25.- Tu voz es el cielo para el pájaro que no ve.

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NATALIA.

Cuando entré en el cuarto de baño con las manos totalmente cubiertas por la sangre de Alba, sentí cómo el corazón se me aceleraba por momentos. Comprobé que había cerrado la puerta tres veces y empecé a lavarme las manos compulsivamente. Ver la sangre diluirse con el agua mientras se escapaba por el desagüe me estaba revolviendo el estómago y ni siquiera sabía por qué, ya que había visto escenarios de todo tipo muchísimo más escabrosos que unas gotas de sangre, pero en ese momento, ver la de Alba en contacto con mi piel, no me estaba yendo nada bien.

Dediqué unos minutos a frotar y enjuagar mis manos exhaustivamente, mientras intentaba mantener la respiración a un ritmo constante para contener la ansiedad que me había generado la situación. Tenía clarísimo que tenía que salir calmada y tranquila, que ella no me podía ver como un ser débil que perdía en control con tanta facilidad. Me sequé bien, me coloqué la ropa, me arreglé el pelo y salí con toda la dignidad que pude justo después de inspirar profundamente.

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"...Quiero empezarlo contigo, pero tú no te enteras de nada"

Lo soltó sin más, como todo lo que hacía o decía ella, sin ningún tipo de anestesia, ni preparación de ninguna clase.

- Pero... pero, ¿empezar qué? ¿cómo? No sé qué quieres decir, Alba... yo no puedo empezar nada... no sé a qué te refieres... tú... con... con Miriam...yo...

Di varios pasos atrás, no entendía a qué había venido eso, ella estaba con Miriam ¿no? O al menos hacía poco tiempo que había estado con ella.

- Estás confusa Alba - continué sintiendo la falta de oxígeno en mis pulmones - el golpe de la cabeza...

- ¡¿Qué golpe de la cabeza ni qué historias Natalia?! - me cortó la rubia que se acaba de echar las manos, todavía ensangrentadas, a la cara y se las frotaba con frustración - ¡que no te he pedido que te cases conmigo, joder!

En ese momento entraron dos enfermeras que habían llegado a atender el aviso.

- Madre mía, Alba, ¿Cómo te las has apañado para sacarte la vía de esta manera? -preguntó una de ellas mientras le ponía una gasa y comenzaba a limpiarle las manos.

- Tu madre nos avisó de que eras un poco torpe - apuntó la segunda - pero esperábamos que estuviese bromeando.

Alba se rio mientras me miraba de reojo.

- Bueno, mi madre seguramente se ha quedado corta - bromeó la rubia - ¿Sabéis qué pasa? Que soy una kamikaze y suelo ir en barrena hacia las cosas que sé que son imposibles... y así me va - añadió mirándome de reojo con una sonrisa frustrada.

- Bueno, yo voy a esperar fuera y así hago unas llamadas mientras la preparáis - me excusé intentando huir de la situación.

Me avergoncé de ello, pero sí, quería escapar porque me sentía cada vez más cerca del colapso.

Salí de su habitación y me encontré con Julia que llegaba caminando por el pasillo.

- Madre mía ¿Qué te pasa que parece que acabas de correr una maratón? - preguntó la gaditana preocupada por mi expresión de pánico.

- Cállate Julia, que te va a oír - respondí susurrando mientras la alejaba de la puerta de la habitación empujándola hacia el pasillo - me ha dicho que quiere empezar algo conmigo... no sé qué quiere decir eso... no entiendo, ¿algo de qué? Si no nos llevamos bien, si ha estado con Miriam hace cuatro días... He petado Julia y he hecho el ridículo.

I GOT YOUR BACKHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora