Capítulo 21

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La ciudad de Gotham estaba en el peor de sus momentos. Allí, a nuestro alrededor, podía ver miles de edificios derrumbados, comprendiendo que todos aquellos que habían tomado el control durante su ausencia y a los que yo había permitido sin problema que hiciesen lo que más deseasen, estaban acampando a sus anchas, como si no hubiese nada mejor en ese condenado lugar que destrozar cada milímetro de esa ciudad. ¿Quién quería gobernar en una ciudad del caos que no fuese el Joker? No obstante, no eran sus seres endemoniados los que se deslizaban mostrándonos la peor cara de la locura, sino que otro tipo de discípulos que no había visto antes se dedicaban a transitar por las calles como si estuviesen en otro planeta.

Todos parecían superhombres, seres que no tenían miedo a nada y a la vez que no veían sus propios miedos. Estaban igual que en otro espacio temporal siendo tan solo un fantasma de lo que eran, de lo que fueron, de lo que serían. Mis ojos se habían fijado en más de uno. Todos parecían tener un tatuaje que algunos, incluso, querían quitarse. No comprendía nada. No entendía quien buscaba arrancarse un tatuaje cuando se sabía que eran para siempre.

— ¿Qué es lo que está pasando? —pregunté desviando mi mirada hacia el murciélago que había apretado sus dedos alrededor del volante de su batmóvil.

— Gotham tiene un nuevo enemigo —respondió de una forma demasiado tajante como para que se me pudiese escapar que algo así no le hacía ni la más mínima gracia.

— ¿Un nuevo enemigo? ¡Eso sí que es una novedad! Generalmente son los mismos chiflados de siempre los que intentan poner esta ciudad patas arriba.

Aunque no era algo que realmente le pudiese hacer gracia, una sonrisa había aparecido en la comisura de sus labios como si hubiese echado de menos ese humor negro tan insoportable que creía que se me había pegado de Harley.

— No entiendo cómo puedes encontrar alguna forma de reírte en situaciones como estas, por serias que sean. Sigo sin comprender cómo puedes seguir siendo tú pese a todo —su mirada se encontró medio segundo con la mía antes de volver a enfocarse en la carretera.

Aceleró. Hizo dos curvas cerradas con una habilidad digna de un piloto profesional y continuó todo recto mientras se abría una puerta en mitad del mar. Acelerando pudimos saltar y acabar en el interior de uno de los múltiples conductos que llevaban hasta la batcueva donde podría contarme toda la situación o, sino, hacer que subiese a la mansión.

Mis ojos se acostumbraron con facilidad a la oscuridad para paulatinamente entrar en aquel conducto más iluminado que daba todas las pistas: estábamos a unos simples metros del centro de operaciones. De hecho, sospechaba que en cualquier instante se pararía el vehículo.

Cuando bajamos del vehículo pude ver a un Alfred que de forma despreocupada dejaba una bandeja con comida caliente para que su señor pudiese cenar aquella noche, si es que lo hacía. No era una de las costumbres humanas que más soliese seguir.

— Espero, señor, que en esta ocasión haya permitido que... —al girarse y encontrarse con mi figura una pequeña sonrisa se deslizó por sus labios—. ¡Señorita Kyle! Es toda una sorpresa. Creíamos que no regresaría a la ciudad.

Negué soltando una pequeña risa antes de sentarme en la mesa donde Alfred había dejado la bandeja con la comida para Wayne.

— No puedo evitarlo. En el resto de ciudades me lo ponen todo demasiado fácil —hice una mueca antes de coger una de las tiras de zanahoria que Alfred seguramente había cortado con todo el mimo del mundo.

— ¿Te quedas a cenar, Selina? —Bruce se había quitado la cabeza de su traje mostrando su verdadero rostro, completo, antes de dejar aquella máscara a un lado, donde no pudiese desfigurarse demasiado pese a que era bastante fácil de moldear y que regresase a su forma original sobre el rostro de su dueño.

— ¿Puede quedarse para siempre, señorita Kyle?

Alfred me regaló una de sus amables sonrisas antes de soltar una nueva carcajada encogiéndome de hombros como si estuviese rechazando todos los planes del mundo para de esa forma terminar aceptando ese capricho.

— Tan solo si cocina, Alfred. Estoy segura que Bruce me terminaría envenenando.

— Iré raudo y veloz, señorita. Es un verdadero placer tenerla de vuelta.

En cuanto Alfred comenzó a subir hacia la mansión, el rostro de Bruce volvió a cambiar. Se sentó en el sillón frente a su ordenador tan lleno de información privilegiada digna de todo un héroe.

— ¿Me cuentas qué está ocurriendo?

Sus ojos azules se fijaron en los míos y me volví a sorprender de todas las diferencias que había entre Superman y él pese a que ambos estaban del mismo lado. Físicamente no eran muy distintos, pero todo de ellos, absolutamente todo, le hacía darse cuenta a cualquiera que tuviese un par de ojos, que no había milímetro alguno en el que realmente se pareciesen. Las facciones de Bruce, duras, mandaban la señal de peligro inminente, mientras que las de Clark, gritaban a todo aquel que si eran inocentes tendrían la seguridad que necesitasen. Eran las dos caras de la misma moneda y el murciélago había decidido y lo haría siempre, quedarse entre las sombras sin importarle que el mundo le apoyase.

— ¿Has visto esa especie de tatuajes? No son tatuajes. Son unas cápsulas, no demasiado grandes, que se incrustan en la piel igual que los tatuajes, pero que tienen otras capacidades muy diferentes. Cuando una persona lo tiene puesto, sus pequeños dientes se adhieren a la piel y del interior de esa cápsula sale un pequeño cable que se entierra gracias al aguijón en que termina dentro del sistema nervioso de su portador —frunció el ceño y aceptó el trozo de zanahoria que estaba llevando a sus labios.

— No me digas más. Eso hace que les pueda lavar el cerebro de alguna forma...

— En realidad, no. Les da una capacidades sobrehumanas que se terminan revirtiendo. El principal problema está en que si no se les quita ese aparato, mueren en setenta y dos horas. Pero si se les quita, si se arranca, también mueren.

— ¿Entonces? —suspiré antes de que Bruce soltase un profundo suspiro.

— No tengo ni idea. Tengo que encontrar una forma de desactivarlas. 

Rise of GothamHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora