23.- Las oportunidades son como los amaneceres, si esperas mucho,te los pierdes

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NATALIA

Dos días antes.

Después de preguntar en recepción la habitación en la que se encontraba Alba, me informaron que estaba en observación en la sexta planta, así que me dirigí hacia allí sin más demora. Pasé por alto el ascensor, que en un hospital es un nido de gérmenes y bacterias y subí corriendo los escalones de dos en dos.

Cuando llegué arriba, busqué frenética la sala de espera de la sección de observación, mientras trataba de recuperar el aliento.

Enseguida localicé a Julia que paseaba nerviosa por la sala, y sentados y cabizbajos, Sabela sostenía la mano de María, que estaba desconsolada, una señora rubia, que sujetaba su otra mano, Damion y varias personas más sentadas a la espera de información sobre sus familiares.

- Julia, cuéntame novedades, por favor - le pedí a mi compañera que se había acercado a mí en cuanto me vio aparecer por la puerta.

- Hola Nat, tranquila ¿Vale? nos han dicho que tiene un golpe fuerte en la cabeza, le han tenido que poner bastantes grapas y después de hacerle un tac, han visto que no hay hemorragia interna ni inflamación, así que, en teoría, es cuestión de horas que se despierte. Tiene una quemadura en el hombro derecho, es el símbolo infinito - se me heló la sangre y sólo acerté a frotarme la cara con las manos. Julia, me alejó del resto de personas que estaba en la sala de espera - La que está sentada con María es la madre de Alba, quiere conocerte.

Todavía estaba intentando asimilar las noticias que acababa de recibir, miré por encima de los hombros de Julia y vi a aquella mujer rubia y guapa con unos ojos preciosos cargados de tristeza y preocupación, que hablaba con María y le acariciaba la cara como si fuera ella la que necesitase consuelo y calma. Sonreí al descubrir de quién había sacado Alba su carácter y su físico.

- Vale - respiré hondo - conozcamos a esa mujer.

Me acerqué a los asientos y les lancé una mirada asesina a María y Damion.

- Ya hablaremos después nosotros tres - amenacé enfadada.

- A sus órdenes - respondieron ambos a la vez, reflejando culpabilidad en sus rostros.

- ¡Hola! - una voz nueva para mí, interrumpió la mirada asesina que dirigía a mis compañeros.

Me giré hacia el lugar de donde venía la voz y vi a esa mujer que ya se había puesto de pie y debía medir lo mismo que su hija, metro y medio más o menos.

- Rafi ven, esta es la Teniente Lacunza, la jefa de Alba y mi jefa - nos presentó María, que aún no se atrevía a mirarme a los ojos.

Extendí la mano con el fin de que aquella mujer la estrechase, pero para mi disgusto, vi cómo se acercaba con paso firme y decidido a tirarse en plancha sobre mí, tal y como hizo su hija el día que la conocí.

Di un par de pasos hacia atrás con la mano estirada, pero la mujercilla corría como un demonio, y sólo me dio tiempo a ver como apartaba mi mano de un manotazo y se enganchaba a mí como un panda a un bambú. Me abrazó tan fuerte que no sabía si me estaba costando respirar por la intensidad del abrazo o por el hecho de que una absoluta desconocida me estuviera rodeando la cintura con ambas manos y apoyase su cara en mi pecho. No sabía muy bien qué hacer o cómo reaccionar, así que lo único que me salió fue darle unos toquecitos en la cabeza con la palma de la mano en señal de consuelo, levantó la mirada y debió ver mi expresión de pánico porque me soltó.

- Hola Natalia, perdona por el entusiasmo, es que Alba te admira mucho, no para de hablar de ti, y siento que te conozco ¿Sabes? Dice que eres muy inteligente y trabajadora, que siempre apoyas a tus subordinados y que está muy feliz de trabajar bajo tu mando. Estoy muy preocupada ¿Crees que ha sido el asesino? ¿Crees que intentará ir a por ella de nuevo? ¿Por qué crees que ha ido a por mi hija? Mira que se lo dije, que no se metiese a la Guardia Civil, que podía optar a otras carreras más seguras, pero ella, no, mamá, yo quiero ser Guardia Civil, ya he estudiado dos carreras, ahora quiero ayudar a la gente, quiero proteger a quienes no pueden por sí solos, quiero sentir que cuando acabe mi vida, habré hecho algo bueno por los demás, aunque suponga ponerla en peligro. Su padre estaría muy orgulloso, ojalá la vea allá donde esté, pero su hermana y yo siempre tenemos miedo, no para de meterse en líos ¡Ay qué hija mía esta! Siempre con esas cosas. Y bien que iba a poner su vida en peligro, casi la mata, y a ver cuándo se despierta, porque se despertará ¿Verdad? ¿Verdad, Natalia?

I GOT YOUR BACKHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora