ALBA
La relación con Natalia iba viento en popa, aunque seguíamos con la tensión de buscar a un asesino al que sentíamos cada vez más cerca.
Generaba bastante estrés sentir que estábamos cerca de atraparlo, esperando un fallo que sin duda llegaría, pero a su vez también sentía que él estaba cerca de atraparnos, esperando un fallo de nuestra parte.
Ese estrés, en ocasiones se traducía en alguna discusión acalorada con mi jefa, que siempre acababa en sexo salvaje o en besitos y abrazos, dependiendo de la ocasión.
Parecía increíble, pero a pesar de sentir la espada de Damocles sobre mi cabeza, estaba más relajada que nunca y todo se lo debía a que la paz y la estabilidad mental había llegado a la vida de Natalia, y por fin a la mía. Disfrutaba de cada segundo con ella, verla usar cada vez menos el gel, sonreír cuando, durmiendo con ella, se encontraba una manchita de mis babas en el pijama, no enfadarse cuando se tropezaba con mis zapatillas en su habitación, era un avance que no esperaba ver en ella.
Bien era cierto, que aún era reticente a las muestras de afecto en público, y si por descuido se me iba una caricia a su mano, me miraba arqueando una ceja, pero al menos no le salía su famoso tic del ojo derecho.
Ese día, me apetecía llevarla a cenar a casa con mi familia, así que la abordé nada más levantarme.
- Nat... ¿Te he dicho que me caes súper bien?
- Dios... ¿Qué quieres ahora, Pumuki?
- ¿Yo? Yo no quiero nada - respondí fingiendo indignación - sólo me apetecía decirte que me encantas, pero ya me has quitado las ganas, ¡ale!
- Noooo, no hagas eso, Reche, tú también me encantas... es que cuando te pones así, suele ser para decirme algo que no me va a gustar y haces que me ponga en modo protección.
Se acercó a mí con su pijama gris, sobrio, sin una sola arruga, ese pijama que parecía no haber volado por los aires la noche anterior, me rodeó la cintura con su manos, acariciándome la espalda suavemente y me besó con delicadeza, mostrando su manera de disculparse por haber pensado mal de mí, hasta tal punto que los remordimientos aparecieron.
- Bueno Nat... en realidad... sí quería pedirte una cosa - le dije con la cabeza aún apoyada en su pecho.
Me separó de ella con ambas manos y me miró expectante.
- ¿Y me haces sentir mal, sabiendo que yo estaba en lo cierto?
La miré con la sonrisa más inocente que me salió y la abracé de nuevo.
- ¡Jo! Es que me da rabia que me conozcas tan bien en tan poco tiempo, pero sí, tú tenías razón, lo siento, Pepe, ha sido un error, no volverá a ocurrir.
Soltó una carcajada echando la cabeza hacia atrás.
*Madre mía, espero que no se de cuenta del chupetón que le he dejado en el cuello, me va a matar*
- Menuda bola, Alba... eso no te lo crees ni tú... en 10 minutos, me la vuelves a liar, pero a ver, dime qué es lo que quieres.
- Pues... verás... es que he hablado con mi madre, y me ha dicho que vayamos a cenar a su casa hoy, y la verdad es que me apetece mucho.
Sabía que Natalia no era muy de "padres de" y que además mi madre y su forma de hablar no eran lo mejor para su tranquilidad, pero de verdad necesitaba que esa mujer por la que había perdido la cabeza conociese a las dos personas más importantes de mi vida, que además, tenían muchísimas ganas de verla y conocerla mejor.
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I GOT YOUR BACK
FanficNatalia es una Teniente de la Guardia Civil que trabaja en la Unidad de Homicidios del cuerpo. Experimentada y serena, ha entregado su vida por completo a su trabajo y la tiene perfectamente organizada y estructurada. Racional, metódica hasta un pu...
