26.- Le llamo caída libre porque contigo nadie me empujó..

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ALBA

No me había atrevido a contarle a nadie que llevaba desde la noche en la que recobré el conocimiento soñando con la agresión. Eran imágenes difusas, no veía su cara, ni su cuerpo, era una silueta sin rostro, un color verde difuminado y ese maldito reloj de arena. Había estado buscando en internet el posible significado del sueño, el símbolo del reloj, pero no era capaz de descifrar el acertijo, lo que parecía afectarme cada vez más, porque los sueños eran más frecuentes y el último había sido de un realismo brutal. No me gustaba que Natalia me hubiera visto así, si la jefa sentía que debía protegerme cuando todo era un arcoíris, temía que a partir de ahora su afán por mantenerme segura se convirtiese en una pesadilla.

Pero anoche la necesitaba, despertarme con el corazón a mil era algo que me había trastocado por completo y en ese momento, por primera vez desde que todo ocurrió, sentí miedo. Y sabía que la única persona que iba a conseguir apaciguar mi desasosiego era ella. Por alguna extraña razón sólo ella conseguía ahuyentar mis demonios con una simple mirada o una caricia. La necesitaba y ella estaba ahí. Parecía una persona tan inestable que en cuanto se tocase más de la cuenta uno de sus pilares todo se vendría abajo y acabaría desapareciendo, pero lo cierto era que la necesitaba y estaba allí. Natalia era de esa clase de personas, de las que dejan atrás sus miedos, sus traumas, sus tocs, sus planes o sus rutinas si alguien que le importa la necesita. Podría luchar con el mayor de sus monstruos sólo por protegerte, aunque una vez controlada la situación se marchase sin más. Esa era la Natalia Lacunza que estaba descubriendo poco a poco y cada vez me gustaba más.

El resto de la noche había conseguido descansar, sólo sentir la presencia de Natalia a mi lado había calmado mi ansiedad, y por fin, después de varios días, me había sentido segura al cerrar los ojos.

Mir reloj marcaba las 07:57, en dos minutos exactos sonaría el despertador de Natalia que dormía plácidamente a mi lado. Me incorporé ligeramente girándome hacia ella apoyando mi mejilla en la palma de mi mano y observé a la morena que tenía el pelo alborotado, la pierna derecha del pijama subida hasta la rodilla, la pierna izquierda fuera de la cama apoyada en el suelo y entre sus manos, acunada como si de un bebé se tratase, su pistola Beretta.

Era una imagen caótica para sus costumbres, pero a mí, de alguna manera extraña y enfermiza, me causaba muchísima ternura.

- ¿Vas a dejar de mirarme? - Preguntó abriendo el ojo derecho primero y luego el izquierdo - porque llevas así dos minutos y me vas a desgastar.

- Joder Natalia, qué susto - respondí sentándome en la cama con la mano en el pecho - creía que estabas dormida.

- No sé qué seguridad te iba a proporcionar si me duermo durante la noche - respondió ella mirando el reloj esperando a que sonase su alarma - tres, dos, uno.

* Natalia Lacunza, ¿Acabas de hacer la cuenta atrás por una alarma? Madre mía, podría pensar que cada vez estás peor, pero creo que la que está peor soy yo, porque quiero comerte enterita*

La melodía de su Apple watch empezó a sonar, ella detuvo la alarma, sonrió y se levantó dando un salto. Dejó su arma sobre la mesa, bajó la pernera de su pijama y se colocó el pelo pasando su mano por él.

- No me puedo creer esa energía a las ocho de la mañana, si no has dormido nada, Natalia. Esta noche duermo sola, porque no pienso permitir que te de un perrengue por no haber descansado y luego las culpas son para mí.

- La mañana es la mejor parte del día Reche, dependiendo de cómo te levantes, así transcurrirá el resto del día, así que procuro levantarme con energía, haya descansado o no.

- Pues yo tengo mucho sueño - apunté mientras me volvía a tumbar en la cama - ¿Vienes un poquito aquí conmigo?

Di unos golpecitos en el colchón mostrándole una sonrisa cargada de picardía y Natalia sonrió justo antes de resoplar, colocarse el pelo, coger su arma y dirigirse a su habitación.

I GOT YOUR BACKHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora