Capítulo 28

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Las sensaciones eran completamente distintas en mi cuerpo. Ya no estaba como si tal cosa. Podía notar un aumento considerable en la velocidad a la que mi corazón bombeaba y el chivato de uno de los aparatos a los que estaba conectada, también se lo hacía saber a Bruce quien mantenía el ceño más fruncido aún que antes. Podía observar la preocupación en sus facciones y casi quise echar el tiempo atrás pues no deseaba ser causante de sus malestares.

— Señor...

— Lo sé, Alfred —respondió demasiado deprisa antes de que el mayordomo siquiera hubiese terminado de pronunciar su nombre.

Bruce tenía un ojo puesto en cada una de las pantallas, observando qué tal iban todos los distintos análisis a los que estaba siendo sometida en ese mismo instante. Me había metido en un buen lío. No sabía si llegaría a quitarme aquello que lentamente empezaba a tomar el control de mi cuerpo, de todo mi sistema nervioso, alimentándose de él.

Un pinchazo que me activó y llenó de energía, me hizo cerrar los ojos por el dolor antes de volver a abrirlos percatándome que no estaba en el mismo lugar que tan solo un segundo atrás. Todo se veía de manera diferente. Alrededor de cada objeto parecía haber una especie de aura y temía, en cierta forma, terminar como Dumbo después de emborracharse, viendo elefantes rosas por todas partes.

Me intenté mover, sin embargo, algo me lo impedía. Cuando bajé la mirada observé que mis articulaciones estaban completamente unidas a un objeto metálico que no tenía manera de quitarme y que iba controlándome poco a poco. Mi cuerpo se movía cuando ese ser metálico quería y no cuando yo deseaba hacer. Cerré nuevamente mis ojos en busca de hacer la suficiente fuerza mental como para mandar al diablo a ese ser metálico.

— Selina —la voz de Bruce hizo que volviese a abrir los ojos.

Vi su aterrada expresión. Puso su mano sobre mi mejilla y le observé sin comprender qué le estaba asustando tanto. El dolor era tan palpable que casi lo podía sentir en mi propio cuerpo. Yo era la causante de estar provocando semejante sufrimiento al murciélago y aun así, me permitía seguir viviendo sin nada más que absurdos remordimientos que se irían en el instante en que dejase de pensar. Había un final, era evidente, y aunque tenía más energía que antes y por alguna extraña razón ese pensamiento peregrino que me recordaba lo inevitable, comenzaba a tener menos fuerza cada vez. Casi como si mi cabeza buscase que lo olvidase.

Estaba encontrándome cada vez más nerviosa, con más ganas de moverme y con menos deseos de aguantar cualquier situación estresante sin resolverla. Tenía unos intensos deseos de pelear. Quería ver al murciélago completamente vestido delante de mí y descargar una adrenalina que no sabía que tenía acumulada.

Mi mandíbula se apretó mientras podía sentir el propio salvajismo del animal que me caracterizaba, deslizarse por mis venas en busca de una liberación como si estuviese siendo atacada. Podía notar cada molécula de mi cuerpo tensarse, empezar a apretarse unas con otras, realizando el simple intento de volverme un solo bloque sólido mucho más consistente y duro aunque con la rara necesidad de poder seguir estando tan ágil como siempre.

Intenté moverme, pero no podía. Mis muñecas y mis tobillos estaban agarrados a la camilla donde Batman me había puesto momentos antes para poder trabajar sin problemas. Estaba comenzando a perder el poco control que ya tenía de mi cuerpo y si lo hacía, no sabía qué podía llegar a pasar.

— Selina, tranquilízate —la dulzura de Bruce poco a poco iba desapareciendo hasta que fueron sus propias manos las que intentaron inmovilizarme contra la camilla.

Podía escuchar sus gritos, pero no podía responderle. Lo único que mi cuerpo hacia era bufarle, sacado completamente de su estado humano. Era más un animal que una persona y me dejaba, me permitía olvidarme cada vez más de la Selina humana que habría hecho hasta lo imposible por aguantarse toda esa combinación de emociones que me tenían en una montaña rusa.

Mi cuerpo había dejado de aceptar los límites de fuerza. Si tenía que luchar contra el mismo hierro para liberarme, lo haría. No importaba el malestar que pudiese llegar a sentir después porque no tenía porqué haber un después en el que pensar.

De mi boca solamente escapaban palabras inconexas, ruidos que produciría cualquiera que estuviese perdiendo la razón. Era angustioso. Me sentía tan bien que casi no parecía lógico que una parte de mi ser intentase convencerme que eso no era normal, que eso no estaba mal, que ese no debía ser mi comportamiento en ese momento.

Ya no podía notar el dolor por mucha fuerza que hiciese contra el metal que me mantenía fija en la camilla. Solo quería liberarme y lo haría aunque tuviese que romperme los huesos. Me importaba más bien poco hacerlo de la manera en que Bane lo llevase a cabo.

— Señor, ¿qué hace? —preguntó de pronto Alfred al ver que Bruce había empezado a quitar las ataduras que me mantenían fija.

— Desatarla. Se terminará rompiendo lo que sea si no la libero.

Moví mi cuerpo con la ansiedad que lo haría un sujeto que está teniendo una crisis de cualquier clase y justo en el instante que mis manos fueron liberadas, me incorporé de un salto terminando a cuclillas sobre la camilla antes de pronunciar un maullido de satisfacción. Por fin estaba libre sin nada que me evitase cualquier movimiento.

Batman me observó con el rostro completamente desencajado. Caminó hasta mí y al ver cómo mi espalda se arqueaba igual que la de un gato a punto de atacar antes de recibir el primer golpe, suspiró apoyando una mano en el pecho de Alfred para echarle hacia atrás.

— No intervengas. No sé qué pasará, pero no intervengas.

Alfred le observó comprendiendo la situación antes de que yo misma, alejada de ese cuerpo que ya no me respondía a mí, me observase saltar hacia Bruce dispuesta a arrancarle la piel con mis propias uñas. 

Rise of GothamHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora