35.- Respirarte me da la vida.

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NATALIA

A las 03:30 de la mañana de ese día, me había despertado como diecisiete veces y había mirado el teléfono el mismo número, sin haber recibido noticias de Alba. Habían pasado ya dos semanas desde que me pidió espacio y me estaba costando la misma vida dárselo, por lo que había llegado a entender en cierto modo, la ansiedad que sitió Alba durante mi bloqueo tras la llegada de Victoria.

Tomar la decisión de dejar atrás muchos años de mi vida en los que sólo tenía a una persona en quien confiaba al 100% y la única a quien quería sin ningún tipo de reservas, podría haber resultado doloroso y dificilísimo, pero curiosamente, no lo fue y eso me dejaba aún más desconcertada, lo que me había impedido contarle antes a Alba todo lo ocurrido con Victoria.

Creía que mi ofrecimiento le había quedado claro a la rubia, aunque ahora estaba aún más confusa. Después de decirle que Victoria se había marchado a la mañana siguiente de su llegada, me miró a los ojos y sin decir nada, se marchó, por lo que no tenía nada claro que hubiera aceptado mi proposición.

Estaba preparada para soltar lastre por fin, me lo iba a jugar todo a una carta, iba a seguir mis impulsos por última vez y estaba aterrorizada. Es muy duro darse cuenta de que te da pánico dejarte llevar ante algo tan nuevo, ante esas sensaciones que te recorren el cuerpo y no sabes ni identificar, pero más miedo te da la posibilidad de perderlo.

Cogí el teléfono y como por inercia, abrí nuestra conversación de WhatsApp y le escribí.

"- Hola Alba, me imagino que estarás dormida, no te quiero molestar, pero me gustaría saber si has pensado mi propuesta y vas a venir conmigo mañana. Te prometo que va a ser un plan tranquilo, un poco de música, alguna cerveza, cena...sólo dos amigas hablando, contándose cosas de la vida pasada y actual. No es una cita ni nada de eso, sólo buscar un sitio tranquilo para charlar. ¿Qué dices?"

Pasó un minuto en el que Alba seguía sin conexión, me imaginé que tendría que esperar a la mañana siguiente para que lo viese y decidiese si responder o no. Dejé el teléfono sobre la mesita y salí de la habitación para tomar el oxígeno que por momentos sentía que me faltaba.

No fue muy eficaz, porque allí, tumbada en mi hamaca revisando el teléfono, estaba la rubia, que, al oírme entrar, se levantó de golpe.

- Hola -saludé desde la misma entrada a la terraza sin saber muy bien cómo actuar.

- Hola - respondió ella, colocándose la camiseta de la Dama y el Vagabundo y el pantalón de la Bella y la Bestia que llevaba puestos como pijama - no podía dormir, pero ya me voy.

- No tienes que irte, Alba - le pedí acercándome a ella y poniéndome a su altura - este es tu refugio, no huyas de él. No huyas de mí.

El corazón se sacudía con fuerza en mi pecho y había dejado de sentir el oxígeno circular por mis pulmones. Alba respiraba aceleradamente y podía sentir su tensión a punto de estallar en cualquier momento.

- Tranquila, ¿vale? - intenté calmarla acariciando su mejilla con el dorso de mi mano - sólo soy yo, estoy aquí, he vuelto.

Cerró los ojos y recostó su mejilla sobre mi mano exhalando el aire que había contenido de la misma manera en que lo había hecho yo.

- Te he echado de menos - acertó a decir casi como un suspiro.

- Yo a ti también, Alba, más de lo que eres capaz de imaginar - le respondí colocándole el flequillo que le caía sobre esos ojos color miel que me hipnotizaban a diario.

- Mi respuesta es sí - soltó sin más, aún sin abrir los ojos - mañana iré a hablar contigo y que esa conversación nos lleve donde nos tenga que llevar. Ahora me voy a mi habitación, te dejo si quieres tu sitio.

I GOT YOUR BACKHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora