8.-La mejor venganza es no ser como tu enemigo.

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ALBA

Después de la reunión, en la que estuvimos estudiando de nuevo el caso e instalando los portátiles, impresoras y todo el equipo para la investigación, bajamos a comer al restaurante del hotel.

El sitio era impresionante, no me esperaba el despliegue económico que se había hecho para que cuatro mujeres se encargasen de la investigación, cuando nos podrían haber metido en un hostal mugriento y habernos hecho mendigar ordenadores y salas en la central para que pudiéramos trabajar allí, pero en cualquier caso, no iba a ser yo quien se quejase de aquello. 

La Teniente nos había contado que había acordado con la dirección del hotel que las habitaciones y la sala de juntas solo fueran limpiadas por dos personas y que fueran siempre las mismas. Había advertido asimismo, que había instalado unas cámaras en la sala de reuniones que era nuestro cuartel general, para controlar el material de trabajo que había en ella y así tener controlado que nadie manipulase los equipos. A esas imágenes sólo tenía acceso ella y las cámaras sólo estaban activadas mientras no estábamos en el recinto.

Según hablaba y nos contaba como lo había organizado todo, me iba dando cuenta de la magnitud que alcanzaba la obsesión por el control de aquella mujer. Se veía claramente que era algo que le obsesionaba hasta un punto enfermizo, no había detalle que se le pasara, comprobaba cada cerradura, cada puerta y cada ventana cada vez que salíamos de allí.

Cuando salimos de la sala de juntas, me fijé en que comprobó que la puerta estaba cerrada en tres ocasiones, creo que pude oírla decir de manera muy tenue "cerrado, cerrado, cerrado", mientras empujaba el picaporte de la puerta con energía. Julia y Sabela ni se inmutaron, pero a mí me generó cierto miedo ese tipo de toc obsesivo compulsivo. Había conocido a gente con manías, algunos tocs leves, pero nunca a nadie que llegase a ese nivel. Llegué a pensar que tal vez ese comportamiento pusiera más trabas a la investigación de lo que podría ayudar, pero bueno, tampoco la conocía bien y su fama le precedía, así que me dejaría llevar y guiar por ella.

Cuando entramos a la zona del restaurante, Natalia habló con el recepcionista y le pidió la mesa que había reservado que estaba situada junto a un gran ventanal con vistas a una zona ajardinada preciosa.

- Claro, señorita Lacunza - sonrió amable el maître mientras la guiaba apoyando su mano en su espalda - síganme si son tan amables.

- No me toque por favor - solicitó de manera seca mi teniente mirándole visiblemente molesta - puedo seguirle sin necesidad de contacto físico.

- Oh, disculpe, señorita - respondió el hombre avergonzado - no era mi intención incomodarla, no volverá a ocurrir.

- No se preocupe, no pasa nada, pero no lo vuelva a hacer, por favor.

Miré estupefacta a Sabela y Julia que se miraron sonriendo, Julia a su vez me miró a mí y se encogió de hombros, supuse que no era la primera vez que ocurría algo así y que ya estaban más que acostumbradas a esas actitudes de la jefa.

Una vez acomodadas en la mesa en la que estábamos Sabela y yo, y en frente Julia y Natalia respectivamente, la morena se levantó con una calma pasmosa, y nos informó que se iba al servicio.

- Voy a lavarme las manos, enseguida vuelvo, si viene el camarero que espere un momento, por favor.

En cuanto se levantó me dirigí a mis compañeras susurrando y agachando la cabeza como buscando un poco más de intimidad en la mesa.

- ¿Qué le pasa? Qué tía más borde, me ha dado pena del maître.

- No le pasa nada - respondió Julia a la defensiva - no le gusta que la toquen, no es nada malo, es solo su forma de ser. No le gusta el contacto físico, sin más, le incomoda tocar o que la toquen extraños, pero una vez que la conoces se suelta.

I GOT YOUR BACKHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora