33.- Quiéreme cuando menos lo merezca, será cuando más lo necesite

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NATALIA

Victoria estaba allí, sentada en la puerta de mi habitación y yo besando a Alba.

Mis dos mundos acababan de chocar justo cuando por fin parecía que empezaba a ver la luz.

Victoria estaba allí, y me había sonreído como solía hacerlo hace años, y me había bloqueado por completo.

*Alba... Victoria...*

Mis pensamientos se amontonaban en mi cabeza golpeándose entre sí, y yo no era capaz de ordenarlos por más que intentaba desenredar la maraña que se había formado ahí dentro.

*¿Pero qué haces aquí? ¿Cómo me has encontrado? ¿Qué quieres después de tanto tiempo?*

Mil preguntas que quería hacerle y no era capaz de pronunciar ni una sola palabra. Estaba paralizada, el corazón me golpeaba con fuerza el pecho, me costaba respirar y era incapaz de mover ni una sola articulación.

Y Alba... Alba era un ser de luz que iba a pagar las consecuencias de mi incapacidad para lidiar con ciertas cosas, pero ahora mismo no podía explicarle nada a ella. Verla recorrer aquel pasillo alejándose de mí me partió el alma, pero ahora mismo todo me había estallado en la cara y tenía que hacer control de daños.

- Nat... Nati... - intentó sacarme del shock - ven, habla conmigo.

Volví a mirarla a la cara, volver a oír su voz pareció sacarme de ese letargo en el que me había sumido al reencontrarme con un fantasma del pasado.

- ¿Qué haces aquí, Victoria? ¿Cómo has sabido dónde estaba? ¿Cómo te has saltado la seguridad del hotel? ¿Qué buscas?¿Qué quieres?

Todas las preguntas que habían estado en mi cabeza, salieron por fin por mi boca sin control. Sentía aparecer el tic de mi ojo derecho, recurrente cuando algo me empezaba a llevar al límite.

- Nati, tranquila, ven a mi habitación y te lo explico - respondió ella hablándome de esa manera que me tranquilizaba como nadie lo hacía hasta que apareció Alba.

- ¿Tu habitación? ¿Pero cuándo has venido? - le pregunté a punto de colapsar - no, ven vamos a la mía que está aquí mismo y hablamos en la salita, no quiero que nos oiga el resto de clientes del hotel.

- Vale - respondió apartándose de la puerta para que abriese, sonriéndome satisfecha.

- No me sonrías así, eso ya no te vale conmigo - le reproché abriendo la puerta y entrando por delante de ella que sonrió de nuevo.

Nos quedamos de pie en medio de la salita, esperando a ver quién de las dos hablaba. Evidentemente, no iba a ser yo, al fin y al cabo, era ella quien había aparecido de la nada.

- ¿Bueno, a qué has venido? - le pregunté sin más rodeos, demostrándome de nuevo a mí misma que no tenía ninguna voluntad cuando de Victoria se trataba.

Respiró profundamente, me miró a los ojos y lo soltó.

- He venido a recuperarte - afirmó con una seguridad que me sacó de quicio.

- ¿Después de cuatro años? Apareces ahora de la nada después de cuatro años sin saber absolutamente nada de ti, ¿y tienes la desfachatez de decirme que vienes a recuperarme? - respondí caminando como un pollo sin cabeza a un lado y otro de la sala.

- Sí, claro que te lo digo, porque es la verdad. Sabes que somos la una para la otra, sabes que nos complementamos a la perfección, sabes que nadie te entiende como te entiendo yo - se acercó a mí y me acarició el brazo.

Por un momento, su contacto me distrajo de lo que sentía por ella, del recuerdo del dolor y el sufrimiento que me había infligido y de la profunda decepción que había causado su marcha.

I GOT YOUR BACKHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora