Nael siempre odió ser una bestia. Más que odiar, se sentía... Incomprendido. Nael quería mantener su lado humano como el lado iluminado de la luna mientras que el lado oscuro ocultaba sus instintos, deseos y lo salvaje de ser una bestia.
Pero no pod...
Cuando Nael despertó, un frio le acarició la nuca, un vacío le acompañó en la ligera luz del cuarto. Ephraim ya no estaba, Nael se había quedado dormido más de la cuenta y aparentemente el dragón tenía otras cosas que hacer.
Su estómago a cambio le pidió compañía. La soledad de su cama, vacía al lado de él, sus tripas pidiendo a cambio algo para llenarlo. Carne. Eso era. Carne cruda, fresca. Cubierta con una ligera capa de sangre. La sangre. Su olor aferrado, su densa y embriagadora textura que inunda su paladar, cae por su garganta pero cuando trago, solo degustó el sabor de su boca reseca y deshidratada. Entre los aromas, Ephraim. Dulce, Ligero, como lavanda. Limpiaba sus ideas. Pero sus oídos...
Afuera, se oyen los pasos de la gente, caminando a sus trabajos, conversando entre sí, dulce melodía. Como el de la carne sizeando en la sarten caliente, chisporroteando sobre su grasa.
Lo que daría por poder saborearla.
"Ya es hora de que despiertes, ¿no lo crees?" La voz de Ephraim lo saca de su trance y rápidamente se gira a verlo, con los ojos brillosos y la cola meneandose de un lado a otro.
"Ephraim... ¿Cuánto dormí?" El aroma de Ephraim impregnado sobre el lobo. Huele sus brazos, se da cuenta que llevaba puesto el poleron del reptil.
"Creí que tomarías una siesta pero anoche acabaste quedándote dormido como tronco. Ni siquiera cenaste." El dragon entra en el cuarto y se acerca por detrás a Nael quien se sentó y colocó los pies sobre la madera del piso para despertar.
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"Dios mío, lo siento tanto..." Avergonzado, Nael se soba la cara. "Tenía ganas de hacer cosas y pasar tiempo juntos... Pero supongo que al final me ganó el sueño."
"¿Y sabías que caminas dormido?" Ephraim acuesta su cabeza en la almohada, olfateando la esencia de Nael en ella.
"¿¡Qué!?" El lobo se hace a un lado y mira de frente al alargado dragón que ahora se tomaba la cama.
"Dioses como me ilusioné cuando comenzaste a desvestirte en frente mío." Nael, incrédulo se sonrojó y abrió los ojos como se le cayo la mandíbula. "No hablabas, nada, solo te pusiste de pie, y te sacaste la camiseta, tu cabello se puso todo negro de nuevo y yo dije ay mierda, me va a hacer algo rico!".
Imposible, Ephraim tenía que estar bromeando.
"¡No estoy bromeando! Luego querías saltar por la ventana y mi amigo cabezón se bajó del puro susto. Casi me cago por tu culpa, dioses."
Era de noche, en ese momento el dragon estaba leyendo en su celular cuando Nael se azotó hacia el frente de la nada y se quedó mirando la nada. La frente le sudaba, la respiración acelerada.
"¿Una pesadilla?", Ephraim acaricia la pierna de Nael con un pulgar.
Nael giro la cabeza, como si mirase a Ephraim, se puso de pie, y se quito la camiseta, Ephraim embobado en el fisico de su pareja, ni siquiera se dio el tiempo de pensar en una razon para que el mamifero se estuviera desvistiendo, sus células homosexuales solo chillaron y sus neuronas arcoiris dejaron de hacer bien el trabajo. Como si le hubieran puesto la tele a un niño.