28.- Si obecedes todas las reglas te perderás toda la diversión.

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ALBA.

Después del "incidente" de la hamaca, Natalia se había ido a trabajar y yo me quedé deseando que aquello no le supusiera un zurriagazo de los suyos y a la vuelta hubiera corrido treinta mil pasos hacia atrás.

Me daba la impresión de que estábamos avanzando, aunque la llegada a escena del tal Carlos le había sentado como una patada voladora en el hígado.

Verla buscar el control, colocando sillas y mesas como si eso fuera la medicina que necesitaba para estar bien, me partía el corazón. No hacía sino preguntarme qué o quién le había hecho tanto daño para llegar a comportarse así.

Necesitaba saberlo, necesitaba conocerla más, quería poder ayudarla de la manera que ella necesitase, aunque luego me pusiera nerviosa y no consiguiera más que hacer el payaso.

Supuse que poder llegar a ella de esa manera me iba a costar muchísimo, pero no iba a dejar de intentarlo, toda ella merecía la pena, cada mala contestación, cada golpe, cada gota de sangre y cada punto de sutura, merecía la pena a su lado.

Esa misma tarde, a las 20:00 horas en punto, según el reloj suizo de mi teniente, había convocado a todo el equipo a una reunión en la sala de trabajo, para presentarnos a la última incorporación.

Había estado sola hasta las 17:00 y me había leído cuarenta veces todos los informes de mis compañeros, había visto fotografías y hasta había revisado las imágenes de las cámaras que nos captaron a Miriam y a mí en nuestro recorrido lujurioso que nos llevó desde el pub hasta su casa.

*Madre mía qué ansias Alba, por Dios, y esto lo ha visto Natalia... qué vergüenza. No me extraña que no quiera nada conmigo, si casi parezco una actriz porno*

Después de ver aquello y apreciar la sombra de alguien que sin duda nos seguía,  estuve cerca de una hora intentando recordar algo, lo más mínimo, que me pudiera llevar a la identificación del asesino, pero fui incapaz de sacar nada en claro. Además, no podía dejar de pensar en que Natalia me había visto restregarme con Miriam como un mono rabioso y que iba a ser imposible convencerla de que no estaba más salida que el pico de un pelícano.

* ¡Mierda, Miriam! !Me cago en la puta!*

Había quedado con ella en hablar por si podía venir a verme ese día y se me había ido el santo al cielo. Necesitaba hablar con ella, pero no quería hacerlo por teléfono. Había ciertas cosas que se tenían que hablar cara a cara por respeto a la otra persona.

Miré el reloj y aún quedaban casi tres horas para que llegasen mis compañeros y mi jefa, así que cogí el teléfono y llamé a Miriam.

- Hola rizos, ¿Qué tal estás?

- Hola Alba, bien, ¿Pero cuéntame, tú que tal? Ya estaba extrañada de no saber de ti.

- Estoy bien, he estado muy liada. Perdona que se me ha ido el santo al cielo y no te he avisado. ¿Te apatece pasar esta tarde por aquí? Tengo libre hasta las siete y media, luego tengo una reunión que no puedo eludir.

- Claro, pero no quiero molestar, si no te viene bien lo dejamos para otro día

- Venga rizos, pásate por aquí que tengo ganas de verte. Además, quiero hablar contigo.

- Oh oooh. Sé lo que significa eso, pulgarcita.

- Bueno, tú ven y ahora lo hablamos. Te invito a una cerveza.

- ¿Cerveza? Tú de eso no gastas,enana, sólo bebes aguachirri.

- Bueno, pero por ti estoy dispuesta a arriesgar mi vida y robarle a María una de esas especiales que saben a lavavajillas.

I GOT YOUR BACKHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora