocultaba sus instintos, deseos y lo salvaje de ser una bestia. Pero no pod...
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