34. Verdad.

740 129 46
                                        

Los dedos de Ephraim le forzaron el pedazo por la garganta. Asegurándose con la otra mano de que Nael no le mordiera con menudas navajas que tenía por dientes.

No lo iba a olvidar jamás. El placentero sabor a carne cruda, fresca deslizarse por su garganta. Sin embargo no recuerda nada más de lo que sucedió ese día.

Nael aún estaba un tanto en contra de comer carne cruda pero su instinto y su rostro de felicidad y satisfacción el devorar lo que para él era realmente comida era inolvidable.

Nael no guardó rencor contra Ephraim pues sabía que él solo hizo lo mejor que podía por él. Pero si comenzó a dudar un poco los métodos del mismo Jamil.

El complejo de Nael rápidamente mejoraba y es que nadie se había dado cuenta de la malnutrición que tenía.

"Sólo es un lobo enano" y es que no era así. Nael pudo haber sido un lobo gigantesco de haber sabido que en realidad era una bestia ancestral y había estado comiendo basura todo este tiempo.

Por lo explicado por Jamil, de las bestias ancestrales se sabía incluso mucho menos que de los dragones, excepto de que eran Bestias cuya información genética resultaba en una extraña aberración provocada por factores genéticos.

Que hubiera una bestia ancestral tan domesticada como Nael era casi un milagro, uno en un billón.

Sus heridas mejoraron a gran velocidad desde que comenzó su nueva dieta y Jamil prefirió mantener a Nael en secreto, no revelar su identidad como bestia ancestral, manteniéndolo bajo la imagen de un simple lobo rojo enano.

Aún faltaba la explicación de todo esto a la familia de Nael, claro. Por ahora el secreto se mantenía entre Ephraim, Jamil, Dante, Mikhail, Zacarías, Dennis y el propio Nael. Había que ser cuidadosos si no querían que el pobre se convirtiera en un conejillo de indias.

- Ya casi está cerrada. -dijo Jamil, refiriéndose a la herida en el cuello de Nael, mientras volvía a cubrirla con un parche. - Es impresionante como te sanas tan rápido... -sonrió, echándose para atrás en su silla una vez acabado con su tarea.

- Gracias. -Nael se sacudió un poco, estar quieto mucho rato le ponía un tanto incómodo.

- ¿Y? ¿Qué tal? ¿Estás sintiendo algún cambio? -pregunta tratando de tomar algún tipo de conversación.

Nael incómodo un poco, guardó silencio por unos segundos y luego habló.

- No mucho... Quiero irme a casa. -susurró.

Huele a Ephraim.

El traqueteo al abrir la puerta del cuarto alarmó las orejas de Nael que saltaron de forma inmediata y so cola se erizó antes de comenzar a golpear la cama un par de veces.

-Hola Ephraim.- saluda. -Bueno, yo tengo más pacientes que revisar. Por cierto Nael en un par de días te daré de alta.- anunció el mapache mientras tomaba sus cosas. Y es que tampoco tenía ganas de estar ahí como la tercera rueda.

- Gracias. -Saluda el dragón quien, a penas Jamil desaparece de escena, se acerca al lobo en su camilla.

-¿Cómo te sientes?- Pregunta con una sonrisa, sentándose a un lado de Nael en la camilla.

-¡Quiero irme a casa!-aulla frustrado, frunciendo el cejo y azotando su cola por todos lados.

-Jaja. Te entiendo. -sonreía.

Nael miró las manos de Ephraim, incómodo. De hace rato quería hacer algo, acariciar, lo que sea, no necesariamente debía ser algo pervertido. Sin embargo Ephraim se limitaba a caricias cortas y piquitos. Nada más, nada menos.

Hambre [BL]Donde viven las historias. Descúbrelo ahora